"Al alcohol recurren personas que no tienen nada que hacer"

08-04-2005

Según las estadísticas, en la RCh cada adulto consume anualmente en promedio once litros de bebidas alcohólicas. Un millón de checos tiene problemas con el alcohol y su consumo crece cada vez más, llegando a convertirse en un serio problema. Anualmente, más de once mil checos se someten a tratamiento antialcohólico, al tiempo que un número cada vez mayor de menores de edad considera imposible divertirse en una discoteca sin tomarse al menos un cóctel. Según un reciente sondeo, un 16 por ciento de varones y un 9 por ciento de muchachas de trece años de edad, una vez a la semana consumen bebidas alcohólicas. Entre los quinceañeros lo hace el 32 por ciento de los varones y el 19 por ciento de las muchachas. De acuerdo a la ley, el alcohol puede ser consumido en este país sólo por personas mayores de 18 años...

Sobre el tema conversamos en esta A Toda Marcha con varias personas de distintas edades y profesión.

Verónica tiene 16 años, vive en un pueblo, pero estudia en un liceo en la ciudad de Pardubice, Bohemia Oriental. Sus experiencias con el alcohol son nulas, según dice.

"A decir verdad, nunca sentí necesidad de tomar bebidas alcohólicas. Mis padres no me lo prohiben, será porque me conocen y saben que prefiero el deporte a las bebidas alcohólicas. A mi juicio, el alcohol lo consumen personas que no tienen nada que hacer".

Las palabras de Verónica podrían ser aplicadas en el caso de Jirí. Este minero de cuarenta años de edad, vive en una pequeña aldea de Bohemia Occidental. Es divorciado y sus dos hijos ya tienen familia, por lo que quedó solo. Su única afición es la caza y así, cuando no tiene nada por hacer, visita el restaurante de la aldea y tomando cerveza platica con sus vecinos.

"Depende del ánimo que tenga. A veces llego a tomarme unos ocho jarros de medio litro de cerveza, otras veces sólo cuatro. Cuando hace calor, uno consume más. Además de la cerveza, que es la bebida que prefiero, de vez en cuando me tomo también unas cuantas copas de aguardiente o de algún licor. Lo que menos consumo es agua pura. Un litro me es suficiente para todo un mes".

También Ricardo, ingeniero de cuarenta y cinco años, que vive y trabaja en Praga, confiesa que le gusta la cerveza, en especial la cerveza checa, ya que, según matiza, es la mejor bebida para saciar la sed.

"Cada persona tiene sus bebidas preferidas y éstas pueden ser sin o con alcohol. Yo tomo de todo. Me gusta el agua mineral, pero también un buen vino, aguardiente y, para saciar la sed, la cerveza, aunque no soy de las personas que no pueden vivir sin el alcohol. Para mí hay cosas mucho más importantes en la vida".

Una dura experiencia con el alcohol la tiene Ivana, de treinta y cinco años de edad, oriunda de Praga y madre de dos hijos menores de edad. No supo hacer frente a ciertos problemas familiares y el alivio lo halló en el alcohol.

"Fue un período muy difícil de mi vida. Después de haber trabajado años en la administración de un hotel en el centro de Praga, me quedé en casa para cuidar de mis hijos. Pero sufrí una crisis por quedarme en casa y paulatinamente fui perdiendo confianza en mí misma. Como si fuera poco, a causa de una enfermedad falleció mi madre y yo no logré superarlo todo".

Primero fueron unas copas de bebidas alcohólicas diarias, luego su consumo fue creciendo, hasta convertirse el alcohol para Ivana en un serio problema.

"Llegué a tal punto que no pude resistir sin el alcohol ni un solo día. Esta situación duró unos dos años y medio y durante todo ese tiempo consumía a diario más de un litro y medio de vino, acompañado frecuentemente de copas de aguardiente".

A causa del alcohol, Ivana perdió a muchos amigos y casi también a su esposo e hijos. Según Ivana, a un hombre borracho todos le tienen lástima, pero cuando una mujer suele emborracharse nadie le pregunta por qué toma y todos la condenan. Ivana tuvo la fuerza de reaccionar a tiempo y se sometió a un tratamiento ambulante en un hospital. Desde hace dos años y medio ya no consume bebidas alcohólicas. Como afirma, empieza a vivir de nuevo aunque no es fácil, y el alcohol es para ella un capítulo que ha quedado cerrado.

"Las bebidas alcohólicas ya no me atraen, además que son para mí como una espada de Damocles. Probé unos dulces con crema en la que había un poco de alcohol, pero nada más. Confío en que nunca más volveré a tomar alcohol, pero sé que es como decir que confío en no tener nunca cáncer".

En esta A Toda Marcha hemos hablado del consumo de bebidas alcohólicas y del peligro que representa el apego incontrolado a éstas.

Y ¿qué opinan ustedes, amigos, del tema?

08-04-2005