México y Chequia sí son compatibles

21-02-2017

El mexicano David Zamorano reside desde hace un poco más de una década en Praga. Conversamos o, como él mismo diría, platicamos sobre lo que lo trajo a esta ciudad, las pequeñas cosas que todavía le fascinan, su trabajo y sobre lo que todavía le queda por hacer en estas latitudes.

David Zamorano, foto: Ana BriceñoDavid Zamorano, foto: Ana Briceño La primera vez que David Zamorano pisó tierra checa fue en 2005, cuando vino a hacer un curso de dirección de cine en Prague Film School. A los cinco meses volvió a México y en menos de un año ya estaba de regreso en Praga. Él mismo nos cuenta qué factores tan concretos lo atrajeron.

"Originalmente, la idea de conocer Praga era por haber leído algunos libros de Kundera, de Hrabal y ver algunas películas checas como 'Želary' o 'Kolja' o algunas no tan populares. Me interesó como el estilo de vida que había aquí, como la gente o la cultura, saber más sobre la cultura, o cómo era vivir en una ciudad que se está desarrollando a pesar de estar encerrados en el bloque sovíetico".

En realidad la presencia de David en Praga no es una casualidad. Fue parte de una serie de gustos e inquietudes personales así como a consideraciones de tipo más pragmático.

"Escogí Praga porque se me hacía lo más exótico. Bueno estaba realmente entre Helsinki y Praga. Solo que como estudiante pues la economía era más accesible, o sea el estudio, el costo de vida en Praga hizo más que se inclinara la balanza a venir para acá y un poco que no hace tanto en frio como en Finlandia".

Entre mesas

"Escogí Praga porque se me hacía lo más exótico. Bueno estaba realmente entre Helsinki y Praga."

En Ciudad de México David trabajaba en los medios audiovisuales. Tenía la intención de seguir en ese mismo ámbito cuando se estableció en la capital checa y aunque algo de ello hizo en casas productoras locales, fue el elemento mexicano lo que le generó el oficio que ahora ocupa todo su tiempo y sobre el que con modestia algo nos dice.

"Ahora soy socio de un grupo de restaurantes con unos amigos y realmente soy restaurantero, enfocado en el marketing. También nos gusta decir que trabajamos en la industria de la hospitalidad, algo así".

David se pasa su tiempo entre mesas con comensales checos ordenando delicias mexicanas y rodeado por paredes donde no faltan imágenes de Frida Kalho, Emiliano Zapata, Pancho Villa ni de Cantinflas. De esta manera David deja algo de México en el paladar de los checos y les enseña que México es mucho más que un sombrero.

Aprender el idioma es entender la cultura

Para David la lengua checa fue una de los primeros retos y sigue siéndolo, pues no se conforma con el nivel que ha alcanzado y no le gusta mucho la idea de que al hablar todavía cometa errores. Después de once años viviendo acá lamenta no dominarlo del todo y no le faltan ganas para perfeccionarlo.

"Entonces mi plan es este año tomar clases nuevamente y poder superar mi nivel. Hablo como lo aprendí con la gente y solo sobre ciertos temas, relacionados a la comida o al negocio. Para mí es importante independientemente del lugar al que llegues. Es importante poder aprender el idioma porque podrías entender realmente el significado de las cosas o los aspectos culturales de la sociedad. No es solo aprender el idioma sino aprender sobre la cultura y entenderla".

Una ciudad casual y tranquila

Praga, la ciudad casual y tranquila... Foto: Štěpánka BudkováPraga, la ciudad casual y tranquila... Foto: Štěpánka Budková Cuál podría ser el aspecto más notable para alguien que proviene de la capital mexicana, con una población aproximada de 20 millones, a la capital checa cuyos habitantes apenas alcanzan a ser unos 1.400 millones. Por lo que expresa David parece que la cantidad de habitantes afecta directamente la tranquilidad de un lugar.

"Creo que eso es lo que extrañaría, que aquí es muy tranquilo, muy fácil vivir, estar, estar tranquilo, no tener estrés. Y si me tuviera que ir no sé adónde escogería, pero espero que no pase eso".

Pese a que Praga es una ciudad muy pequeña, no por eso deja de ser cosmopolita. Una de las cosas que nuestro entrevistado más valora es la posibilidad de poder tener amistades de todo el mundo. Ese cosmopolitismo también tiene su faz negativa y es que hace difícil el poder hacer amistades checas. No obstante, David dice que aquel que no tenga amigos checos es porque simplemente no lo ha intentado lo suficiente.

Cariño sin falsedades

Cuando los extranjeros intentan definir socialmente a los checos se suelen repetir ciertos adjetivos: secos, fríos, cerrados.

Cuando los extranjeros intentan definir socialmente a los checos se suelen repetir ciertos adjetivos: secos, fríos, cerrados. El estereotipo checo también se le constató a David, pero ganarse el cariño y la amistad de un checo es una cuestión de tiempo y de esfuerzo que resulta en un verdadero compromiso por mantener los vínculos.

"A primera instancia puede ser que la comunidad checa es un poco más seca, más fría o cerrada pero una vez conociendo a la gente es también amable y cálida. Dependen del nivel de confianza en el que puedas entrar a un círculo. Es por parte de los dos lados este interés mutuo, pero debe de ser tal vez un poco más trabajado por los extranjeros".

David agrega que en la calidez checa no hay ni una gota de falsedad y que una vez que se logra un acercamiento no se trata de una ilusión sino de un hecho.

Las actividades más checas

Al poco tiempo de llegar a la República Checa es notable la práctica repetida de ciertas actividades: recolectar hongos entre verano y otoño, esquiar sin parar cada invierno y pasar los fines de semana en una cabaña durante la primavera y el verano. Practicarlo es más que estar viviendo en la República Checa, es estar viviendo como un checo. Después de 11 años David todavía tiene algunas tareas pendientes y otras está en proceso de descubrir.

Krkonoše, foto: Ondřej TomšůKrkonoše, foto: Ondřej Tomšů "Nunca he recogido hongos todavía pero espero algún día ir a recolectarlos. He esquiado sola una vez y me gustó, fue divertido. Pasar el fin de semana en una cabaña apenas iré por segunda vez este fin de semana, entonces no sé, es divertido. Son cosas nuevas que son exóticas".

Del paisaje checo es la nieve lo que más fascina a David. Para él la nieve siempre fue algo que solo veía en las películas o caricaturas y verla aquí, tan accesible y presente por todos lados en esos duros inviernos nevados es la máxima felicidad. Para él los inviernos no son en lo absoluto un motivo de desánimo.

"Los mismos checos se ríen de uno, de la felicidad de ver la nieve. Pero siempre hay las cosas bonitas, ir a las montañas, hay unos paisajes increíbles, pasar el tiempo en una cabaña o esquiar".

Además de Praga, David tiene como lugares entrañables de Chequia a las montañas de Krkonoše, Šumava y Lipno, adonde le gusta ir a caminar en verano.

México y Chequia sí son compatibles

Cuando David piensa en los aspectos positivos de emigrar destaca el sincretismo. Muchos de sus amigos y conocidos mexicanos se han casado con checos y a David le gusta observar la fusión cultural en las parejas, ver cómo se adaptan los checos cuando han pasado temporadas en México y viceversa.

La comida es uno de los elementos que mejor reflejan esa simbiosis. Para él es tan normal cocinar algo checo y aderezarlo con una salsa mexicana. Aunque David siempre tenga en la cabeza a su familia y la duda de volver quizá no le sea del todo evitable, tiene clarísimo que por ahora Praga es su morada y que todavía está lleno de ilusión con lo que le queda por descubrir de este pequeño país.

21-02-2017