Bretislav Pojar, el señor del juego

Es autor de más de 70 películas, ante todo animadas y de marionetas, galardón de un sinnúmero de premios en festivales de cine nacionales e internacionales desde Venecia hasta Río de Janeiro, y acaba de cumplir los 80 años. Hablamos del realizador de cine de animación, Bretislav Pojar.

Venga, Señor, vamos a jugarVenga, Señor, vamos a jugar "Venga, Señor, vamos a jugar", se esforzaba por enganchar el más pequeño al más grande. "Bueno, pero invéntese el juego Ud. mismo", se dejaba convencer con benevolencia el más grande.

Fueron dos. Dos osos de peluche que se encontraron cerca de la ciudad de Kolín. El primero era pequeño, un bondadoso y crédulo, el otro era grande y un poco pícaro, que miraba a quien pudiera engañar. Y más a menudo logró engañar al más pequeño.

A los dos les gustaba jugar. En sus juegos se transformaban en locomotoras, un chupa-chup se convertía en sus patas en espada y una hoja de estaño en escudo. Su fantasía pasaba a ser realidad no conociendo límites, así como la de su padre, el animador y director de cine, Bretislav Pojar.

"Es siempre un juego. Lo que aun a los más cínicos siempre les parece un milagro, es cuando uno junta un par de palitos y surge algo que tiene espíritu, carácter, algo que es vivo, aunque sólo sea en la pantalla", dice Bretislav Pojar.

Sus juegos empezaron el 7 de octubre de 1923 en la ciudad de Susice, en Bohemia del Sur. La familia se trasladó varias veces. Pojar hizo el examen de bachillerato en Písek, en una de las épocas más siniestras del país, poco después de que fue cometido el atentado contra el Protector del Reich para Bohemia y Moravia, Reinhard Heydrich, en 1942.

Venga, Señor, vamos a jugarVenga, Señor, vamos a jugar Y como Pojar tenía en su región natal algunos cuentos con la Gestapo, abandonó pronto Písek y se fue a Praga. Las escuelas superiores permanecían clausuradas, y a Pojar le ofrecieron el puesto de dibujante técnico en la fábrica Avia. Él nunca se presentó allí. En vez de ello, entró en el estudio de cine AFIT, que debía competir, según se lo imaginaban los alemanes, con las producciones de Walt Disney.

Un año después el estudio fue cerrado. Pojar se inscribió en un curso, de medio año duración, para dibujantes de la industria de la aviación. Debía trabajar como constructor de motores de aviones, pero ni ese puesto lo ocupó. Sin embargo, debido a la minuciosidad alemana, hasta finales de la Guerra cobraba un salario.

En 1945, los antiguos trabajadores del AFIT fundaron el estudio "Bratri v triku" - lo que podría traducirse como "Hermandad del truco", o también "Hermanos en traje de tricota", por el juego de palabras con el término "trik" - truco o tricota.

Venga, Señor, vamos a jugarVenga, Señor, vamos a jugar Colaborando con uno de los padres del cine animado checo, Jirí Trnka, Bretislav Pojar se entregó plenamente a ese arte que hace vivir en la pantalla a objetos no vivos, y esa afición no lo ha abandonado hasta hoy.

Ya la segunda película que dirigió individualmente, "Una copa más", fue un éxito internacional. En 1960 triunfó con "El león y la canción" en el festival de cine animado de Annecy. Rodó cortometrajes para la ONU, por ejemplo la película que advertía ante el armamento y fue denominada "Bum", para ser comprensible en los siete idiomas oficiales de la organización.

Bretislav Pojar se desempeñó también en Canadá. Trabajando para realizadores extranjeros diseñó, por ejemplo, los sueños traumáticos del pequeño oso en la película del director francés, Jean-Jacques Annaud, Osos.

Sus ositos que se encontraron cerca de Kolín pasaron a ser el clásico del cine animado checo. Y junto con ellos la serie sobre las aventuras de cinco chicos desgreñados llamada "Jardín", y realizada en base del libro de Jirí Trnka. Seis historias donde los niños montan a elefante y luchan con un mal gato y que con humor y poesía condenan la ignorancia humana, el odio, la mezquindad ...

"Creo que cada muchacho en el mundo tiene un jardín de fantasía que no difiere mucho del de Trnka", opina Bretislav Pojar. "La fantasía se acaba allá donde los chicos dejan de llevar pantalones cortos. Los cuentos de hada en la pantalla se la pueden devolver, por lo menos por un momento".