Tres antorchas humanas contra la cobardía

28-02-2009

“!Convoquen huelgas! !Luchen! ! Quien no lucha no gana!“ Así apelaba en su “Declaración a los ciudadanos checoslovacos” el estudiante Jan Zajíc, de 18 años, la antorcha humana número 2, que se autoinmoló en Praga el 25 de febrero de 1969. Aconteció un mes después de los funerales de Jan Palach, la antorcha número 1, que se quemó a lo bonzo a mediados de enero de 1969.

Estos dos jóvenes y la antorcha número 3, Evžen Plocek, de 39 años, se sacrificaron en protesta contra la cobardía de los políticos nacionales que renunciaron al proyecto democratizador de la Primavera de Praga.

Los tres consideraban que la clase política estaba cediendo demasiado a las presiones de Moscú cuyas tropas de ocupación estaban desplegadas en Checoslovaquia desde agosto de 1968.

Al mismo tiempo los tres querían sacar a los ciudadanos de la apatía y el derrotismo e infundirles coraje.

Una semana después de los funerales de Jan Palach que se celebraron el 25 de enero de 1969, el estudiante Jan Zajíc de la pequeña ciudad de Vítkov, en Moravia del Norte, escribía a un amigo universitario:

”Frecuentemente no puedo dormir por la noche. Los periódicos me dan asco, siempre me invade la rabia. La gente alrededor me parece indiferente y cobarde”.

El muchacho de 18 años que frecuentaba la Escuela Profesional de Transporte Ferroviario, enfatizaba más adelante:

”Lo que no soporto es la inactividad, ella mata. Tenemos que trabajar por nuestra causa. ¡Escríbeme cómo! Tú sabes más. Somos millones. Si nos unimos nadie podrá resistir nuestro ímpetu”.

VítkovVítkov Jan Zajíc concluyó que la mejor forma de movilizar a la gente era convertirse en la antorcha humana número 2.

Después de la autoinmolación de Zajíc en Praga el 25 de febrero de 1969, su amiga Eva Vavrečková declararía al ser interrogada por la policía:

”Me dijo que lo hacía para que en nuestro Estado las cosas finalmente avanzasen y que después de la muerte de Jan Palach los estudiantes ya podían haber hecho algo y que él quería impulsarlo con su acto”.

Jan Zajíc empezó a interesarse vivamente por la política desde enero de 1968 al iniciarse el proceso democratizador de la Primavera de Praga.

La invasión de las tropas soviéticas en agosto de 1968 lo afectó profundamente. En la ciudad de Šumperk, donde frecuentaba la escuela profesional había una guarnición soviética y los conflictos con los ocupantes eran cotidianos.

VítkovVítkov El 18 de enero de 1969 los soldados soviéticos cometieron robos en el edificio donde se alojaban los alumnos de la escuela profesional que frecuentaba Zajíc. Sustrajeron incluso algunos objetos de su habitación.

Pocos días después Jan Zajíc viajó a Praga para tomar parte en la huelga de hambre que un pequeño grupo de estudiantes mantenía al pie del Museo Nacional, en el centro de Praga, donde se había inmolado Jan Palach.

El 25 de enero de 1969 Jan Zajíc asistió a los funerales de Jan Palach junto con sus compañeros de la escuela profesional de Šumperk. Ya durante la huelga de hambre había reiterado varias veces que sería capaz de hacer el mismo sacrificio que Palach.

Del plan de Jan Zajíc de autoinmolarse estaban enterados varios de sus colegas. Pero la gente de su entorno creía que el joven no lo haría. Uno de los profesores lo invitó a su casa y tras la charla con el muchacho llegó a la conclusión de que había logrado disuadirlo de su sacrificio.

El 25 de febrero Jan Zajíc partió a Praga. En el patio de la casa número 39, en la Plaza de Venceslao, se preparó para su autoinmolación. Tras rociarse con un líquido inflamable se prendió fuego. Quería correr como una antorcha humana a la plaza para hacer pública su protesta política pero después de unos metros se desplomó. Falleció en el acto.

Jan Zajíc dejó una carta dirigida a los ciudadanos checoslovacos:

”Ya que pese al acto de Jan Palach nuestra vida está regresando a los viejos cauces, he decidido despertar su conciencia como la antorcha número 2.

No lo hago para que alguien me llore o para hacerme famoso o quizás por haberme vuelto loco. Me he decidido a hacer este acto para que Uds. se animen finalmente y se nieguen a dejarse arrastrar por un puñado de dictadores”.

Tras señalar que lo que se estaba viviendo en Checoslovaquia era una lenta agonía de la libertad nacional, Jan Zajíc apelaba a los checos y eslovacos:

”Todos los que se sientan impactados por mi acto y no deseen que haya más víctimas, escuchen mi llamamiento:!Convoquen huelgas! ¡Luchen! Quien no lucha no gana.

No me refiero sólo a la lucha armada. ¡Que mi antorcha encienda sus corazones e ilumine su razón. ¡Que mi antorcha alumbre el camino a la Checoslovaquia libre!”

Jan Zajíc terminaba su carta a los ciudadanos checoslovacos con el llamamiento a que no desperdiciasen la oportunidad que les brindaba con su sacrificio.

Evžen PlocekEvžen Plocek Pero la situación política en Checoslovaquia había cambiado. Tampoco esta segunda autoinmolación de un joven pudo detener el deslizamiento del país ocupado hacia un nuevo totalitarismo. Las fuerzas más conservadoras iban tomando las riendas del poder.

De que la situación iba deteriorándose cada día, es testimonio el siguiente hecho:

Antes de autoinmolarse, Jan Zajíc había manifestado el deseo de ser sepultado en Praga. Pensaba que sus funerales se convertirían en una manifestación nacional como los de Jan Palach. Las autoridades presionaron, sin embargo, a los padres del muchacho para que la ceremonia fúnebre tuviera lugar en Vítkov, pequeña ciudad distante de los grandes centros.

La capilla ardiente de Jan Zajíc fue instalada en el vestíbulo del colegio de Vítkov. Durante la noche aparecieron frente al edificio tanques pero después se retiraron. No lograron intimidar a la multitud de personas que querían firmar el libro de condolencias. A los funerales que se celebraron el 2 de marzo de 1969 asistieron ocho mil personas de todo el país.

La repercusión del sacrificio de Jan Zajíc fue menor que la de la autoinmolación de Jan Palach. A la sociedad volvía el miedo a las purgas y a los despidos por causas políticas.

La gente empezaba a refugiarse en lo privado, renunciando al compromiso político.

También la censura apretaba cada vez más. Cuando se autoinmoló en abril de 1969, en la ciudad de Jihlava, Evžen Plocek, de 39 años, los medios de información nacionales no informaron sobre el caso.

Plocek militó desde su juventud en el Partido Comunista. Desempeñó destacados cargos en el movimiento sindical.

Apoyó el proceso democratizador de la Primavera de Praga. Tras la invasión soviética de agosto del 68 criticó el abandono del rumbo reformista y el cercenamiento de las libertades en el país ocupado.

El 4 de abril de 1969, día de Viernes Santo, Evžen Plocek se prendió fuego en el centro de la ciudad de Jihlava. Resistió todavía cuatro días a la muerte. En su grave estado fue interrogado por la policía secreta StB. Dijo a los agentes que su autoinmolación fue un acto político.

El primer ministro del Gobierno federal, Oldřich Černík, ordenó personalmente que las autoridades de Jihlava no facilitasen a la prensa ninguna información.

Pocos días después, el 17 de abril, se instaló definitivamente en Checoslovaquia una dirección neostalinista que permanecería en el poder durante veinte años hasta ser derrocada por la Revolución de Terciopelo.

 

28-02-2009