La historia criminal de Chequia en el Museo de la Policía

13-03-2010

Los checos son amantes de las novelas y series policíacas. Quién no conoce el ‘Perro de los Baskerville’, las historias de Agatha Christie o los éxitos checos de la pequeña pantalla, como ‘La Gente Pecadora de la Ciudad de Praga’, ‘La Aventura de la Ciencia Criminal’ o ‘El Comandante Zeman’. ¿Pero cómo es el crimen en realidad? Se lo muestran en el Museo de la Policía de la República Checa, en Praga, que visitaremos en esta edición de Radioviajes.

Entre los años Al pie del puente de Nusle de Praga, en la zona que lleva el nombre Karlov, oculta ante los ojos de los transeúntes, se alza la iglesia de la Virgen María y San Carlos el Grande. En 1351 la fundó el rey checo y posterior emperador romano-germánico Carlos IV, según el modelo de la basílica octogonal de Aquisgrán donde está enterrado Carlomagno. Al lado el monarca hizo construir un monasterio para la orden de los agustinianos.

Más de 400 años después la orden fue eliminada por el emperador austríaco José II y sus propiedades recayeron en el Estado. En el monasterio fue ubicado un almacén fiscal y desde 1791 un hospital para los pacientes con enfermedades contagiosas.

Entre los años 1914 y 1918 el edificio sirvió como un centro para los convalecientes de guerra y más tarde otra vez como hospital. A mediados del siglo XX el antiguo monasterio pasó a manos del Ministerio del Interior, que en 1965 estableció en el edificio el Museo de la Guardia Fronteriza, según cuenta Václav Rutar, guía del museo.

“Entre los años 1972 y 1975 surgió aquí el Museo del Cuerpo de Seguridad Nacional (SNB), que además de documentar la historia servía a la propaganda comunista. En 1990 este museo fue eliminado y lo sustituyó inmediatamente el Museo de la Policía de la República Checa, gracias a lo cual las colecciones se mantuvieron intactas”.

El Museo de la Policía se dedica a la historia de los cuerpos de seguridad en territorio checo desde el año 1918. En la época de entreguerras, durante la primera República Checoslovaca, existían la Gendarmería y la Guardia Uniformada de la Seguridad, llamada simplemente Policía.

La diferencia consistía en que la Guardia Uniformada de la Seguridad operaba en alrededor de 20 ciudades grandes, mientras que los gendarmes tenían a su cargo las ciudades más pequeñas y las aldeas, explica Václav Rutar.

“Los gendarmes vestían uniformes de color verde oscuro. Por su parte, los policías tenían casacas azul oscuras y pantalones negros. Los efectivos de los dos cuerpos andaban armados con un sable, un rifle y una pistola”.

El sable desapareció del armamento de la policía en 1942 tras el atentado contra el protector del Tercer Reich en Bohemia y Moravia, Reinhard Heydrich. Se cuenta que cierto policía se excusaba que no había podido intervenir contra los autores del atentado porque tropezó con el sable, y por eso los sables fueron prohibidos.

En mayo de 1945 los cuerpos de seguridad participaron activamente en la liberación del país de los nazis. En esa época fue establecido el Cuerpo de la Seguridad Nacional, conocido bajo la sigla SNB, pero surgió también una unidad especial, el Destacamento de Emergencia Primero de la Seguridad Nacional, que servía sobre todo en la frontera, según explica Václav Rutar.

“Los miembros de este destacamento llevaban uniformes de trofeo, es decir casacas y zapatos de los soldados alemanes vencidos. Igual fue en el caso del armamento, los checos usaban armas alemanas e italianas. Además estaban armados con metralletas soviéticas, pero éstas ya no eran un trofeo, sino una donación. Las unidades de seguridad checas recibieron mil metralletas del mariscal Konev”.

Las mujeres entraron en los cuerpos de seguridad checos por primera vez alrededor del año 1948. Se desempeñaron no solamente como enfermeras como antes, sino que ocuparon los mismos cargos que los hombres.

Una parte del Cuerpo de la Seguridad Nacional era la policía política comunista. En las vitrinas del Museo de la Policía recuerdan la Seguridad del Estado algunos de los aparatos técnicos que usaba, apunta Václav Rutar.

“Quizá los más interesantes son los aparatos ocultos en los objetos de uso cotidiano. Es decir cámaras fotográficas en un encendedor o un aparato de intercepción instalado en un cepillo para el suelo. Exponemos también una cámara instalada en un estuche para la pipa, así como una cámara con un objetivo largo destinada a sacar fotos a través de un muro. Con frecuencia los aparatos de escucha estaban ubicados en radiorreceptores”.

Uno de los mayores atractivos del Museo de la Policía es la colección auténtica dedicada a la historia de la investigación criminal en las tierras checas. El caso criminal más famoso de la Primera República fue el asesinato de Otýlie Vranská. En otoño de 1933 se encontraron dos maletas con un cuerpo descuartizado de una mujer, cuenta Václav Rutar.

“El asesino envió las maletas desde Praga a Eslovaquia, a Košice y Bratislava. Lo interesante en este caso es que el autor del crimen nunca ha sido descubierto. A pesar de que el asesinato se produjo en 1933, todavía en 1967 las comisarías recibían denuncias. El texto de las cartas era casi idéntico. Primero se recrimina a la policía por su incapacidad y en la siguiente línea se señala el autor del crimen”.

En el Museo de la Policía se pueden ver no solamente los originales de las cartas delatoras, sino también las dos maletas en las que fue envuelto el cuerpo de la pobre Otýlie Vranská.

Un tema popular de la literatura y de las películas de los años 30 era el robo de cajas fuertes. Durante la búsqueda de los ladrones fue desarrollado un nuevo método de investigación: la mecanoscopía. Un examen técnico permite a los policías vincular las huellas en la caja vaciada con el instrumento que fue utilizado en el robo, explica Václav Rutar.

“La mecanoscopía surgió en territorio checo antes de la Segunda Guerra Mundial gracias al señor Havlíček, pero cabe mencionar que en aquella época la policía conocía a su gente. Cada uno de los criminales tenía su técnica especial de cómo abrir cajas fuertes. Cuando los policías llegaban al lugar del delito reconocían casi siempre quién lo había hecho”.

El ladrón de cajas fuertes más aplicado era un tal Koudela, prosigue Václav Rutar.

“Tenía pensadas sus actividades criminales hasta el último detalle. Se sometió por ejemplo a una operación plástica de dientes para cambiarse la cara. Exponemos tres fotografías donde está captado en distintos períodos de su vida, y resulta irreconocible. En una se parece al actor estadounidense Tom Hanks, ¿verdad?”.

Entre las curiosidades expuestas en el Museo de la Policía figuran instrumentos que servían para fingir delitos. Por ejemplo unas tenacillas de madera con clavos que debían representar los dientes de un perro.

Un extorsionista se infligió con este instrumento un mordisco y luego se fue a buscar una persona que paseaba su perro. Le mostró la herida y exigió una indemnización. El dueño del perro prefirió pagar para no tener problemas con la policía.

Efectivamente, las exposiciones del Museo de la Policía dan una impresión realista. Especialmente la instalación que representa un apartamento tras un robo.

Esperamos que ustedes amigos no tuvieran en casa este tipo de visita no invitada y que su aparato de radio permanezca en su lugar para que puedan seguir escuchando nuestra programación.

Foto: Martina Schneibergová

13-03-2010