“La cerveza refleja el desarrollo de la civilización humana”

18-05-2011

Max Bahnson, el filósofo cervecero, brinda un entretenido y singular paseo por las cervecerías de la capital que más frecuenta en el libro ‘Praga: Guía Cervecera para Borrachines’, recién publicado. En él da su personal visión del líquido amarillo, una suerte de confesión impúdica de todo su credo cervecero.

En ‘Praga: Guía Cervecera para Borrachines’, el argentino Max Bahnson, que lleva radicado en Praga cerca de una década, habla de lo que sabe, de la cerveza, en un estilo similar al del blog que mantiene desde hace unos cuatro años y que lo ha convertido en toda una celebridad en el ámbito cervecero checo.

Sin pelos en la lengua, el filósofo cervecero despotrica contra la mayoría de las grandes marcas y celebra las microcervecerías más valientes, a la vez que va enumerando los bares y cervecerías de Praga que más le gustan.

“Destaco en mi libro, bueno, del centro, hablo de U Medviků, que tiene Budějovický Budvar y arriba tiene una microcervecería. Tengo U Dvou Koček, pero no por la Pilsen Urquell sino por la cerveza de la casa. Y al otro lado del río está U Hrocha, infaltable, y U Černého Vola, una cervecería clásica. Ahí tienen Kozel, que la tomo sin problemas, más si estoy en U Černého Vola. Yo voy a U Černého Vola por el lugar, no por la cerveza. La sirven muy bien, la tienen excelente, pero el lugar es fantástico, el lugar es una gema del centro de Praga, así que si voy a U Černého Vola no voy a degustar cerveza, voy a pasarla bien en ese lugar que me gusta mucho”.

Además destaca varias otras cervecerías de barrio, algunas no muy conocidas, otras total y completamente anónimas, pero en las que sirven cervezas especiales checas, que a él le gustan.

El libro ‘Praga: Guía Cervecera para Borrachines’ es una suerte de extensión del blog que Bahnson mantiene sobre la cerveza, en español e inglés.

“El libro es un trabajo completamente aparte. Por supuesto muchos de los lugares mencionados en mi blog aparecen acá, porque son lugares que a mí me gustan. Pero son una minoría. Hay más de 70 lugares mencionados y yo no creo que lleguen a la mitad los que están mencionados en mi blog. Es más completo. El tema es más de la cerveza que de la comida. La excusa es ir a tomar tal o cual cerveza. O si la cerveza está bien servida. Pero es también sobre el lugar y la atmósfera. Cómo uno se siente en ese lugar y por qué a mí me gusta este lugar. Algunos me gustan por la comida. Pero si tengo que elegir entre buena comida y buena cerveza, yo prefiero ir a tomarme buena cerveza”.

El criterio que tiene Max Bahnson para comprar cerveza no es el de la mayoría de los checos, que van al bar y piden casi siempre la más barata, la típica cerveza lager, rubia y espumante. Él no, él prefiere pagar un poco más a cambio de calidad y de un producto más refinado.

“A mí la plata me cuesta ganármela así que exijo a cambio de eso valor. No tengo problema en gastar 200, 300 coronas (alrededor de diez euros) por una botella de cerveza, si es que lo vale. Tengo una cerveza en casa, una por la cual pagué 400 coronas, la tengo hace un año, es holandesa y tranquilamente puede añejarse por diez, quince años”.

Por eso, porque vive en Praga, se siente un privilegiado, porque no es difícil encontrar una cerveza que le agrade. Y cuando va a un bar checo y ve a la gente tomando la famosa cerveza Corona mexicana, casi casi que le viene un patatús.

Max Bahnson, photo: Gonzalo NúñezMax Bahnson, photo: Gonzalo Núñez “La Corona es espantosa, es una de las peores cervezas que existen. La Corona es marketing, no es cerveza, es un producto de marketing. Yo no voy a discutirle los gustos a nadie, pero que alguien esté dispuesto a pagar 60, 70 coronas (cerca de tres euros) por Corona, estando en la República Checa, es algo que sinceramente no puedo entender”.

Similar opinión tiene de la Budvar estadounidense, que le quitó la marca a la Budvar checa, que sí es una cerveza de calidad, de las pocas marcas populares checas que rescata. Pero en cosa de gustos, todo es muy subjetivo, sostiene.

“La mejor cerveza que yo tomé en mi vida, de cualquier tipo, fue la primera que hice en casa. Cuando estaba lista y la tomé me pareció fantástica. Pero esa no fui a comprarla, esa la hice yo así que tiene otra carga, otro valor. Así que la mejor cerveza que tomé en mi vida fue en Creta, después de haber caminado los 16 kilómetros de la cañada de Samaria, y a la salida del parque nacional había un puesto que vendía cerveza tirada, no sé si era Mythos, Holster, Löwenbräu o alguna de esas cervezas que se consiguen por ahí, pero me pedí una y era como si me hubiesen dado un pedazo de cielo en un vaso de medio litro. Quizás me das esa misma cerveza ahora y me termina repugnando, pero en ese momento fue algo maravilloso”.

Una de las delicias checas que más le impresiona son las cervezas de tanque, algo inimaginable en otro país.

“La cerveza de tanque, tankové pivo, es algo maravilloso. Para empezar la cerveza de tanque es sin pasteurizar, lo cual significa que tenemos un producto mas sabroso con sabor más pleno. Para hacerte una idea, toma leche pasteurizada y homogeneizada y toma la misma leche sin pasteurizar, y vas a tener una idea de lo que te estoy hablando. Además de eso, el sistema mismo hace que tengamos un producto de mejor calidad porque esta cerveza, si no me equivoco, es de barril. Entonces para dispensarla tienen que usar presión de gas. Ese gas, por menor cantidad o por menor presión que se use, va a afectar el sabor de la cerveza”.

La cerveza de tanque es distribuida en camiones cisterna. La primera vez que Max Bahnson vio uno de estos camiones, no entendía nada.

“Entonces tenemos un producto que es una cerveza más limpia digamos. Y aparte, al menos Pilsen Urquell requiere un volumen mínimo de ventas antes de aceptar poner los tanques. O sea, que estamos hablando de que bueno, la cerveza está fresca. Que esos mil litros se tienen que vender lo más rápido posible, en cuestión de días. Y las andan distribuyendo en estos camiones cisterna. Eso, la primera vez que vi uno de estos camiones no lo pude creer, un camioncito de nafta pero con cerveza. Una cosa increíble. La primera vez que lo vi, no me terminaba de entrar en la cabeza. Me dije: ¿pero qué llevan ahí?”.

En cuanto a su alias, filósofo cervecero, sostiene que nació como una broma y quedó.

“Yo voy a los pub a tomar cerveza y a pasarlo bien. A veces, después de un par de cervezas ya empiezo a filosofar, pero eso yo creo que lo hacen todos. Después de que empecé a escribir el blog me empecé a interesar cada vez más en la cerveza. Yo empecé a escribirlo como alguien que tomaba cerveza y nada más. Y me empezó a apasionar el mundo de la cerveza y su historia. Y me di cuenta de que mucho del desarrollo de la industria cervecera refleja el desarrollo de la civilización humana. La industria cervecera fue una de las primeras en utilizar, por ejemplo, las máquinas de vapor. O la refrigeración artificial, o la pasteurización. Entonces refleja desarrollos tecnológicos y sociales que otros productos a tal escala no lo hacen”.

Y remata diciendo que esa es la razón por la que hoy en día, en muchos países están resurgiendo las cervecerías regionales. Porque la cerveza refleja una tendencia en la sociedad de volver a las raíces locales.

El libro ‘Praga: Guía Cervecera para Borrachines’, en español e inglés, se puede comprar a través del blog del filósofo cervecero.

18-05-2011