Las relaciones checo-mexicanas en la ciencia e industria

México es el mayor socio comercial de la República Checa en América Latina. El Día de la Ciencia e Innovación México-Checa, que tuvo lugar por primera vez en Praga este miércoles, mostró que existe una fuerte colaboración entre los dos países, y que se ofrecen muchas posibilidades de desarrollo.

Foto: Eliška KubánkováFoto: Eliška Kubánková La República Checa y México tienen una base sólida de cooperación en el comercio y la ciencia. En la actualidad hay un potencial creciente para los proyectos checo-mexicanos que a menudo pasan desapercibidos. Ambos países están en auge en innovación y tecnología, incluida la Industria 4.0, ciencias de la vida y nanotecnologías.

El hecho de que los países se estén desarrollando en estas áreas presenta oportunidades para crear nuevas asociaciones para la investigación y llevar a cabo nuevos proyectos.

El Día de la Ciencia e Innovación, patrocinado por la Embajada de México, el Ministerio de Industria y Comercio y la organización Red Global MX, tiene el objetivo de iniciar un diálogo más amplio entre los países, presentar ejemplos concretos de colaboración entre México y la República Checa y promover nuevas posibilidades de cooperación mutua, explica Athziri Moreno del Centro de Innovación de Bohemia Central, que participó en la organización del evento.

Athziri Moreno, foto: Eliška KubánkováAthziri Moreno, foto: Eliška Kubánková “Este evento trata de cubrir las tres áreas, una que es la cooperación científica, directamente con las universidades y los centros de investigación y sus contrapartes mexicanas, luego la parte de la industria, porque también la innovación se da en muchas ocasiones dentro de la industria. En la tercera parte tenemos las experiencias propias de los mexicanos, por lo que pasaron aquí en la República Checa, y también de los checos que han vivido en México, sus retos y sobre todo sus recomendaciones”.

El evento contó con la participación de varias empresas checas y mexicanas, representantes de instituciones académicas, centros de investigación y entidades gubernamentales, así como la presentación de proyectos bilaterales, actividades de investigación y experiencias personales. Está claro que existen ciertas diferencias culturales entre los dos países, en sus tradiciones y costumbres, pero esto no se ve reflejado en el negocio, dice Athziri Moreno del Centro de Innovación de Bohemia Central.

Foto: Eliška KubánkováFoto: Eliška Kubánková “Al final te das cuenta de que todo es un factor humano el que hace o no que las relaciones funcionen. Cualquier colaboración es un proceso orgánico. Es importante encontrar el socio correcto, y toma tiempo. A lo mejor, una vez que lo encuentres, la colaboración no sucede inmediatamente, a veces pasan años, como nos pasó a nosotros en el Centro de Innovación de Bohemia Central. Encontramos a nuestro socio y la colaboración empezó dos años después”.

Moreno añade que el paso más importante en cada negociación es iniciar el contacto. Con este objetivo surgió el evento, para dar conocimiento de que existen socios importantes en México que están abiertos a la colaboración, continúa.

“México es el primer socio comercial de la República Checa en América Latina. El comercio bilateral está ahora en 1500 millones de dólares y va creciendo”.

“México es el primer socio comercial de la República Checa en América Latina. El comercio bilateral está ahora en 1500 millones de dólares y va creciendo. Como lo mencionó la jefa del Departamento de las Américas del Ministerio de Industria, el balance comercial no está muy desfasado. La República Checa exporta más de lo que importa, pero aún así la diferencia no es muy drástica”.

Al mismo tiempo, Athziri Moreno del Centro de Innovación destaca que hay áreas que los dos países tienen en común, sobre todo en cuanto a los problemas que enfrentan en la economía.

Vesselin Barliev (a la derecha), foto: Eliška KubánkováVesselin Barliev (a la derecha), foto: Eliška Kubánková “Los retos que enfrentan las dos economías son similares. Los retos sobre todo en el área de movilidad, de energía, de salud, y todas las áreas relacionadas con la industria 4.0. Allí en esos retos es donde se encuentran las oportunidades para desarrollar la colaboración conjunta”.

Cemex, líder en la industria de construcción

Uno de los ejemplos en donde una empresa mexicana está establecida en la República Checa es la compañía mexicana Cemex, un líder global en la industria de materiales de construcción. Cemex tiene su centro de logística en Chequia y trae innovación al país europeo, como dice Vesselin Barliev, responsable de asuntos políticos y de comunicación de la empresa.

Foto: Eliška KubánkováFoto: Eliška Kubánková “Traemos una nueva plataforma llamada Cemex Go. Es una plataforma que, dentro de la industria de la construcción, ofrece a nuestros clientes la oportunidad de tener todo en un lugar: pedidos, facturas, información sobre las entregas, así el trabajo es mucho más eficaz”.

Barliev hace hincapié en que un sistema digital unificado es algo que falta a escala global. Según el empresario, aunque haya diferencias en la comunicación en Europea y América Latina, los principios del negocio son los mismos en todo el mundo.

“Diría que el negocio europeo en sí es específico. El mexicano tiene sus particularidades, se desarrolla en una parte diferente del mundo, que tiene otras tradiciones y costumbres, pero los principios básicos de integridad y fiabilidad son los mismos”.

Otra innovación que ofrece el gigante Cemex es un programa ecológico, cuyo objetivo principal es reducir la huella de carbono. Más del 70% de la energía que utiliza la fábrica de cemento viene de sus propias fuentes, utilizando combustibles alternativos a partir de residuos municipales. Cemex también lanzó un programa para conservar la biodiversidad, prosigue Barliev.

“Diría que el negocio europeo en sí es específico. El mexicano tiene sus particularidades, se desarrolla en una parte diferente del mundo, que tiene otras tradiciones y costumbres, pero los principios básicos de integridad y fiablidad son los mismos”.

“La construcción y en particular la producción de cemento y hormigón son muy exigentes en términos de energía. Somos conscientes de esto y nos esforzamos por reducir el impacto de nuestra empresa en el medio ambiente”.

La compañía Cemex tiene su sede en Monterrey, donde alberga la universidad tecnológica más grande de México, el Tecnológico de Monterrey, con el que colabora. En la República Checa, la empresa realiza proyectos ad hoc en cooperación con expertos checos, como por ejemplo, los arquitectos.

“Colaboramos con la comunidad de arquitectos en Chequia, sobre todo, con los arquitectos jóvenes. Los apoyamos porque trabajan en construir el espacio en el que nosotros viviremos en el futuro”.

Cerveza checa de un cactus mexicano

Vladimír Komínek, foto: Eliška KubánkováVladimír Komínek, foto: Eliška Kubánková En el Día de la Ciencia e Innovación también se presentaron empresas checas. La compañía Ardanas Partners, por ejemplo, utiliza la planta nopal para hacer productos innovativos. Su director Vladimír Komínek explicó a Radio Praga la historia e importancia del cactus.

“La planta lleva el nombre de un rey maya, Nopal. Durante su reinado, el cactus se extendió entre la población maya, se usaba en la corte real así como en los ritos de culto”.

El nopal es una especie del género opuntia. Los cactus opuntia crecen en muchas partes del mundo, pero solo en México existe la especie que tiene los valores correctos para ser comestible.

Aparte de las vitaminas, minerales y aminoácidos, el nopal tiene una gran cantidad de fibra que es importante para el cuerpo humano. Komínek enumera los productos que su empresa fabrica utilizando esta planta.

“Hacemos postres, panes sin gluten, que tienen un sabor excepcional. También fabricamos cerveza de nopal, barras de frutas y proteínas, tés, chocolates, yogures y patés”.

Las plantas se cultivan en las afueras de las ciudades Pachuca y Cuernavaca. A la República Checa no se exporta la planta en sí, sino la harina que es procesada por los trabajadores locales. No fue fácil introducir los productos en el mercado checo, agrega Komínek.

Edgar Montúfar, foto: Eliška KubánkováEdgar Montúfar, foto: Eliška Kubánková “Lo logramos gracias a una tremenda diligencia. Para las personas que trabajan conmigo, además de obligación, tiene que ser un pasatiempo”.

Experiencias personales en el ámbito científico checo

El tercer pilar de la conferencia fueron las experiencias personales de los checos y mexicanos, que forman una parte integral de la cooperación mutua.

Uno de los científicos que presentó su proyecto fue Edgar Montúfar, investigador del Instituto Central Europeo de Tecnología en Brno (CEITEC). En entrevista a Radio Praga, dijo que no se podía comparar el enfoque de la ciencia en los dos países.

“El método científico y la forma de hacer la ciencia es universal, entonces se siguen los mismo criterios, hipótesis, tanto en México como en la República Checa y en todo el mundo. La forma de aplicarlo cambia precisamente porque somos personas, y es una forma personal de trabajar. Digamos que la ciencia es un punto en que todo el mundo converge, que tiene un lenguaje similar”.

“El método científico y la forma de hacer la ciencia es universal, entonces se siguen los mismo criterios, hipótesis, tanto en México como en la República Checa y en todo el mundo”.

En cuanto a su vivencia personal, dice que su estancia en Chequia ha sido en general positiva, tanto en términos de trabajo como en las relaciones personales.

“Yo creo que puedo decir que la experiencia ha sido totalmente positiva, en mi lugar de trabajo con mi grupo, la gente de mi círculo cercano, tengo muy buenos amigos. Familiarmente también, puedo decir que somos aceptados en la cultura, la gente se esfuerza por entendernos. Saben que no hablamos checo, así que se esfuerzan por explicarnos todo lo que sucede”.

Edgar Montúfar concluyó diciendo que con el tiempo por supuesto surge el compromiso de aprender a comunicarse en la lengua extranjera. Para adaptarse en el país y poder realizarse, hace falta tener la mente abierta y no resistirse a nuevas experiencias.