Vladimír Holan

Muchos lectores y críticos literarios coinciden en que Vladimír Holan, es el más grande de los poetas checos. Indudablemente es el más profundo de los que ha tenido la literatura nacional en el siglo que finaliza. Su vida abarcó gran parte del siglo, ya que Holan nació en 1905 en Praga y murió en 1980 en la misma capital.

Hablamos de Holan como de un poeta checo, pero más adecuado sería decir "poeta centroeuropeo". Un poeta puramente checo en el sentido nacional lo fue sin duda su coetáneo, Jaroslav Seifert, galardonado en 1984 - dos años antes de su muerte - con el Premio Nobel.

Tanto Holan como Seifert escribían en la misma lengua minoritaria eslava, el checo, y siendo contemporáneos de los poetas espanoles de la Generación del 27, también como aquéllos se abrían a la cultura más ampliamente europea. Naturalmente, a diferencia de los poetas del 27 vivieron una experiencia histórica muy distinta, marcada por un intenso patriotismo.

Holan y Seifert nacieron en la misma ciudad que Rainer María Rilke, Franz Kafka o Franz Werfel, y en el mismo país y en el mismo estado - la monarquía Austro-Húngara- que el novelista Adalbert Stifter o que el siquiatra Sigmund Freud. Al surgir la República Checoslovaca en 1918, Holan y Seifert se convirtieron en representantes culturales de primera categoría. Así puede explicarse su patriotismo.

Cuando veinte anos más tarde, en 1938, Checoslovaquia fue liquidada por el Pacto de Múnich y se convirtió en el Protectorado alemán, ambos lo sintieron como una gran catástrofe personal y nacional, y así lo expresaron también en sus versos. No obstante, el destino artístico de Holan fue diferente del de Seifert.

Desde sus comienzos como poeta, Holan dió a entender que sus prístinas materias nutritivas eran específicas, y que sus inquietudes poéticas sugerían distintos contenidos. La poética de Holan coincidía con las influencias que en la Europa Central ejercían poetas tales como Rilke, Stéphan Mallarmée y Paul Valéry - este último sobre todo con su idea de concebir el poema como acto intelectual.

Hablando del atractivo estético de distintos modelos para Holan, no hay que olvidar el de Góngora - destacado por los poetas espanoles del 27, pero suministrado a la Europa Central desde París por Mallarmée. Con el carácter de su sistema poético Holan distaba de la geometría culteranista de Góngora, pero el gran cordobés le fascinaba como creador de metáforas. Y el poeta praguense trató de gozarlas, cuando a base de una traducción literal que le había preparado el eminente romanista Václav Cerný, hizo en 1939 la versión checa de la "Fábula de Polifemo y Galatea".

Fue precisamente el catedrático Václav Cerný quien resaltó la peculiaridad de Holan en el coro de la poesía de entreguerra, es decir, su singular ambigüedad, según la cual Holan reaccionaba a los hechos de la historia europea y nacional, y donde se entreveía el perfil del patriota y del artista de izquierdas que Holan era por entonces como la mayoría de sus compatriotas.

El dramatismo de finales de los años treinta ofrecía al poeta material suficiente para percibir agudamente la imagen externa del mundo. Parece que lo externo absorbe la inquietud existencial con la que empezó su vida artística. Parece, pero no era verdad. Después del golpe de Estado comunista, en 1948, Holan se sumergió profundamente en la metafísica existencialista y cristiana, sobreviendo casi totalmente anatematizado por el régimen comunista hasta los años sesenta, cuando cierto liberalismo o "reformismo" oficialista le permitió publicar varias antologías, que había escrito durante su silencio forzado en la década del 50.

Para la joven generación checa, las ediciones de las desconocidas antologías de Holan representaron entre los años 1960 y 1970 una verdadera "revelación" de las profundidades metafísicas de los fundamentos existencial-ontológicos. De esta nueva serie de obras se hizo famoso principalmente el poema dramático "Una noche con Hamlet". En los años setenta, Vladimír Holan volvió a ser una persona non grata hasta su fallecimiento en 1980. Muchos checos están convencidos de que precisamente Vladimír Holan era el verdadero destinatario del Premio Nobel de Literatura de 1984, pero en aquel entonces Jaroslav Seifert era el único sobreviviente de su generación.