28-02-2004

A treinta kilómetros de Praga, en el pueblo Karlstejn que se encuentra al pie del famoso castillo del mismo nombre, donde antaño se depositaban las joyas de la Corona Checa, surgió hace poco un singular museo: el Museo del Reloj.

Se trata de la única muestra de este género en la República Checa. En total hay en la exposición más de 700 relojes, de los que el mayor número provienen de países europeos como Francia, Suiza, Alemania e Inglaterra. Pero encontramos en el museo también relojes fabricados en China, Japón o Estados Unidos.

Crear un museo del reloj fue idea del señor Miroslav Svoboda, quien desde hace años colecciona relojes. Todo comenzó cuando, de regreso del servicio militar, se dispuso a amoblar su apartamento y quiso decorarlo con un reloj antiguo. Se dirigió en busca de consejo a un maestro relojero quien, además, era coleccionista de relojes.

"La visita al taller del maestro relojero me impresionó muchísimo. Y se me ocurrió que podría tratar de reunir algo semejante. Compré entonces un hermoso reloj de péndulo, que me costó bastante caro, y éste mismo fue la base de mi futura colección. Desde hace 27 años me he dedicado a reunir relojes".

En el año 1994, Miroslav Svoboda decidió presentar su colección a la opinión pública, pero demoró cinco años para realizar su objetivo. No escatimó esfuerzos, reconstruyó un edificio en ruinas en el pueblo de Karlstejn y allí instaló su muestra que actualmente cuenta con más de 700 relojes.

Además de coleccionista y director del museo, Miroslav Svoboda vela por el buen estado de las muestras, y ello a pesar de no ser maestro relojero.

"Mi profesión original es de mecánico-reparador de cámaras de cine, pero ese trabajo no me llenaba de satisfacción. En mi tiempo libre comencé a experimentar con los relojes y poco a poco aprendí a repararlos. Al comienzo con los de mis familiares y más tarde aproveché las experiencias para mantener en funcionamiento los relojes de mi colección. La verdad es que simultáneamente tuve que aprender muchos otros oficios para lograrlo.

Miroslav Svoboda indica que antaño los relojes los tenía por toda su casa, lo que a veces era el motivo de conflictos con su esposa. Fue por eso también que decidió crear un museo, además del deseo de compartir su afición con otros ciudadanos.

Claro está que algunos relojes, el señor Svoboda los conservó en su hogar.

"Aunque pueda parecer curioso, me encanta escuchar cómo camina un reloj, pero no me gusta cuando toca la hora. Por eso dejé en casa sólo los relojes más silenciosos".

En el Museo del Reloj, en Karlstejn, tampoco hay mucho ruido, pues no todos los relojes allí expuestos marchan, aunque nada impide a su funcionamiento.

"Si dejáramos sonar todos los relojes, muy pocos visitantes se quedarían en el museo, ya que no aguantarían el ruido. Y tendríamos que ofrecerles un paño frío para que puedan amarrárselo en la frente y calmar el dolor de cabeza", sostiene Jana Langerová del Club de Amigos de Relojes Históricos, que ayuda en la promoción del Museo del Reloj.

En el Museo hay relojes del más diverso material, género y tamaño: relojes de pulsera, de péndulo, de campana, de bolsillo, despertadores, etc. La muestra más antigua data del año 1588. Algunos de los relojes interpretan hermosas melodías.

El reloj que acaban de escuchar, amigos, tiene ocho melodías, pero era posible desconectarlas si el dueño del reloj se cansaba de escucharlas. A los visitantes del Museo les atraen mucho los relojes cucú, entre los que resalta especialmente uno, hecho de madera.

"Este reloj de cuco fue fabricado por encargo para el conde Harrach, quien pretendía decorar con el mismo su palacete de caza. El mecanismo de estos relojes es bastante complicado, por lo que mayormente se fabricaban sólo por encargo", dice Jana Langerová.

En el Museo del Reloj en Karlstejn hay relojes de diversas épocas. Provienen de palacios, hogares de la nobleza, así como de casas campesinas. ¡Quién sabe qué historias contarían si pudiesen hablar!

 

Foto: Comision EuropeaFoto: Comision Europea Con fines humanitarios se realizó en la capital checa un censo de las personas sin hogar. La acción que duró unas tres horas, fue organizada por instituciones oficiales en estrecha cooperación con organizaciones cívicas que prestan servicios sociales.

El censo fue anónimo y se realizó sin incomodar en lo mínimo a las personas sin hogar, indicó Miroslav Luzcka, director del Centro de Atención Social, de Praga.

"En vista de que las personas sin hogar son un fenómeno relativamente nuevo en la sociedad checa y al carácter de la metrópoli, además de centros de alojamiento para personas sin hogar, durante el censo tuvimos que dirigirnos a un sinnúmero de lugares donde éstas suelen buscar refugio".

En el censo participaron decenas de voluntarios, entre ellos varias personas sin hogar que ayudaron en la búsqueda de sitios más frecuentados por las personas sin hogar en Praga. Así, por ejemplo, los voluntarios recorrieron parques, estaciones de ferrocarril y del metro, visitaron los establecimientos de alojamiento del Centro de Atención Social y otras entidades humanitarias, y se dirigieron igualmente a las terminales de tranvías y de autobuses en la metrópoli checa.

Los resultados del censo en Praga de las personas sin hogar deberían conocerse a más tardar en unas dos semanas. Estos servirán para ampliar en el futuro la red de asistencia social en la capital checa, tomando en consideración las localidades de mayor concentración de personas sin hogar.

28-02-2004