Dolní Vítkovice, patrimonio industrial europeo

En diciembre se cumplieron 190 años de la fundación de Dolní Vítkovice, un singular recinto de arquitectura industrial que es el símbolo de la ciudad de Ostrava y el primer monumento checo inscrito en la Lista del Patrimonio Cultural Europeo.

En 2015, el área industrial de Dolní Vítkovice se convirtió en el destino no capitalino más concurrido de la República Checa, posicionado detrás del Castillo de Praga, la Torre de Petřín y el zoológico de Praga.

La singularidad del recinto de Dolní Vítkovice consiste en su larga continuidad de fabricación de hierro crudo, explotación de carbón y coquización. Este potencial se aprovecha en la actualidad para fines educativos.

La idea de fundar una planta siderúrgica nació el 9 de diciembre de 1828 gracias al archiduque Rodolfo de Austria, arzobispo de Olomouc. Dos años después, Dolní Vítkovice presumió del único horno de pudelaje en todo el Imperio Austrohúngaro que permitía refinar hierro de una forma avanzada.

Una adquisición de los Rothschild

Después de la muerte del fundador, los herederos pusieron el recinto en venta. El banquero vienés Salomón Meyer Rothschild mostró interés, pero su origen judío no le permitía emprender en este sector. Finalmente, el arzobispado compró el área y se lo rentó a la familia Rothschildt, unos de los banqueros más importantes del Viejo Continente que contribuyeron significativamente a la industrialización de Europa, además de apoyar la construcción de una extensa red de ferrocarriles o del Canal de Suez. Bajo su administración, Dolní Vítkovice se convirtió en una empresa próspera, afirma el guía Miloslav Vojtášek.

Vítkovice, foto: CzechTourismVítkovice, foto: CzechTourism “Cuando la familia Rothschild adquirió en 1843 el recinto industrial, tuvieron mucha suerte, ya que encontraron yacimientos de carbón aproximadamente a 150 metros de la fábrica de acero. En un espacio reducido de 12 hectáreas se concentraba carbón y elaboración de coque y hierro, además de una planta de producción de artefactos como carriles y placas para barcos ultramarinos”.

A la extensión de la producción favoreció también la instalación de un alto horno que fue puesto en marcha en 1836. La base del horno actual, instalado siete décadas después del primero, representa la parte más antigua del recinto, apunta Vojtášek.

“La base del horno proviene de 1911 y encima de ella se levantan hornos nuevos. No tienen mucho tiempo de vida útil, aguantan entre 12 y 15 años. Después se realiza una reparación general que consiste en el desmontaje completo del horno entero que se reemplaza con uno nuevo”.

En 1843, la familia Rothschild finalmente consiguió permiso para realizar la compra de Dolní Vítkovice que florecía gracias al auge de la construcción de ferrocarriles a lo largo del globo. Los años sesenta del siglo XIX estuvieron marcados por una crisis económica que impulsó a los Rothschild a asociarse con los hermanos Gutmann, emprendedores mineros, quienes se encargaron de la administración de Dolní Vítkovice. En 1873, el recinto silesiano representaba una de las empresas industriales más importantes del Viejo Continente.

Un sistema social sin precedentes

Con la llegada de Paul Kupelwieser como director general de la empresa en 1876, Dolní Vítkovice ofrecía uno de los empleos socialmente más avanzados, apunta el guía.

“Kupelwieser era ciudadano austríaco, hijo del pintor de la corte imperial, y empezó a dirigir Dolní Vítkovice durante la crisis económica cuando el recinto industrial no tenía muy buenas perspectivas. Kupelwieser presentó un proyecto para cambiar la situación. Convenció a los propietarios de que cuidaran más a sus empleados, creó un programa social y construyó un área completamente nueva”.

Paul Kupelwieser, foto: public domainPaul Kupelwieser, foto: public domain El número de empleados aumentó de centenares a más de 10 000. El pueblo se convirtió en una ciudad industrial moderna con casas adosadas para familias, edificios para funcionarios y albergues para solteros. De esta época data asimismo el ayuntamiento, la iglesia, dos escuelas, una guardería y un mercado. Paul Kupelwieser tuvo todavía más mérito en el bienestar de los empleados, prosigue Vojtášek.

“Mandó remodelar el hospital de Vítkovice, garantizó el seguro médico y social para todos los empleados, quienes gozaban de atención médica gratuita así como de pensiones de jubilación. Las viudas obtenían vivienda de por vida para que no acabaran debajo de un puente. En aquella época, esto representaba casi una revolución”.

Tras un conflicto con los Rothschild, el director Kupelwieser abandonó la empresa y desarrolló un negocio exitoso en el archipiélago de Brijuni, situado en el Mar Adriático, prosigue Miloslav Vojtášek.

“Compró unas islas pantanales donde los enfermos pasaban el final de su vida. Kupelwieser convirtió este lugar en uno de los mejores centros de recreo de la época y él mismo pasó allí el final de su vida. Fue el director más famoso que hemos tenido en Dolní Vítkovice. Puso el listón de la producción tan alto que con tan solo mantenerlo era suficiente”.

Dolní Vítkovice siguió manteniendo su prosperidad también tras la pérdida de su memorable director. Se registraron grandes ganancias después de que la planta se convirtiera en el suministrador exclusivo de placas blindadas para los barcos bélicos del Imperio Austrohúngaro. El nombre de la empresa sonó en el mundo también gracias a la producción de otros artefactos, como ruedas dentadas o botellas de acero de alta presión. El negocio siguió próspero también tras el surgimiento de Checoslovaquia y no se hundió ni durante la crisis mundial de los años treinta. Al contrario, el recinto se amplió con varias plantas eléctricas y calderones.

La Segunda Guerra Mundial concentró en Dolní Vítkovice la fabricación de armas. En 1946 la planta fue nacionalizada y antes de la Revolución de Terciopelo en 1989 el número de empleados alcanzó con más de 43 000 personas el récord. La producción de hierro terminó en 1998 después de 162 años y posteriormente se separó la producción minera y maquinaria que acabaron privatizadas y funcionan hasta la actualidad.

En lugar de derribar el recinto férreo, ganó la idea de otorgarle el estatuto de Monumento Nacional Técnico y conservarlo para otras generaciones. En 2008, Dolní Vítkovice fue inscrito como el primer monumento checo en la Lista del Patromonio Cultural Europeo. El año entrante se consiguió una subvención de la Unión Europea y la República Checa para revitalizar el recinto y aprovechar su potencial para fines educativos y culturales. La primera etapa finalizó en 2012 con la apertura del alto horno número uno, el gasómetro y la central energética para el público.

La Torre de Usain Bolt

La Torre de Usain Bolt, foto: Ondřej TomšůLa Torre de Usain Bolt, foto: Ondřej Tomšů La Torre de Usain Bolt, foto: Guillaum NarguetLa Torre de Usain Bolt, foto: Guillaum Narguet Uno de los lugares más frecuentados en la actualidad es la Bolt Tower o torre de tornillo, construida en 2015 como superestructura del alto horno número uno. Con sus 77.7 metros representa el punto más alto de la ciudad de Ostrava y ofrece unas vistas impresionantes. Su nombre Bolt no se refiere solamente a la expresión inglesa para tornillo o rayo, sino que rinde homenaje al atleta jamaicano Usain Bolt, quien participó varias veces en carreras en Ostrava. Además, en 2015 inauguró la torre personalmente. Actualmente, el lugar alberga una cafetería, una sala de exposición con información histórica y un club de música.

Una rica vida cultural se desarrolla también en la antigua mina carbonera Hlubina. Los edificios que la rodean albergan salas de estudio, talleres artísticos, conciertos y otros eventos culturales. Por su parte, Landek Park representa el museo minero más grande de la República Checa, situado en las galerías de la mina histórica Anselm. Además de una muestra histórica de herramientas mineras, los visitantes pueden bajar a la mina en una jaula minera original y conocer las tareas laborales de los mineros. El antiguo gasómetro se convirtió en un centro cultural y bajo el nombre de Aula Gong alberga eventos culturales, así como congresos y ferias. Su remodelación lo situó en 2014 en el TOP 10 de edificios mundiales.

Desde 2014, Dolní Vítkovice presume del centro educativo 'El Mundo de la Tecnología' (Svět techniky) que ofrece conocimiento sobre la ciencia, la tecnología y la civilización en forma de juego.

Desde 2012, el recinto de Dolní Vítkovice alberga el mayor festival musical de la República Checa, Colours of Ostrava, que cada año cuenta con la asistencia de aproximadamente 40 000 personas.