Amor por el español y por la cultura mexicana

07-12-2007

Anna Tkáčová es una traductora que acaba de publicar la versión al checo de Querido Diego, te abraza Quiela, de Elena Poniatowska. Antes ya había traducido otro libro de esa escritora mexicana y uno de Carlos Fuentes. Y desea seguir con Sergio Pitol y Carlos Monsiváis, porque todo lo mexicano le apasiona.

 Anna Tkáčová (a la izquierda) y Zdenka Procházková (Foto: autor) Anna Tkáčová (a la izquierda) y Zdenka Procházková (Foto: autor) Aprendió español escuchando las canciones de Víctor Jara, como Te Recuerdo Amanda o Plegaria a un Labrador. En aquel entonces, los años 70, Anna Tkáčová era muy joven y decidió no sólo disfrutar de la música, sino entender las palabras del cantautor chileno.

“Primero nació mi amor por el español gracias a las canciones de Víctor Jara, como Plegaria a un labrador, que en los años 70 la tocaban mucho acá en la República Checa. Yo quería saber qué significaban esas palabras. Y así nació mi encanto por el español”, explica.

Después entró a estudiar lingüística en la Universidad Carolina, se graduó con honores, entró a trabajar en la Biblioteca Nacional Clementinum y en sus ratos libres, comenzó a desarrollar una secreta pasión por la cultura y la literatura mexicanas.

Tanto que comenzó a traducir. Primero secretamente. Hasta que en 2003 publicó la versión checa de El espejo enterrado, un ensayo de más de 300 páginas de Carlos Fuentes.

Ahora acaba de ser publicada, justo antes de las navidades, Querido Diego, te abraza Quiela, novela epistolar de Poniatowska que narra la trágica relación sentimental entre el muralista mexicano Diego Rivera y la pintora rusa Angelina Beloff. En esa traducción, Anna Tkáčová trabajó dos años y dice que casi no enfrentó problemas.

“En comparación con otros libros que he traducido, no tuve casi ningún problema porque está escrito en una lengua muy fluida y en cuanto al vocabulario, casi ninguna dificultad, excepto esa palabra que he mencionado, la caucasiana, porque no sabía si es de veras la mujer que proviene del Cáucaso o si se trata de la mujer de piel blanca”, indica.

Antes ya había traducido, también de Poniatowska, Las siete cabritas, un retrato de siete importantes mujeres de la cultura mexicana, libro que sí le dio algunos dolores de cabeza.

“Al traducir Las siete cabritas tuve algunos problemas porque había coloquialismos, había algunas reminiscencias que tocaban la realidad pura mexicana que si uno no vive allí no puede conocer, entonces me ayudó el agregado cultural mexicano para resolver algunas dificultades”, sostiene.

Dice que le gustaría intentar traducir otros libros de Poniatowska, más difíciles, para los que se necesita saber de la realidad política y social de ese país.

“Por ejemplo, me gustaria traducir Hasta no verte, Jesús mío, pero me parece muy difícil. El tren pasa primero también, porque además hay que conocer la realidad, los acontecimientos, la política, esas cosas”, puntualiza.

Anna Tkáčová confiesa que traducir Querido Diego fueron casi vacaciones para ella, comparado con el trabajo que le precedió.

“Querido Diego fue una maravilla, casi unas vacaciones, porque antes de esto traduje a un español de las postrimerías del siglo XIX, Angel Ganivet, un libro filosófico, Idearium Español, y eso fue muy difícil”, indica.

Anna Tkáčová declara que le gustan mucho tanto las novelas como los trabajos periodísticos de Elena Poniatowska, pero además hay otros escritores mexicanos por los que siente admiración, empezando por Carlos Fuentes.

“Admiro mucho a Poniatowska, pero además de ella me interesa y encanta Carlos Fuentes, del que ya traduje El Espejo Enterrado. También Sergio Pitol, Carlos Monsiváis, la literatura mexicana en general y además me interesa la época de la Revolución Mexicana”.

Y agrega que en el futuro le encantaría poder seguir traduciendo libros de Carlos Fuentes, Sergio Pitol, Carlos Monsiváis, la misma Poniatowska. Porque siente una verdadera pasión por la literatura mexicana y más que un trabajo, lo considera un placer.

07-12-2007