Cuatro pintores españoles invaden Praga en verano

Santi Tena, Gonzalo Sicre, Joel Mestre y Angel Mateo Charris son cuatro amigos provenientes del Levante español, que comprende las zonas de Valencia y Murcia, y acaban de llegar a Praga para quedarse todo el verano.

Se trata de cuatro artistas plásticos españoles, cuyas edades van de los 28 a los 45 años, que se conocieron, hace ya mucho tiempo, en la galería de arte My name's Lolita, ubicada en Valencia, que trabaja exclusivamente con artistas figurativos.

Estos cuatro colegas acaban de inaugurar una muestra colectiva en Praga, en la sede del Museo de Bellas Artes Checo ubicada en calle Husova, cerca de la Plaza de la Ciudad Vieja y justo al lado del Tigre Dorado, la mítica cervecería que fue la favorita del gran Bohumil Hrabal.

Cuatro Pintores Españoles es el nombre de la exposición, que permanecerá abierta hasta fines de septiembre, y en ella se puede apreciar lo más característico del recorrido pictórico de estos abanderados de la figuración.

Angel Mateo Charris, el mayor de ellos, nació en Cartagena, Murcia, en 1962, y nos cuenta que ha traído a Praga su obra más reciente, que resume las obsesiones que actualmente le guían.

"Pues he traído una producción toda de este año, del 2007. Una serie de piezas en las que estoy trabajando ahora, que también reflexionan sobre la historia de la pintura, sobre lo que hace otra gente coetánea dentro del mundo del arte", comenta Charris.

Y puestos a hablar de los puntos en común entre ellos, Charris es enfático en señalar que los cuatro beben de las mismas fuentes, que son variadas, como el cine, el comic, la literatura y la fotografía.

"Lo que nos une básicamente es un lenguaje figurativo, un lenguaje en el que caben muchas cosas y que retoma técnicas y modos de otros medios, y que se apropia de historias del comic o del cine o la literatura, y que tiene una base narrativa; casi todos queremos contar historias en un cierto modo", sostiene este artista plástico.

Charris agrega que además de ser amigos, muy temprano tomaron una misma opción por el arte, la que se refleja en sus respectivas obras, que pueden, a veces, no parecerse en nada, pero que respiran de las mismas fuentes.

Joel Mestre es de Castellón de La Plana y nació en 1966. Sus cuadros, esos que trajo a Praga, no tienen mucho en común con los de sus compañeros, estilísticamente hablando, pero él tiene una explicación.

"A mí siempre me ha atraído mucho la pintura y de qué forma actualmente está conviviendo con su entorno mediático y tecnológico. Me atrae bastante lo que es el medio de Internet y cómo la pintura puede extraer una realidad de ese nuevo entorno. En este caso, estas obras son imágenes extraídas de un simulador de vuelo, de videojuegos, de software y, bueno, son imágenes que he ido manipulando a partir de ahí", comenta Mestre.

Las enigmáticas pinturas de este artista llevan títulos como Marvazelanda, Cuzco, o Cessna de sillón mullido, y aunque se alejan un poco de la ideología del grupo, él defiende sus puntos en común.

"A nivel formal, yo creo que hay un interés narrativo en la obra, muy influenciado por los medios de comunicación de masas, por otros medios indirectos como la fotografía, el cine, la literatura y bueno todo eso digamos que mezclado en una coctelera. Y cada uno lo ha desarrollado de una manera", agrega el artista.

Joel Mestre es doctor en Bellas Artes por la Universidad Politécnica de Valencia y, además de profesor y teórico, tiene a sus espaldas una larga lista de exposiciones individuales y colectivas que le hacen el más experimentado del grupo.

Gonzalo Sicre, que aunque nació en Cádiz, en 1967, se siente casi valenciano, y allí vive y trabaja, dice que tuvo que reunir apurado el material que trajo a Praga, ya que esta exposición le coincidió con otra en España.

"Lo que traje es obra de varios años, hay una que se titula El Padre, que es del año pasado, hay otras de un viaje a Cabo Cod, tras las huellas de Hopper, que es del 97, hay también un viaje a la India, o sea que en realidad hay poca conexión porque son de varios periodos. Entonces, sí es obra que he hecho yo, pero en distintos años, con lo cual no está tan unificada como si hubiera sido de este año", explica Sicre.

Este artista reconoce una deuda inmensa con Edward Hopper, maestro de la figuración moderna, y sus cuadros, los que trajo a Praga, están impregnados de una hermosa melancolía, que se queda pegada en la piel. Gonzalo Sicre dice ser a veces narrativo, a veces conceptual en su trabajo, dependiendo de su estado de ánimo, aunque siempre con un pie en lo figurativo.

"Porque todos trabajamos con la figuración, yo soy el menos irónico y grotesco, voy por otro camino, yo trabajo de otra forma, me centro más en la imagen, soy narrativo también, pero a veces soy más conceptual, en fin, según como me vaya", cuenta el pintor.

Sicre comenta que para realizar sus obras se apoya mucho en la fotografía y que su filosofía de trabajo es vaciar lo que está lleno y llenar lo que está vacío.

Santi Tena es el más joven y locuaz del grupo. Nació en Valencia, en 1970. Sus cuadros son juguetones y coloridos y están influidos por la cultura popular de todo el mundo, como él explica, sobre todo los que trajo a Praga.

"Es una serie de siete cuadros y que yo creo que es un buen resumen de mi trabajo, quiero decir para mostrar los registros en los que me muevo habitualmente. Yo diría que practico una figuración colorista y popular porque utilizo muchos elementos de la cultura popular tanto española como americana como de todo el mundo", cuenta Santi Tena.

El artista se vale del tango Cambalache para explicar su posición ante el arte, ya que hoy en día todo está mezclado.

"El concepto en mi obra es esa maraña en la que vivimos hoy en día, esa confusión, ese todo vale, todo se mezcla, como dice el tango argentino, Cambalache, lo mismo hoy en día es un burro que un gran profesor, pues eso son un poco mis cuadros, todo se mezcla, lo alegre y lo triste pero siempre tratando de dar visualmente un contenido alegre, con un color, por supuesto, como provengo de Valencia, que es una ciudad tan luminosa, pues siempre para mí la luz es importantísima", agrega el pintor.

Santi Tena reconoce que quizás los cuadros de estos cuatro pintores españoles no se parezcan en nada entre sí, pero que el vínculo que les une está siempre presente. También sostiene que gracias a ellos se puede hablar de una nueva figuración valenciana. Y, por encima de todo, está esa amistad que les une y que les trajo a Praga juntos en verano.