“Cuando me bajé del avión me sentí como en casa”

10-09-2009

En agosto de cada año, decenas de paisanos checos se dan cita en la pequeña ciudad de Dobruška, Bohemia Oriental, para asistir a un curso intensivo del idioma y la cultura checa, organizado por el Gobierno. Sobre las experiencias con este programa conversamos en Radio Praga con una de las participantes recientes, la argentina Verónica Hajek.

Verónica HajekVerónica Hajek Los cursos de Dobruška tienen una larga tradición en la República Checa. El primero se celebró en esta pintoresca ciudad situada en el extremo noreste del país hace 90 años. Para participar en ellos, los paisanos tienen que presentar una solicitud en la Embajada Checa en su país y esperar el veredicto del Ministerio de Educación checo, que hace la selección.

La mayoría de los que se interesan por estos cursos son descendientes de checos que se vieron obligados abandonar por algún motivo su país, según cuenta una de las participantes de este año, Verónica Hajek.

“La mayoría son hijos de checos. Y después hay una chica de Perú que está casada con un checo y está viviendo acá desde hace unos cuatro meses. Así que necesita aprender el idioma porque se va a quedar en este país. Y lo mismo le pasa a un chico de Guatemala. Él se casó con una chica de Praga y ahora está viviendo allá”.

Verónica Hajek en DobruškaVerónica Hajek en Dobruška También Verónica tiene descendientes checos, por lo cual guarda un cariño especial por este país centroeuropeo.

“Mis abuelos paternos eran checos. Ellos se fueron en los años 30, no sé exactamente el año, pero fue antes de la guerra. Como la mayoría de la gente que emigraba en ese momento escapaban de la guerra y buscaban un porvenir un poco mejor. Mi papá me inculcó toda la cultura checa desde chiquita, desde la cuna. Así que yo amo este país. Cuando me bajé del avión sentí como si estuviera en mi casa. ¡Me encanta!”

Aunque tiene abuelos checos, Verónica no domina el idioma. Ni siquiera su padre sabe expresarse en checo, a pesar de hablarlo cuando niño.

“Mi papá nació en Argentina, pero hasta los cinco años cuando comenzó el colegio hablaba nada más que checo. Después tuvo que aprender el español a la fuerza porque necesitaba la educación. Allí es cuando empezó a olvidársele el idioma. Él entendía muy bien el checo, pero le costaba hablarlo, después de grande”.

Grupo estudiantes en DobruškaGrupo estudiantes en Dobruška Precisamente el deseo de aprender el idioma de sus ascendientes era lo que trajo a Verónica a Dobruška. Y, ¿cómo se le da el checo después de superar el curso?

“Ay, es muy difícil, muy difícil. Es un idioma muy lindo, pero para nosotros que hablamos español es muy cerrado. Porque la manera que tienen los checos de hablar, de poner las cuerdas vocales, es totalmente distinta a nosotros. Nosotros estamos acostumbrados a hablar con muchas vocales y acá son todas consonantes. Son sonidos totalmente extraños que jamás en mi vida he escuchado, así que me cuesta un montón. Pero bueno, yo creo que con un tiempo de práctica voy a lograrlo”.

El idioma checo no es lo único que aprenden los paisanos checos en Dobruška. Los profesores se esfuerzan por transmitirles algunos conocimientos básicos de la historia, la cultura y la naturaleza del país, así como acercarles la vida cotidiana de los checos. Verónica califica de sobresaliente el curso.

“Realmente, el curso fue bárbaro, no sólo a nivel educativo, sino a nivel cultural. Nos enseñaron acerca del idioma, la cultura, bailes, comida, cómo se vive acá, cómo fue la historia de toda la República Checa y Checoslovaquia. Nos abrió la cabeza. Era un montón de cosas nuevas para mí, para muchos de los que estamos acá. Realmente, no pudo haber sido mejor”.

Antes de despedirnos, Verónica tuvo que prometernos que pronto iba a regresar. Y quizás, con los conocimientos adquiridos en Dobruška, un día se atreva a contactar con la parte checa de su familia, que vive en la ciudad morava de Uherské Hradiště.

Foto: Autoras

10-09-2009