Una joya escondida en el centro de Praga

14-10-2017

El Convento de Santa Inés (Anežský klášter) es uno de los primeros monumentos góticos transcendentales de la República Checa. Conozcan con Radio Praga su turbulenta historia, la vida de sus inquilinos, y sus atractivos turísticos.

El Convento de Santa Inés, Praga, foto:  Dominika BernáthováEl Convento de Santa Inés, Praga, foto: Dominika Bernáthová El Convento de Santa Inés fue construido en el siglo XIII en el barrio praguense de Na Františku, situado en la orilla derecha del río Moldava. El extenso recinto lleva el nombre de su fundadora, Inés de Bohemia, princesa del linaje de los Premislitas y una de las grandes figuras de la vida espiritual europea, beatificada en 1989. El convento nació como el fruto de una importante decisión, según explica el historiador David Beitl.

“En aquella época las mujeres eran más bien piezas de ajedrez de la política de sus padres. En el caso de Inés de Bohemia se pactaron matrimonios con varios aristocráticos, pero nunca se llegaron a consumar. Tras la muerte de su padre, Inés decidió permanecer soltera y vivir en la pobreza total”.

El Convento de Santa Inés, Praga, foto:  Dominika BernáthováEl Convento de Santa Inés, Praga, foto: Dominika Bernáthová Con este modo de vida, la princesa seguía las reglas de la Orden Franciscana, fundada en 1209 por San Francisco de Asís, cuyo pensamiento se difundió por todo el Viejo Continente. Mientras que en la Península de los Apeninos la profesaban especialmente los creyentes pobres, en el resto del continente obedecían sus reglas más bien personas de clases altas, como Santa Inés. Con la condición de una estricta vida en pobreza, la orden religiosa reaccionaba a una época marcada por grandes cambios revolucionarios, aproxima Beitl.

“Era una época dinámica con grandes transformaciones. En esencia, era comparable con la actualidad, aunque no electrónica sino económica. Esta situación causó importantes cambios sociales. Se fundaban ciudades nuevas y nacía una nueva clase social burguesa, con lo cual llegaron nuevos problemas a los que la gente reaccionaba con rebeliones, sublevándose hasta contra la Iglesia”.

Uno de los primeros conventos urbanos

Alrededor del 1230, Inés de Bohemia fundó en la Ciudad Vieja de Praga el Convento de San Francisco, que fue el primer convento de Hermanas Clarisas fundado más allá de Los Alpes. Mientras que los monasterios anteriores se situaban generalmente en las afueras de las ciudades,en el siglo XIII crecían en los centros urbanos, explica Bietl.

David Bietl, foto: Dominika BernáthováDavid Bietl, foto: Dominika Bernáthová “Las ordenes mendicantes consideraron importante ayudar a la gente en lugar de su vivienda. Por este motivo fundaban sus conventos en barrios pobres, como el barrio Na Františku. Inés de Bohemia fundó el convento con la ayuda de su hermano Venceslao I, con quien mantenía una excelente relación”.

Antes de fundar el convento, Inés de Bohemia estableció en el barrio de Na Františku un hospital. Respetando las reglas de la Orden Franciscana, se deshizo de todas las propiedades. El hospital pasó a la administración de los Canónigos de la Santa Cruz de la Estrella Roja, orden de origen checo.

El primer edificio del nuevo convento fue la Iglesia de San Francisco, de la que se han conservado solamente unos elementos. David Beitl explica las curiosidades arquitectónicas de esta obra gótica.

El Convento de Santa Inés, Praga, foto:  Dominika BernáthováEl Convento de Santa Inés, Praga, foto: Dominika Bernáthová“En virtud de que la nueva orden aún estaba en busca de imagen propia, sus monasterios se inspiraban en la arquitectura cisterciense. Aunque en el caso de la Iglesia de San Francisco no tanto, ya que su obra es asimétrica. Las iglesias tenían habitualmente tres naves, pero esta tenía dos, y además de diferentes tamaños. Esto se debía a que las Hermanas Clarisas no podían tener contacto con el público. Para que pudieran asistir a las misas al menos indirectamente, se construyó una tribuna especial que provocó la asimetría del inmueble”.

El segundo edificio más antiguo del recinto es el convento, con unas dimensiones poco habituales para aquella época, explica el historiador.

“Era monumental y junto con la iglesia se podía equiparar con el Castillo de Praga. Dentro del convento estaba la Sala de Capitolio, el refectorio y el dormitorio. Aunque las Hermanas Clarisas eran en su mayoría damas de clases sociales altas, dormían sobre paja. Las reglas del convento eran muy estrictas”.

El monasterio destaca por otra particularidad: era un convento doble, compartido por las Hermanas Clarisas y los Hermanos Franciscanos quienes profesaban un pensamiento similar. David Beitl explica el motivo de esta inusual vecindad.

El Convento de Santa Inés, Praga, foto:  Dominika BernáthováEl Convento de Santa Inés, Praga, foto: Dominika Bernáthová “Las Hermanas Clarisas no podían mantener contacto con nadie de fuera, pero necesitaban abastecimiento de comida y material para trabajar. De esto se encargaban los Hermanos Franciscanos. Este fue el motivo que llevó a construir un monasterio doble”.

Una de las mayores joyas del recinto es la Iglesia de San Salvador, cuyos cimientos fueron impulsados por el sobrino de Inés de Bohemia, Otakar II de Bohemia, justo un día después de su coronación: el 25 de diciembre de 1261. Su idea fue convertir el templo en el mausoleo del linaje real de los Premislitas.

De convento a residencia de baja renta

En 1557 el monasterio fue traspasado a la Orden Dominica, que vendió parte de sus terrenos a los burgueses para no tener que mantener un recinto tan extenso. Así surgió el barrio Na Františku. Uno de los grandes hitos de la historia del monasterio llegó en 1689. Entonces casi toda la Ciudad Vieja acabó en llamas, provocadas por unos agentes franceses en la calle Kaprova, en el marco de su estrategia de destruir “la Europa antifrancesa” durante el gobierno del rey Luis XIV de Francia.

El Convento de Santa Inés, Praga, foto:  Dominika BernáthováEl Convento de Santa Inés, Praga, foto: Dominika Bernáthová Otro hito llegó en el siglo XVIII con el gobierno de José II de Habsburgo, aproxima el historiador.

“Empezó a cerrar monasterios porque consideraba su existencia inútil. En 1782 las Hermanas Clarisas se fueron y el monasterio fue comprado por varios ciudadanos locales. Lo convirtieron en viviendas de baja renta. Con el fin de que entrara el mayor número de inquilinos, recortaron algunos pilares de la bóveda para construir otra planta. Esto provocó el pronto fin del monasterio”.

El edificio fue deteriorándose y otro golpe llegó en 1890 con unas fuertes inundaciones, prosigue Beitl.

“Las inundaciones tuvieron tal fuerza que derrumbaron tres pilares del Puente de Carlos, era invierno y el hielo provocó enormes daños. No sólo el barrio Na Františku acabó devastado sino también el barrio vecino Josefov y toda la ribera. Los concejales empezaron a dudar sobre la sostenibilidad del barrio y tomaron la decisión de realizar un saneamiento ambiental de los barrios Na Františku y Josefov”.

Salvado ante el derrumbe

El Convento de Santa Inés, Praga, foto:  Dominika BernáthováEl Convento de Santa Inés, Praga, foto: Dominika Bernáthová Originalmente se planeó derribar todo el barrio y construir edificios modernos. Contra esta propuesta se opuso el Club por la Praga Vieja y la recién nacida Asociación para la Protección del Convento de Santa Inés, quienes lograron excluirlo del proyecto de saneamiento que resultó ser uno de los más extensos de Europa.

El Convento está bajo la administración de la Galería Nacional que ofrece en sus interiores la exposición permanente 'El Arte Medieval de Chequia y Europa 1200-1550'.

En 2016 se abrieron al público los extensos jardines del convento que invitan a admirar más de veinte instalaciones escultóricas de artistas checos contemporáneos. Al mismo tiempo se inauguró la muestra que ofrece más de 800 artefactos procedentes del lapidario y los recorridos guiados cuentan con un una ruta para niños.

14-10-2017