La Casa de la Madona Negra vuelve a convertirse en meca del cubismo

20-08-2015

Se trata de uno de los grandes ejemplos de la arquitectura cubista, pero desde hacía años se encontraba en letargo. Ahora la Casa de la Madre Negra de Dios (Dům U Černé Matky Boží), en el centro histórico de Praga, volverá a albergar exposiciones tras haber pasado por una restauración de sus interiores.

La Casa de la Madre Negra de Dios, foto: Archivo de ČRo - Radio PragaLa Casa de la Madre Negra de Dios, foto: Archivo de ČRo - Radio Praga Cuando se hace referencia al cubismo la tendencia natural es a pensar sobre todo en las pinturas de Pablo Picasso. Sin embargo este movimiento de vanguardia tuvo también su faceta arquitectónica, desarrollada sobre todo en Praga. Una de las obras simbólicas es la Casa de la Madona Negra, que este otoño volverá a convertirse en punto clave de este estilo, al volver a albergar una exposición sobre arte y diseño cubista.

Y es que al mismo tiempo que se desarrolló una arquitectura cubista, nació con ella un arte decorativo capaz de llenar de forma coherente sus interiores. Las formas complejas, de ruptura con las líneas tradicionales, que exhibían armarios, espejos o sillones, aunque fascinantes desde el punto de vista actual, no fueron bien aceptados en su día, afirma la comisaria de la exposición, Lucie Vlčková.

Lucie Vlčková, foto: Archivo de Lucie VlčkováLucie Vlčková, foto: Archivo de Lucie Vlčková “Muchas veces se les reprochaba que los muebles no eran totalmente funcionales, o que la cuestión de la funcionalidad quedaba de lado. Si por ejemplo observamos las patas de esta mesa, vemos que están retorcidas, y que parece incluso que la mesa a duras penas puede mantenerse en pie”.

Los muebles cubistas solían ser inestables y deteriorarse rápido, pero rompieron los estereotipos de cómo debía ser un objeto, abriendo la puerta a posteriores evoluciones. La exposición, que abrirá sus puertas en otoño, ofrecerá sobre todo piezas de mobiliario de artistas checos como Pavel Janák, Josef Gočár, Vlastislav Hofman, Josef Chochol, Otakar Novotný y Antonín Procházka. Los muebles cubistas se alternarán con cerámica, adornos metálicos, tapetes ornamentales, pósteres y dibujos.

La unión de objetos de uso práctico con arte propiamente dicho se hará realidad gracias a pinturas y esculturas de Emil Filla, Bohumil Kubišta, Josef Čapek, Václav Špála, Otakar Kubín y Otto Guttfreund.

Un espacio expositor, obra de arte en sí mismo

Estatuilla de la Madre de Dios, foto: Matěj Baťha, Wikimedia CC BY-SA 3.0Estatuilla de la Madre de Dios, foto: Matěj Baťha, Wikimedia CC BY-SA 3.0 La Casa de la Madona Negra fue construida en 1912 por el arquitecto Josef Gočár en plena Ciudad Vieja de la capital checa, en el lugar ocupado por dos edificios barrocos. De ellos se conservó únicamente una estatuilla de la Madre de Dios, que por su piel negra daba nombre a una de las casas originales. La escultura fue heredada por el edificio sucesor y situada en una de las esquinas, y de la misma forma la nueva casa asumió el antiguo nombre.

Lo que sin duda se trató de un atentado contra el patrimonio, lo fue aún más al no respetar Gočár las prescripciones del Ayuntamiento, que obligaban a que la nueva construcción armonizara estilísticamente con su entorno. Gracias a la rebeldía del arquitecto la ciudad disfruta ahora de un edificio único, inscrito desde 2010 en la lista de Monumentos Culturales Nacionales.

De hecho uno de los alicientes de la muestra es poder acceder a los recién restaurados interiores de la casa, de gran valor arquitectónico, como señala la directora de la Academia de Artes, Diseño y Arquitectura de Praga, Helena Koenigsmarková.

Foto: Archivo del Museo de Artes AplicadasFoto: Archivo del Museo de Artes Aplicadas “Gočár utilizó la morfología del cubismo no solo en la fachada sino también en los espacios interiores. Se ve muy bien desde el último piso del edificio, desde donde se aprecia la barandilla y el hueco de la escalera, con su superposición de formas geométricas”.

La Casa de la Madona Negra fue en sus comienzos un centro comercial, con una vinería en la planta baja, una cafetería y una tienda de textiles. En los años 30 entró sin embargo en decadencia, al mismo tiempo que lo hizo el cubismo como corriente artística, y el edificio fue progresivamente ocupado por oficinas.

Helena Koenigsmarková, foto: Martina SchneibergováHelena Koenigsmarková, foto: Martina Schneibergová No obstante, a partir de los años 90 el edificio volvió a cobrar interés, al tiempo que lo hacía Praga como destino turístico mundial. Un gran acierto, según Koenigsmarková, fue la restauración de la cafetería a su estado original.

“Se trata realmente de un compendio de todos los elementos que comprendía entonces el movimiento cubista, desde los percheros y las lámparas a la mantelería”.

El Museo del Cubismo Checo, cuyas actividades se renuevan, fue inaugurado en 1994 tras unas obras de reconstrucción. A partir de 2003 pasó a formar parte de la Galería Nacional.

20-08-2015