Simon Boruhradský libró la Ciudad de México de las inundaciones

En esta edición les ofrecemos la semblanza del misionero jesuita checo Simon Boruhradský que en el siglo 17 salvó la Ciudad de México de las inundaciones.

"...con ayuda de Dios y de la Virgen María llevé a cabo toda la obra en el plazo de un mes y libré a la ciudad de los estragos, modificando totalmente el curso fluvial y haciéndolo desembocar, después de dar una vuelta, en el lago. Para dicho curso construí un nuevo cauce y lo reforcé con firmísimos diques de manera que este año las inundaciones, aunque fueron grandes, no me llevaron ni un puñado de tierra".

En estos términos describía en una misiva Simon Boruhradský, jesuita checo que actuaba en la corte del virrrey en México, su labor en la protección de la Ciudad de México de las inundaciones.

Simon Boruhradský nació en 1650 en Polná, en la Meseta Checomorava, como hijo de un escribano municipal y concejal. Concluídos los estudios en el liceo, probablemente en Jihlava, ingresó en 1670 en las filas de la Compañía de Jesús. A los 27 años de edad presentó la solicitud de ser enviado a una misión ultramarina y ésta fue atendida favorablemente en enero de 1678.

En abril de 1678, Simon Boruhradský viajó con otros seis jesuitas vía Génova a Cádiz. Los jesuitas llegaron al puerto español cuando el barco rumbo a las Américas ya había zarpado. Tuvieron que esperar casi un año entero hasta que pudieron embarcarse en otra nave que partía para América. Boruhradský aprovechó la larga espera para aprender perfectamente el español. Desde entonces firmaba como Simón de Castro, ya que los españoles pronunciaban con dificultad su apellido checo.

Una vez en América Boruhradský llegó a la Ciudad de México donde residía el virrey de Nueva España. Siendo hermano laico se desempeñaba como administrador del colegio jesuita. Destacó principalmente como constructor y proyectista, tomando parte, por ejemplo, en la reparación del palacio de virrey, dañado por un incendio.

Lago Texcoco en 1847Lago Texcoco en 1847 Proyectó,además, un extenso sistema de canales que salvó la ciudad de México de las inundaciones causadas todos los años por las crecidas de los ríos que desembocaban en el lago Texcoco. Posteriormente reguló también de manera parecida otros ríos en las cercanías de la ciudad de Coyacán, al sur de la metrópoli mexicana.

La estancia en la Ciudad de México no satisfacía plenamente el espíritu emprendedor de Simon Boruhradský. Se negó a ser ordenado sacerdote ya que quería evitar que el virrey saliente se lo llevase como su confesor a España.

En 1688 solicitó ser trasladado primero a California y después a las Islas Marianas, archipiélago volcánico al Este de las Islas Filipinas, donde varios jesuitas se convirtieron en mártires de la fe. Después de ocho años Simon Boruhradský pudo finalmente salir de México, pero en el barco se contagió de peste y en abril de 1697 falleció en medio del Pacífico.