Voluntarios checos están regenerando el Bosque Masaryk en Israel

Un equipo de voluntarios checos está ayudando a regenerar el Bosque Masaryk en Israel, que se plantó a principios del siglo XX.

Foto: Štěpán Macháček, ČRoFoto: Štěpán Macháček, ČRo

El Bosque Masaryk fue plantado en Israel por los trabajadores checos y eslovacos de la comuna agrícola o ‘kibutz’ Sarid en 1930, en el marco del 80 cumpleaños del primer presidente de Checoslovaquia, T. G. Masaryk. Más tarde el bosque fue olvidado y se empezó a deteriorar, hasta que se redescubrió por casualidad hace dos años.

Jiří Drahoš, foto: Alžběta Švarcová, ČRoJiří Drahoš, foto: Alžběta Švarcová, ČRo En la huella checoslovaca en el norte de Israel, cerca de la ciudad de Nazaret, un equipo de voluntarios está quitando los restos causados por ataques aéreos y plantando nuevos árboles en su lugar. Les gustaría terminar con el proyecto en un año, cuando se celebrará el 170 aniversario del nacimiento de Masaryk.

Por ahora, los voluntarios checos están plantando un número simbólico de alfóncigos y olivos. En la restauración del bosque participó el senador Jiří Drahoš, quien habló con un redactor de la Radiodifusión Checa en Israel.

“Estoy aquí de vacaciones con mi esposa. Aprovechamos la amistad con la gente de KKL y decidimos volver a Israel después de algún tiempo. Parte del plan fue ayudar a cultivar nuevos árboles en el bosque”.

KKL es la abreviatura del Fondo Nacional Judío (Keren kajemet le-Jisra'el), cuya sucursal inició la regeneración del Bosque Masaryk. Sólo recientemente la organización se enteró de que el bosque existía, y esto más o menos por accidente, dice la directora de la sucursal checa de KKL, Zoša Vyoralová.

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“Sucedió un milagro cuando uno de los miembros de nuestro comité, Míša Vidláková, quien sobrevivió al campo de concentración de Terezín cuando era niña, fue a Israel para seguir las huellas de su padre, quien fue uno de los fundadores del kibutz Sarid. Y cuando estuvo en el kibutz y buscaba fotografías, habló con una de las archivistas, Ajelet, y esta le dijo: ‘Aquí a la vuelta de la esquina tenemos el Bosque Masaryk’”.

El bosque quedó abandonado durante décadas, a pesar de que en su tiempo, a principios del siglo XX, era bastante conocido, prosigue Vyoralová.

Foto: Štěpán Macháček, ČRoFoto: Štěpán Macháček, ČRo “A lo largo de Checoslovaquia, los ciudadanos recaudaron dinero para plantar más de 13 000 árboles, y el entonces presidente Masaryk consintió que el bosque cerca del kibutz Sarid llevara su nombre”.

Los voluntarios checos planean colocar tableros de información en el lugar, construir una vía ciclista y áreas de picnic. Quieren asimismo fundar un pequeño museo dedicado al primer presidente checoslovaco y su hijo Jan.

John Eisner, residente del kibutz Sarid con antepasados checos, aprecia el valor del proyecto.

“En la actualidad hay diez o quince personas con raíces checas en el kibutz Sarid. El proyecto de restauración del Bosque Masaryk fue iniciado por casualidad, y es algo fantástico. En el otoño tuvimos un grupo de seis voluntarios checos aquí que cortaban árboles viejos, trabajando desde las siete de la mañana hasta las cinco de la tarde, son grandes personas”.

El pequeño bosque en las afueras de Nazaret se ve diferente que los bosques checos. En la zona crecen sobre todo pinos de Alepo, cipreses, olivos y algarrobos.

Se puede ver también hierba verde fresca, sobre todo en los meses de marzo y abril. La colza florece de color amarillo y el suelo se va cubriendo con hermosas alfombras de ciclamen.

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