Tras las huellas de Vladimír Kozák, el checo que dedicó su vida a los indígenas brasileños

14-10-2016

El documental checo ‘El Hombre del Cuadro’ (‘Muž z obrazu’) sigue las huellas del viajero checo Vladimír Kozák desde la localidad de Bystřice pod Hostýnem hasta el estado brasileño de Paraná, y lo hace con su sucesor, el etnólogo Mnislav Atapana Zelený, retratando a los indígenas del Alto Xingú, en el Matto Grosso.

Vladimír Kozák, la pintura de Zdeněk Burian, foto: ČTVladimír Kozák, la pintura de Zdeněk Burian, foto: ČT En el ayuntamiento de la ciudad morava de Bystřice pod Hostýnem se halla un cuadro bastante inusual: un hombre mayor y una señora de pelo blanco rodeados de indios semidesnudos con las caras pintadas y armados con lanzas. En 1976 lo pintó Zdeněk Burian por encargo de un tal Vladimír Kozák.

La imagen sirve como punto de partida para la película documental de Vladimír Šimek ‘El Hombre del Cuadro’, que en el marco del ciclo ‘Huellas Checas’ presenta esta vez al viajero, etnógrafo y pintor Vladimír Kozák, natural de esta población morava y fallecido en 1979 en la ciudad brasileña de Curitiva. Kozák y su hermana Karla documentaron a lo largo de más de 30 aňos a los indígenas brasileños.

Sorprendentemente, en su lugar de nacimiento su nombre es casi desconocido, asegura el director, Vladimír Šimek

Vladimír Kozák y Karla Kozáková rodeados de indios, la pintura de Zdeněk Burian, foto: ČTVladimír Kozák y Karla Kozáková rodeados de indios, la pintura de Zdeněk Burian, foto: ČT “Es cierto que cuando tras muchos años regresó Atapana de Brasil, y luego Pavel Vaculík, un amigo nuestro que hizo la catalogación de la colección de Kozák, se organizó una celebración e hicieron un acto especial en el cementerio, donde pusieron una tumba de honor a Vladimír y Karla. Eso hizo que el conocimiento sobre su figura creciera, pero hace unos meses estuve en Bystřice y pregunté por Kozák en la calle a varias personas y nadie lo conocía. Espero que después de estrenarse la película la cosa mejore”.

Ochenta horas de grabación y miles de artículos

Vladimír Kozák es a pesar de su extraordinaria actividad documental, investigadora y artística casi un desconocido en la sociedad checa. No sin embargo en el mundo de la antropología. Fue el último hombre blanco en ver cómo los indios de la tribu Heta fabricaban y utilizaban hachas de piedra. Precisamente por una película rodada sobre este grupo étnico fue galardonado en 1958 con la medalla de oro de la Sociedad Brasileňa de Antropología. Muchos de sus trabajos y documentos fueron publicados en la revista Natural History.

La exposición del Museo Paranense de Brasil dedicada a Vladimír Kozák, foto: Museo Paranense de BrasilLa exposición del Museo Paranense de Brasil dedicada a Vladimír Kozák, foto: Museo Paranense de Brasil Como describe la primera parte de la película, el aporte documental de Kozák acerca de los indígenas brasileños es ingente. Rodó miles de metros de película cinematográfica, se calcula que unas 80 horas, e hizo decenas de miles de fotografías en las que recogía las costumbres y rituales de tribus indígenas al borde de la desaparición. Algunos de sus negativos todavía no han sido revelados ni escaneados. Grabó asimismo en magnetofón una enorme cantidad de leyendas aborígenes contadas por ellos mismos.

La mayor parte del legado de Vladimír Kozák se encuentra en el Museo Paranense de Brasil, y cuenta con 40.000 artículos, entre fotografías, negativos, óleos, acuarelas, dibujos y esculturas. Otras obras y documentos llegaron hasta Nueva York y la ciudad canadiense de Calgary.

Además de las imágenes, son de gran valor etnográfico los objetos que recopiló en vida, desde arcos y flechas, hasta calabazas, collares, pendientes, silbatos, tambores y otras piezas de uso diario. Tampoco hay que olvidar sus materiales personales, como sus diarios, que escribía en checo y en los que es posible apreciar el afecto que siempre sintió por Checoslovaquia.

Vladimír Kozák, foto: Museo Paranense de BrasilVladimír Kozák, foto: Museo Paranense de Brasil La investigación realizada durante el rodaje del documental permitió a Šimek encontrar unos materiales sorprendentes, que posiblemente den todavía mucho de sí, explica.

“En un cajón del archivo del museo descubrimos unos carretes. Pensamos que contenían grabaciones de sonido, pero al abrirlos había sedal enrollado. No fue hasta volver a Chequia cuando descubrí que no era sedal sino cables de acero inoxidable en el que antes se grababa sonido. En los 50 había lo que se llamaba “cabléfonos”, un antecesor del magnetofón, que grababan sonido en cables de acero. En Brasil no tienen reproductores de este tipo pero en Chequia la empresa Tesla sí tiene, tiene incluso un archivo, y algunos coleccionistas también. Ahora nos disponemos a escucharlos y ver si las grabaciones funcionan y si no hay algo interesante oculto. Las películas de Kozák son mudas y quizás aquí esté el sonido de estas imágenes, no de todas, claro, pero veremos”.

El hijo adoptivo de los Yawalapiti

Mnislav Zelený y su madre adoptiva, foto: ČTMnislav Zelený y su madre adoptiva, foto: ČT El grueso del documental lo ocupa sin embargo su segunda parte, en la que el espectador comprueba como el legado de Kozák es recogido por su compatriota Mnislav Zelený, que hace 26 aňos fue a estudiar a los indios Yawalapiti, que ya antes habían sido investigados por Kozák. La integración de Zelený fue tal que la familia del cacique indio le adoptó, dándole el nombre de Atapana.

El documental de Vladimír Šimek cuenta de esta manera dos interesantes historias. Por un lado la de Vladimír Kozák, a través de sus películas, fotografías, citas y escritos, y por otro, la del también checo Mnislav Zelený Atapana, siguiéndole en una expedición para visitar su tribu de adopción después de dos décadas.

Según explica Zelený, la adopción, el ser considerado él también como un Yawalapiti, fue la cumbre de su carrera profesional.

Mnislav Zelený y su madre adoptiva, foto: ČTMnislav Zelený y su madre adoptiva, foto: ČT“Todo duró bastante tiempo y la verdad es que nunca esperé obtener algo así. Para mí es al más alto galardón, lo aprecio más que un doctorado, ya que es una prueba de que me adapté a ellos, que viví con ellos, que fui a ellos con humildad y no como un blanco engreído. Valoraron que durmiera con ellos, que comiera su comida sin hacer ascos. Y tras un tiempo vino una anciana señora, Ayerika Obiamene, que me proclamó su hijo”.

De hecho uno de los momentos más emotivos del documental es el reencuentro después de 26 aňos entre madre e hijo.

“Jamás me imaginé que sería posible porque ya entonces era vieja. Y tras un tiempo Aretana, el cacique, me dice: Atapana, ¿no quieres ver a Ayerika, tu madre? Yo dije: Pero no es posible. Vivía en el pueblo de al lado, así que fui para allá. Llego, la busco y me dicen, Ayerika está trabajando en el campo. Era increíble, si tenía casi 90 años. Fueron a por ella. Le costó algo de tiempo reconocerme, ya que había pasado mucho tiempo y ella tiene sus años. Pero le enseñé la foto en la que estamos juntos, y se puso muy contenta, se puso a reír. Me hizo regalos y yo le di los míos. Fue un encuentro muy emotivo y hasta hoy es un recuerdo maravilloso”.

El regreso a la tribu

La exposición del Museo Paranense de Brasil dedicada a Vladimír Kozák, foto: Museo Paranense de BrasilLa exposición del Museo Paranense de Brasil dedicada a Vladimír Kozák, foto: Museo Paranense de Brasil Cuando Vladimír Kozák visitó a los Yawalapiti, estos se encontraban tecnológicamente en la edad de piedra. En los tiempos en los que Zelený se dedicó a estudiarlos la modernidad había empezado a llegar a sus vidas. Ahora, el equipo de Vladimír Šimek se ha encontrado con indígenas que integran elementos tecnológicos actuales con sus costumbres ancestrales.

Así, por ejemplo, con motivo de sus festividades llevan el cuerpo pintado, y en ocasiones completamente desnudo. En situaciones normales llevan pantalones cortos deportivos y otras piezas de ropa compradas a los blancos. Usan habitualmente teléfonos celulares y vehículos de motor, pero siguen cazando y pescando como lo han hecho siempre.

La progresiva asimilación de la tribu, como la de muchas otras de todo el continente sudamericano, da aún más valor a los estudios realizados por Vladimír Kozák. Este, por cierto, sigue siendo recordado por los Yawalapiti, a pesar del más de medio siglo transcurrido, explica el director del documental, Vladimír Šimek.

Vladimír Šimek y su esposa Kamila Broulová Šimková, foto: ČTVladimír Šimek y su esposa Kamila Broulová Šimková, foto: ČT “Se acuerdan de él, algunos solo del nombre, solo porque sus padres se lo mencionaron. Nos sorprendió que uno de los caciques que vinieron a un entierro, de la comunidad Camayora, también conocía el nombre. Incluso uno de los últimos indios de la tribu Xeta, con los que también hemos rodado, también se acordaba, y sabía cómo se comportó con los indios y de que era considerado uno de sus protectores”.

Mnislav Zelený Atapana también se mostró maravillado con la fuerte huella que dejó Kozák entre estas comunidades indígenas.

“Es algo increíble. Viví una experiencia muy bonita con Piracoma, el hermano del cacique Aretana. Se me quedó mirando cuando transportábamos una tortuga recién cazada. Me dice: ¿sabes? tú no eres el primer checo que ha venido a nosotros. Ellos ya diferencian quién es checo y quién no. Y me dice: fue Vladimír Kozák, y fue el primero que nos trajo los collares de cristal de vuestro país, de Preciosa, de Jablonec. Eso fue para mí impactante, se acordaba de eso aunque entonces no había nacido, porque se lo contó su padre. Y lo que les cuenta su padre o el chamán se queda en la memoria para siempre”.

Vladimír Šimek, foto: ČTVladimír Šimek, foto: ČT Que las tribus del Paraná guarden un recuerdo más vívido de Vladimír Kozák que sus paisanos de Bystřice es sintómatico. Pero sería injusto decir que Kozák cambió a los suyos por los aborígenes de Brasil.

Como prueban sus diarios y la documentación que se conserva, a pesar de encontrarse durante muchos años lejos de su patria, Kozák seguía con interés los acontecimientos de su Checoslovaquia natal. Se informaba sobre la situación política, se escribía con amigos y conocidos de Bystřice y se convirtió en un gran admirador del pintor Zdeněk Burian.

Precisamente, para rendir homenaje a su hermana Karla, Kozák se carteó con Burian para encargarle un cuadro, enviándole gran cantidad de fotografías de indígenas, con el objetivo de que los retratara de la forma más fiel posible. La pintura, la misma que comentábamos al comenzar este artículo, fue luego regalada por Kozák a su ciudad de origen, donde hasta la actualidad sigue colgada el ayuntamiento, como un testimonio extraňo de tierras y culturas lejanas.

‘El Hombre del Cuadro’ se ha merecido el primer premio en la categoría de documental en la Festival Internacional de Películas con Temática Viajera Tourfilm.

14-10-2016