Don Quijote, una constante en la obra del pintor Karel Souček

La figura de Don Quijote fascinó desde muy joven al pintor checo Karel Souček. Una exposición organizada por el Instituto Cervantes de Praga se centra en este aspecto de su obra.

Vencedor, 1968, foto: Enrique MolinaVencedor, 1968, foto: Enrique Molina Se inauguró en el Instituto Cervantes este miércoles una exposición del pintor checo Karel Souček (Kladno, 1915-1982). Las obras, de colección privada y que han podido ser reunidas gracias a la participación de la familia del pintor, pertenecen a una serie que el artista dedicó a lo largo de su vida a la figura de Don Quijote.

El personaje cervantino se convirtió en un motivo fundamental dentro de la obra de este pintor checo, que ya en su juventud leyó la novela de Cervantes y quedó maravillado por sus símbolos y sus significados.

Pavel Štěpánek, foto: Carlos FerrerPavel Štěpánek, foto: Carlos Ferrer En Radio Praga pudimos hablar con el comisario de la exposición, el historiador del arte e hispanista Pavel Štěpánek, catedrático en la Universidad Palacký de Olomouc y profesor en la Universidad Carolina de Praga.

Asombra la fijación de este autor checo con Don Quijote, que se manifestó a lo largo de toda su trayectoria artística. Como nos explica el profesor Štěpánek, el interés de Souček por este personaje tiene relación con una lucha por buscar el ideal.

“Para Karel Souček la figura de Don Quijote es decisiva, él se identifica en su lucha por el ideal, aunque sabe que está perdido de antemano. Pero sigue luchando, sigue cayendo, sigue siendo herido, pero no cesa de luchar por esos ideales. Hablando de su vida artística es precisamente que piensa que esta vida, pintar cuadros, es una especie de lucha interna que debe presentar algunos resultados y estos resultados dependen del ideal. Para Souček, Don Quijote es un ejemplo ideal de cómo luchar por su personalidad”.

Caballero, 1941, foto: Enrique MolinaCaballero, 1941, foto: Enrique Molina Es decir, para Souček, el artista y Don Quijote, cada uno a su manera, son luchadores idealistas que a pesar de los contratiempos nunca se rinden. De esta forma, se sintió identificado con su lucha.

“Don Quijote lucha con los molinos, y el pintor lucha contra la incomprensión del público, algo así podemos decir que fue el móvil de Don Quijote en la obra de Karel Souček”.

Además, cabe destacar que Souček no solo incluye la figura del caballero en sus cuadros, sino que bebe al mismo tiempo del mundo y de los paisajes que rodean a Don Quijote, y el propio autor resaltó en una entrevista su fascinación por cómo una figura idealista como Don Quijote convive con un personaje tan pragmático como Sancho Panza. Esto nos lo confirma Štěpánek.

“Naturalmente lo deja acompañar por Sancho Panza, como un personaje ligado a la realidad. Pero por otra parte, en cualquier escudo observamos una imagen de Dulcinea, la mujer ideal que guía al artista, que guía al personaje a un futuro mejor, aunque no se cumpla”.

Se sabe que el pintor checo tuvo acceso a la obra de Cervantes desde muy joven, pues la primera de sus obras que hace referencia a este motivo data de 1938. Pero la presencia de Don Quijote en el territorio de la actual Chequia viene desde mucho más atrás en el tiempo, afirma Štěpánek.

“Desde hace 400 años, porque tenemos testimonios de que la primera edición de Don Quijote llegó a manos del cardenal Dietrichstein, que era el arzobispo de Olomouc y que era de origen español porque su madre era española. Entonces él dominaba el español y leía a Don Quijote en español. Luego, las familias nobles del siglo XVIII lo leían en francés y en alemán. Incluso tenemos noticias de que una condesa de nombre Paara mandó construir la torre de una iglesia en el estiló que leyó en Don Quijote. Esto no ocurre en ningún otro país europeo, ni siquiera en España. Entonces, eran unos lectores muy atentos y muy asiduos”.

Paisaje de Don Quijote, 1978, foto: Enrique MolinaPaisaje de Don Quijote, 1978, foto: Enrique Molina Por lo tanto, los ejemplares que llegaron los primeros siglos tras su publicación solo podían ser leídos por las familias con un estatus superior, con conocimientos de otras lenguas, pero el impacto fue aun así notable. Desde el siglo XIX la obra comenzó a ser accesible en checo, como nos cuenta el profesor Štěpánek.

“En el siglo XIX, ya aparecen desde 1835 traducciones de Cervantes al checo, y estas traducciones mejoran a finales del siglo XIX. Y en el siglo XX luchan entre sí tres traducciones diferentes. Y hasta ahora tenemos unas traducciones excelentes, pero estilísticamente diferentes”.

Pero Don Quijote no fue el único nexo de unión entre el pintor checo y el mundo hispánico. Llama la atención que el pintor mexicano Diego Rivera, que estuvo casado con Frida Kahlo, tuviera un papel, de cierta manera accidental, en el futuro profesional de Karel Souček. Y eso se debió a una visita que el pintor mexicano realizó a Praga cuando volvía de Moscú, tras haberse sometido allí a una operación.

“Lo más curioso es que cuando lo expulsaron de la Academia como asistente, volvió el año 1958 gracias al pintor mexicano Diego Rivera. Porque Diego Rivera lo visitó en su taller y quedó sorprendido por la calidad de su obra. Entonces, antes de irse a México, al pasar por Praga, visitó el taller de Souček en Kladno y al salir pidió una obra de Souček. Entonces todo el mundo preguntaba quién era Souček. Y esto le dio un empuje para llegar a ser profesor de la Academia de Bellas Artes, luego rector. O sea, hay unas ligaciones extrañas con el mundo hispánico a través de Don Quijote o a través de Diego Rivera”.

Karel Souček perteneció al conocido como Grupo 42. Una agrupación de artistas checos con una base teórica común que reunía, entre otros, a poetas, pintores y fotógrafos. Este grupo mostraba, por lo general, un gran interés en reflejar la vida de los ciudadanos comunes en conexión con los avances tecnológicos, como las fábricas y los trenes. En este sentido, aunque Karel Souček enlaza con el realismo socialista en su intención de mostrar el día a día de los trabajadores, se puede destacar que su retrato es más gris que el retrato triunfante que quiere mostrar el realismo socialista más oficial.

“Karel Souček formaba parte del llamado grupo 42. El grupo 42 surgió en plena guerra y su propósito era captar y relatar la vida común, la vida diaria tal como pudieron observarla en la ciudad. Y Souček, por ejemplo, es autor de muchas visiones de restaurantes, de bares, de estaciones de ferrocarril, donde la gente vive, digamos, su vida gris, su vida normal. Con lo cual contradijo un poco la teoría del realismo socialista que vino a imponerse oficialmente desde el año 1948 cuando los comunistas tomaron el poder. O sea, él no coincidía en lo político, pero en lo artístico sí. Era un realista, un observador de la vida. Y en este sentido, Souček sigue siendo un gran pintor”.

Las obras de Karel Souček estarán en la sala de exposiciones del Instituto Cervantes hasta el 24 de octubre.