Transporte de animales y plantas protegidos en el aeropuerto de Praga

La Policía de aduanas encuentra a menudo en el aeropuerto de Praga personas que transportan algunos elementos de origen animal o vegetal que no están permitidos.

Foto: ČT24Foto: ČT24 El aeropuerto Václav Havel de Praga detectó durante el año 2018 unos 140 casos de importación y exportación de animales y plantas protegidos, o de productos derivados de los mismos.

Šárka Miškovská, foto: archivo de la Administración Aduanera de Praga – RuzyněŠárka Miškovská, foto: archivo de la Administración Aduanera de Praga – Ruzyně Entre los productos requisados pueden encontrarse corales, suculentas o caparazones de tortuga, por ejemplo. En muchos casos, se trata de personas que traen un recuerdo tras un viaje a un país exótico y desconocen que están realizando una actividad ilegal.

Por otra parte, las autoridades llaman la atención sobre el crecimiento en los últimos años de casos relacionados con la medicina asiática, cuyos ingredientes incluyen frecuentemente elementos con los que está prohibido comerciar, como explica para la Radiodifusión Checa la portavoz de la Administración Aduanera de Praga – Ruzyně, Šárka Miškovská.

“Hay diferentes tinturas, ungüentos y pastillas que están hechas a partir de materiales vegetales o animales. Por ejemplo, veneno de serpiente, bilis de oso, o varios tipos de plantas que se encuentran en dichos productos”.

La abundancia de productos relacionados con la medicina asiática la confirma asimismo Erik Geuss, director de la Inspección Checa del Medio Ambiente.

“Se trata principalmente de corales duros de diferentes tipos y de conchas. Además, en los últimos años tenemos muchos problemas con la medicina asiática, que los ciudadanos asiáticos traen de sus países de origen y que ahora mismo suponen el 60% de lo que la Inspección Checa del Medio Ambiente confisca”.

Otras veces, se trata de grupos organizados que trafican con elementos de origen animal. En muchos casos, son animales que están incluso protegidos por la ley, añade Šárka Miškovská.

Foto: ČT24Foto: ČT24 “En el año 2014 tuvimos un caso de una persona que quería llevar a Asia dos esqueletos de tigre, también hemos tenido casos con cuernos de rinocerontes y colmillos de elefantes. Aunque actualmente hay menos actividad“.

No obstante, y como señala Miškovská, ahora la situación está más tranquila. En los últimos dos años el aeropuerto de Praga no ha detectado ningún caso en el que se intentase transportar un animal protegido vivo para su venta.

En el Museo de la Policía, en Praga, está a disposición de los visitantes una exposición sobre el comercio ilegal de animales donde se pueden ver algunos elementos confiscados a los traficantes. Además, se explica al público la importancia de la Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres, un acuerdo internacional para la protección de animales y plantas.

En la República Checa, el transporte de especies protegidas está castigado con multas de hasta 58 000 euros, y en los casos más graves, con penas de hasta ocho años de prisión.