Cada objeto del Museo recuerda a una víctima del holocausto

09-10-2004

El Museo Judío de Praga recordó en estos días el décimo aniversario de la devolución de sus bienes, confiscados primero por los nazis y después por los comunistas.

Según destacó el director del Museo, Leo Pavlát, durante el régimen fascista fueron destruidos numerosos monumentos judíos. Sin embargo, las valiosas colecciones del Museo Judío de Praga sobrevivieron a la Segunda Guerra Mundial casi intactas.

Los nazis cometieron un genocidio contra los ciudadanos judíos, a pesar de ello, toleraron los testimonios materiales de su existencia. Algunos historiadores buscan una explicación a este pragmatismo perverso de los nazis especulando que planeaban crear un museo de una rasa desaparecida. Aunque para ello no existe prueba, apuntó el director del Museo Judío de Praga, Leo Pavlát. "Durante la Segunda Guerra Mundial, la Comunidad Judía propuso a las autoridades fascistas que los bienes judíos confiscados fuesen reunidos en Praga. Los nazis aceptaron la idea. En la capital checa fueron reunidos miles de objetos que, bajo la supervisión de especialistas judíos, fueron depositados en el Museo Judío, cerrado entonces para el público".

A causa de las confiscaciones, las colecciones del Museo se acrecentaron considerablemente. Según subrayó Leo Pavlát, cada objeto de sus colecciones simboliza a un ser humano desaparecido para siempre. Por ello, el Museo Judío de Praga es un verdadero monumento a la memoria de miles de víctimas del genocidio.

En los próximos años, el Museo Judío de Praga se propone dedicar mayor atención a la presentación del legado cultural judío como parte inseparable de la historia y de la cultura checas. Y ello no sólo en Praga, sino en todas las regiones del país, afirmó Leo Pavlát.

Además, en la República Checa existen aún numerosas sinagogas abandonadas que, después de ser reconstruidas, podrían servir para actividades educativas o para la instalación de exposiciones.

Entre los planes para el futuro del Museo Judío de Praga figura también la ampliación de las actividades editoriales, así como la creación de nuevos programas culturales y, sobre todo, educativos. Porque la educación hacia la tolerancia, junto con el conocimiento de la historia, son armas poderosas en la lucha contra el racismo, afirmó Leo Pavlát, director del Museo Judío en Praga.

 

Raquetas de tenis, sombreros, cartas personales, afiches y fotografías se pueden ver en una exposición sobre Lída Baarová, una de las estrellas del cine checo de los años 30.

La muestra documenta su carrera artística, así como la turbulenta vida de la actriz, señaló el comisario de la exposición, Milan Wolf.

"El mayor atractivo son los afiches originales de las películas de Lída Baarová. Valioso es también un fotograma del rodaje de su primera película "Carrera". Este papel fue para Baarová su primer éxito".

Gracias a su belleza y talento, Lída Baarová pronto llamó la atención de los directores de cine alemanes. En Berlín rodó muchas películas y se convirtió en una de las actrices más populares, destacó Milan Wolf.

"El nombre de Baarová garantizaba a los productores alemanes éxito e ingresos. No obstante, estando allí, Baarová nunca cambió de nombre, tal como lo hicieron muchas de sus colegas checas. Tanto más trágica e inexplicable resulta su escandalosa relación amorosa con el ministro de Propaganda nazi, Josef Goebbels".

Después de la Segunda Guerra Mundial, Baarová fue acusada de colaboración con los nazis y condenada a un año y medio de prisión.

En los años 50 y 60, Lída Baarová rodó películas en Europa, sobre todo, en Italia. Una de ellas, "Almas sin conciencia", con el famoso director de cine italiano, Federico Fellini que, sin embargo, solía decirle que era demasiado guapa para actuar en sus películas.

Además del cine, Lída Baarová se dedicó entonces al teatro. Actuaba en escenarios de Alemania y, sobre todo, de Austria. Al final de su vida se asentó en la ciudad austríaca de Salzburgo, donde vivió hasta su muerte en octubre de 2001.

09-10-2004