Los nazis costearon la destrucción de Lidice con el dinero de sus víctimas checas

11-06-2011

El 9 de junio de 1942 se celebraron en Berlín los megalómanos funerales de Reinhard Heydrich, el máximo representante del Tercer Reich en la Bohemia y Moravia ocupadas por los nazis. Contra Heydrich habían atentado el 27 de mayo de 1942 los paracaidistas checoslovacos Jozef Gabčík y Jan Kubiš. El día de los funerales, Adolf Hitler manifiesta su indignación por no haber sido detenidos todavía los autores del atentado. El secretario de Estado del Protectorado de Bohemia y Moravia, Karl Hermann Frank, no tiene ninguna información concreta que pueda llevar a la captura de los paracaidistas. Sin embargo, le falta el coraje de reconocerlo ante el enfurecido Führer. Informa a Hitler de ciertas pistas que apuntan a la aldea de Lidice, cerca de Kladno, en Bohemia Central.

LidiceLidice A las 19 horas 45 minutos del 9 de junio de 1942 Frank llama a Praga que después de la entrevista con el Führer es necesario arrasar inmediatamente la aldea de Lidice, fusilar in situ a su población masculina, deportar a las mujeres a los campos de concentración y entregar a familias alemanas a los niños aptos para la germanización. Hacia las 22 horas del mismo día la policía nazi empieza a cercar la aldea de Lidice.

Al desencadenar la operación de la destrucción de Lidice, la GESTAPO no disponía de una sola prueba concreta contra los vecinos de esa aldea. Ninguno de ellos había colaborado con los paracaidistas- autores del atentado contra Heydrich. Fueron los funcionarios de la GESTAPO los que urdieron la trama de pistas falsas a partir de una carta que un marido infiel envió a su amante. Él se llamaba Václav Říha y ella Anna Maruščáková.

Cuando se inició en 1939 la ocupación nazi de Bohemia y Moravia, Václav Říha consideraba con su amigo Josef Horák de Lidice la posibilidad de incorporarse al Ejército checoslovaco, que se formaba en el extranjero. Říha acabó por quedarse y contrajo el matrimonio. Entabló, sin embargo, una relación amorosa con Anna Maruščáková a la que se presentó enigmáticamente como Milan.

Říha, que trabajaba en Kladno como obrero siderúrgico, pidió a Maruščáková informar a la familia de los Horák, en Lidice, que su hijo Josef se encontraba en Inglaterra y que estaba bien. Maruščáková encargó el recado a una pariente suya.

Cuando la relación se le hizo incómoda, Václav Říha decidió romper con Maruščáková. Para salir airosamente del paso, escribió a su amiga una carta llena de enigmáticas alusiones advirtiendo de que ya no podrían encontrarse. Ríha envió la carta a la fábrica de pillas en la ciudad de Slaný donde Anna Maruščáková trabajaba como cerrajera.

El dueño de la fábrica y alcalde de Slaný abrió la carta y su contenido le pareció sospechoso. Avisó a los gendarmes locales y éstos tuvieron que informar a la GESTAPO. Maruščáková fue detenida e interrogada en la ciudad de Kladno.

¿Se acuerdan, amigos, del recado que le pidió transmitir Václav Říha? Maruščáková lo confesó durante el interrogatorio y de su boca salió por primera vez el nombre de Lidice.

En la noche del 4 de junio de 1942 serían arrestados todos los miembros de las familias de los Horák y de los Stříbrný, de la aldea de Lidice, porque sus parientes militaban en el Ejército checoslovaco en el extranjero. Los Horák y los Stříbrný no mantenían contactos con los paracaidistas que habían atentado contra Heydrich y no sabían nada sobre el asunto. A pesar de ello serían ejecutados en el polígono militar del distrito de Kobylisy, en Praga, el 16 de junio de 1942.

Los funcionarios de la GESTAPO comprendieron pronto que la pista conducente a Lidice era falsa, pero actuaron como si su errónea sospecha fuera verdadera. Averiguar la verdad no era importante para ellos. La fabricada acusación contra los vecinos de Lidice serviría para lanzar una operación de escarmiento contra todo el pueblo checo.

En la trama de pistas falsas contra Lidice Václav Říha y Anna Maruščáková se convirtieron en incómodos testigos. Ambos serían fusilados en el campo de concentración de Mauthausen.

Hacia las 22 horas del 9 de junio de 1942 dos unidades de la policía nazi empezó a cercar la adea de Lidice. Los vecinos tuvieron que abandonar sus domicilios. Las mujeres fueron deportadas al campo de concentración de Ravensbrück. 60 de ellas no sobrevivirían.

La mayoría de los niños de Lidice perecería en las cámaras de gas del campo de exterminio de Chelmno, cerca de la ciudad de Lodz, en la Polonia ocupada por los nazis.

Todos los hombres de Lidice fueron fusilados en la finca de los Horák el 10 de junio de 1942. Cada una de las 172 víctimas recibió dos tiros en el pecho y un tiro en la cabeza. El ejecutado más joven no había cumplido los quince años, el más viejo tenía ochenta y cuatro años.

La matanza de los hombres de Lidice fue una vivencia espeluznante hasta para sus ejecutores. Tres integrantes de los pelotones de fusilamiento pidieron ser relevados, alegando que no podían más.

Al amanecer del 10 de junio de 1942, en Lidice saltaron las primeras llamas. Los soldados y los policías incendiaban la gasolina con la que habían rociado las casas, los graneros, los establos y otras dependencias. No se olvidaron de sacar previamente de los domicilios todo lo que estaba dentro: muebles, máquinas de costura, bicicletas, motos...Todo fue hurtado o vendido.

Museo de LidiceMuseo de Lidice A los altos cargos de la GESTAPO no les repugnaba apropiarse de lo que había pertenecido a los vecinos fusilados de Lidice. Por ejemplo, a pesar de la prohibición de saqueo, el subjefe de la oficina de la GESTAPO en Kladno, Thomsen, robó una gran cantidad de aves de corral. Otro alto cargo nazi hurtó las estatuillas de la iglesia de Lidice que utilizaría para la decoración de su hogar.

El dinero en efectivo y los ahorros depositados en bancos de los 499 habitantes de la aldea de Lidice fueron confiscados por el Tercer Reich. La GESTAPO obtuvo aproximadamente la tercera parte del total de la suma para cubrir los gastos relacionados con la destrucción de Lidice y la matanza de sus vecinos. ¡El dinero de las víctimas fue utilizado para sufragar los costes de su fusilamiento!

Después de que las llamas destruyeran las casas de Lidice, llegaron los destacamentos del llamado Servicio de Trabajo del Reich. Mudaron el cauce del arroyo que pasaba por Lidice, destruyeron el cementerio y la carretera y enterraron los escombros de las casas. Lidice dejó de existir.

La noticia sobre la destrucción de la aldea checa de Lidice provocó en el mundo una oleada de indignación. En Estados Unidos, México y Gran Bretaña nació un movimiento espontáneo de ciudadanos que asumieron el compromiso de conseguir que después de la Segunda Guerra Mundial se edificara una nueva Lidice.

Las emisiones en checo difundidas en ondas cortas desde Londres informaron a los ciudadanos del Protectorado de Bohemia y Moravia:

„Lidice volverá a vivir. Este mensaje les es enviado por los mineros de Inglaterra Central que ayer prometieron solemnemente que construirán lo que los alemanes destruyeron, que edificarán una nueva Lidice como una aldea minera modelo, como un singular símbolo de la solidaridad minera, como una perpetua manifestación de la admiración por la lucha de los checos y el rechazo a la barbarie alemana“.

El 24 de junio de 1942 los nazis arrasarían el pueblo de Ležáky, en Bohemia Oriental, porque desde ese pueblo había operado un emisor de la resistencia antinazi. Los adultos serían ejecutados en la ciudad de Pardubice.

Los nazis amenazaron asimismo que la pequeña ciudad de Rovensko, al norte de Bohemia, sería destruida como Lidice si no se entregaba el grupo de paracadisitas checoslovacos que allí operaban. Éstos se entregaron a los nazis, pero antes de la rendición tomaron un veneno. En manos de los nazis cayeron sólo los cadáveres.

También los autores del atentado contra Reinhard Heydrich preferirían el 18 de junio de 1942 la muerte voluntaria a caer vivos en el poder de los nazis. Se lo contaremos, estimados amigos, en la última parte de la serie de Radio Praga dedicada al atentado contra Reinhard Heydrich.

 

Repetición del 9-6-2007

11-06-2011