Las coníferas hacen la fotosíntesis de forma totalmente diferente, descubren científicos checos

18-07-2016

Dos biofísicos de la Universidad de Olomouc han descubierto que el proceso de fotosíntesis realizado por las coníferas es distinto que en el de otros tipos de plantas. A pinos y abetos les faltan dos proteínas absorbentes de luz que sí existen en otros vegetales terrestres.

Foto: Archivo de Radio PragaFoto: Archivo de Radio Praga Los biofísicos checos Roman Kouřil y Petr Ilík han desatado un amplio debate internacional con su último artículo, publicado en una revista científica de prestigio. De acuerdo con sus observaciones, las plantas coníferas se distinguen de otros grupos vegetales terrestres por carecer de dos proteínas consideradas clave en su proceso de fotosíntesis.

De esta forma, pinos, abetos, cipreses y otras plantas de este grupo transforman la luz en energía de forma distinta, una diferenciación que pudo iniciarse tras la catástrofe planetaria conocida como Great Dying, explica Ilík.

Roman Kouřil y Petr Ilík, foto: Blanka Mazalová, ČRoRoman Kouřil y Petr Ilík, foto: Blanka Mazalová, ČRo “Las coníferas como las conocemos hoy se desarrollaron en la Tierra hace aproximadamente 250 millones de años, cuando el planeta se vio afectado por una de sus mayores catástrofes naturales, la explosión de un supervolcán. Las condiciones de vida de la Tierra se vieron afectadas de forma fundamental. Durante la catástrofe se extinguió más de un 70% de todas las especies, tanto de animales como de plantas. Y con estas condiciones probablemente fue para estas plantas una ventaja no usar estas dos proteínas o eliminarlas de su genoma”.

La cuestión es pues por qué en su proceso evolutivo las coníferas perdieron estas proteínas. Una de las hipótesis es que tuvieron que enfrentarse a luz de alta intensidad, explica Kouřil.

Foto: Štěpánka BudkováFoto: Štěpánka Budková “Las plantas que crecen en lugares donde hay alta intensidad de luz regulan de alguna forma estas dos proteínas. No las pierden, pero sí que regulan y reducen su cantidad”.

Como es lógico las próximas investigaciones de Kouřil e Ilík se enfocarán en desentrañar el misterio de qué ventaja tiene la ausencia de estas dos proteínas en las coníferas, ya que resulta imposible que a lo largo de 250 millones de años este rasgo haya permanecido sin que les otorgue algún tipo de ventaja evolutiva.

18-07-2016