Los albores de la emancipación de la mujer checa

17-03-2007

¿Quién promovió el progreso técnico en los hogares checos con el fin de liberar a la mujer? ¿Dónde podían cultivar su espíritu mujeres checas en el siglo XIX, libres de la tutela masculina? ¿Cuándo se fundaron en Bohemia las primeras guarderías infantiles? A estas preguntas les responderemos en un programa dedicado a los albores de la emancipación de la mujer en las tierras checas.

Es curioso que en el siglo XIX la emancipación de las mujeres en Bohemia fuera impulsada por un hombre: el patriota y mecenas Vojtech Náprstek que vivió entre 1826 y 1894.

Fue un apasionado promotor del progreso técnico en el hogar. Solía afirmar que cada mujer perdía cada día inútilmente en los quehaceres domésticos cuatro horas. Calculó que anualmente eran 1440 horas. Cuando la mujer había cumplido los cincuenta años de edad, la pérdida de tiempo representaba ya ocho años.

Náprstek resaltaba que cada mujer se acortaba la vida ocho años porque al barrer, lavar, planchar, cocer, ocuparse de la calefacción de la vivienda y ejecutar otras labores domésticas no utilizaba los adelantos de la ciencia y de la técnica.

Vojtech Náprstek es conocido como un hombre que reunió notables piezas etnográficas que documentan la vida de los indios. Pero como promotor de la emancipación de la mujer traía del extranjero a Praga máquinas y utensilios que facilitaban los quehaceres domésticos a su esposa Pepicka y a las demás amas de casa checas.

El etnógrafo y viajero Vojtech Náprstek fue uno de los primeros en Bohemia en interesarse por las máquinas de lavar. En 1862 trajo a Praga una de la marca Bradford que había adquirido en la Exposición Universal de Londres. Las amas de casa la admiraban en la residencia de Náprstek, en la Plaza de Belén, en la Ciudad Vieja de Praga.

La máquina de lavar traída a Praga por Vojtech Náprstek utilizaba el movimiento vibratorio: En un recipiente lleno de agua se colocaba la ropa entre la cual se ponía una pieza de madera en forma de hélice. Al accionarse la manivela la ropa se lavaba gracias al ya citado movimiento vibratorio.

Al lado del recipiente con la ropa estaban instalados dos cilindros accionados por una manivela que permitían escurrir la ropa sin gran esfuerzo.

Además de liberar a las mujeres de las fatigantes labores domésticas, Vojtech Náprstek decidió contribuir a que cultivasen su espíritu. Cuando aún era soltero, desarrolló una iniciativa sin precedentes: invitó a las damas de la capital checa a asistir a una conferencia científica en su casa en la Plaza de Belén.

Fue algo insólito para aquella época:Cuando el profesor universitario Alois Studnicka propuso que presentaría una conferencia sobre los nuevos conocimientos de la Astronomía, Náprstek aceptó la oferta, pero en vez de hombres, como era usual, invitó a mujeres.

!Era una revolución en las costumbres! A mediados del siglo XIX la mujer no podía ir sola a actos de carácter social. La escritora Karolina Svetlá tuvo que presentarse a las familias como garante de que a las asistentes a la conferencia no les pasaría nada malo.

En el zaguán de la casa de Náprstek, Karolina Svetlá dio personalmente la bienvenida a las 49 mujeres que en enero de 1865 asistieron a la conferencia sobre la Astronomía que fue todo un éxito.

Las participantes se sintieron tan entusiasmadas que la misma noche fundaron el Club americano de damas. En el siglo XIX "americano" era lo mismo que "progresista".

El Club ofrecía conferencias públicas sobre las informaciones más novedosas de la ciencia y de la cultura. También los hombres estaban interesados en asistir a ellas. Sin embargo, en aquella época no era socialmente aceptable que hombres y mujeres solas asistieran a un acto en un mismo recinto.

Vojtech Náprstek mandó entonces abrir un agujero en una puerta lateral para que los hombres pudieran escuchar las conferencias desde la sala contigua. El agujero era tan pequeño y situado a tal altura que los hombres no podían ver ni siquiera los sombreros de las mujeres.

El Club americano de damas era extraordinariamente democrático ya que lo integraban desde criadas hasta aristócratas. Náprstek, uno de los mayores demócratas checos, tenía el título de protector del Club.

Las miembros podían dos veces por semana estudiar tranquilamente, sin la tutela de los hombres, en la bilioteca de Náprstek. Los domingos por la mañana asistían a conferencias de especialistas de las más diversas ramas y en verano hacían excursiones.

En el siglo XIX, al igual que en la actualidad, la mujer que quería trabajar fuera del hogar, necesitaba que alguien cuidara de sus hijos. Las primeras escuelas de párvulos fueron fundadas en las tierras checas en la segunda mitad el siglo XIX.

Fue en 1868 cuando los concejales del ayuntamiento de la capital checa Praga decidieron instalar un parvulario. No obstante, no quisieron fundar un nuevo tipo de establecimiento educativo sin contar con maestras cualificadas. La alcaldía convocó entonces un concurso y después sufragó a sus dos jóvenes ganadoras el viaje y un curso de diez meses en París.

Las jóvenes checas se familiarizaron en París con la labor de las guarderías infantiles locales y al término de su estancia prestaron exámenes en el ayuntamiento parisino simultáneamente con ochenta maestras francesas.

El diploma que autorizaba a las jóvenes checas a trabajar en las escuelas de párvulos ostentaba incluso el sello de la universidad de París que patrocinó el curso.

En el viaje de regreso a Bohemia las maestras visitaron jardines infantiles en Alemania. Tan sólo después fundaron la escuela de párvulos en Praga.

Sucesivamente fueron instalados parvularios en otras ciudades checas. Es muy llamativo el hecho de que estos establecimientos preescolares recibían razonables subsidios tanto de las autoridades locales como de numerosos mecenas y asociaciones. Les recordamos que hablamos de la segunda mitad del siglo XIX.

Las tierras checas formaban parte en aquella época del imperio austro-húngaro. Imagínense, estimados oyentes, que en 1872 el Ministerio de Educación con sede en Viena recomendó fundar más escuelas de párvulos. Un año depués fue abierto en el Instituto Normal femenino de Praga un curso de un año para la formación de maestras de guarderías infantiles.

Las futuras maestras debían asimilar el principio que en los parvularios era su obligación ocupar a los niños en actividades que estimulasen su creatividad. Se recomendaba realizar juegos en los que los pequeños se movieran y cantaran.Cada parvulario checo poseía en el siglo XIX un jardín. Las mamás podían estar tranquilas al entregar a sus hijos al cuidado de un parvulario de este tipo.

17-03-2007