Las llamas de la Primera Gran Guerra se encendieron en los Balcanes

09-07-2011

En las colecciones del castillo de Velké Meziříčí, en la Meseta Checomorava, se exhibe una curiosa pieza: un pañuelo de batista con las primeras gotas de sangre derramadas en la Primera Gran Guerra que asoló el mundo entre 1914 y 1918. Dicho pañuelo pertenecía al conde checo Francisco Harrach. El 28 de junio de 1914 había limpiado con él en la capital de Bosnia- Herzegovina, Sarajevo, la sangre del príncipe heredero del imperio austro-húngaro, Francisco Fernando d´Este, alcanzado por el disparo de un nacionalista serbio.

Atentado a Francisco Fernando d´EsteAtentado a Francisco Fernando d´Este El autor del atentado, el estudiante Gavrilo Princip, de 19 años, saltó al estribo del automóvil en que se desplazaba el heredero del trono de los Habsburgo, y le disparó dos veces a quemarropa con su pistola. La primera bala mató en el acto a Francisco Fernando d´Este. La segunda dejó malherida a su esposa Sofía, oriunda de la estirpe aristocrática checa de los Chotek, que fallecería en el hospital. El asesinato del archiduque Francisco Fernando d´Este fue el detonante inmediato de la Primera Guerra Mundial.

El atentado al príncipe heredero de los Habsburgo fue la respuesta a la expansión del imperio austro-húngaro hacia los Balcanes, que chocaba con la aspiración de Serbia de unificar bajo su égide a los pueblos balcánicos eslavos.

Francisco Fernando d´Este viajó a Bosnia- Herzegovina, hacía poco incorporada al imperio de los Habsburgo, en calidad de inspector general del Ejército. Los serbios consideraron su viaje una provocación.

El estudiante Gavrilo Princip, que asesinó en Sarajevo al príncipe heredero, mantenía contactos con la organización terrorista serbia Mano Negra que trabajaba en clandestinidad. Sus dirigentes contaban con el apoyo del Ejército serbio y de Rusia.

El lema de Mano Negra era:”!Unificación o muerte!”

Alemania del Kaiser GuillermoAlemania del Kaiser Guillermo Austria- Hungría era un estorbo en el camino de la unificación de los pueblos balcánicos eslavos porque controlaba una considerable parte de la región. Es que tras la desintegración del imperio otomano que había dominado los Balcanes durante siglos, el imperio de los Habsburgo se apoderó de Croacia y Eslovenia.

En 1908 anexó Bosnia- Herzegovina. Fue un paso fatal. Despertó la hostilidad de los serbios porque frustraba sus planes de crear en los Balcanes un gran Estado eslavo.

La anexión de Bosnia- Herzegovina vulneró, además, el equilibrio internacional de la región. Los Balcanes eran un hervidero de intereses de las potencias europeas.

Allí tenían sus pretensiones Rusia e Italia. También Alemania e Inglaterra seguían atentamente la situación en los Balcanes, que ambas potencias consideraban un puente hacia Oriente Próximo.

Las potencias se vigilaban mutuamente para que ninguna ganase más influencia en la región a expensas de otra.

Con la anexión de Bosnia- Herzegovina el imperio de los Habsburgo perturbó el equilibrio. Rusia consideró que sus intereses en los Balcanes habían sido lesionados. La Alemania del Kaiser Guillermo salió, al contrario, en defensa de su aliada Austria- Hungría.

Así empezaron a formarse los bandos que se enfrentarían en la Primera Gran Guerra: el primero formado por Rusia y sus aliados, y el segundo, integrado por Alemania y Austria- Hungría.

Francisco Fernando d´EsteFrancisco Fernando d´Este Tras la anexión de Bosnia- Herzegovina la tensión entre el imperio de los Habsburgo y Serbia fue creciendo. Austria-Hungría recurrió a una operación secreta para desprestigiar a su rival ante los ojos de la comunidad internacional.

Las autoridades de Viena acusaron a Serbia de organizar una conspiración con el fin de minar el dominio de los Habsburgo en sus provincias balcánicas de Croacia y Eslovenia.

El Embajador austro-húngaro en la capital serbia, Belgrado, empezó a suministrar a Viena documentos que demostraban la presunta colaboración entre nacionalistas serbios y algunos ciudadanos de los dominios balcánicos de los Habsburgo.

Un joven que trabajaba para la policía secreta austro-húngara llegó a publicar en Sarajevo y en Budapest un panfleto en que relataba sus presuntas experiencias con los planes terroristas del movimiento subversivo serbo- croata, denunciando al mismo tiempo a varios ciudadanos de etnia croata, súbditos de la monarquía de los Habsburgo.

Cincuenta croatas fueron arrestados y el proceso contra ellos por alta traición empezó en Zagreb en marzo de 1909.

A esas alturas desplegó una intensa actividad a favor de los acusados el diputado checo, Tomáš Garrigue Masaryk. En aquel entonces las tierras checas formaban parte del imperio de los Habsburgo y tenían sus representantes políticos en Viena.

El profesor Masaryk realizó por su cuenta investigaciones en Belgrado, Zagreb, Dalmacia y Montenegro. A raíz de sus diligencias desmintió la acusación de que Serbia financiaba la propaganda subversiva en el territorio austro-húngaro.

La trama antiserbia se derrumbó definitivamente en 1910. En la capital serbia, Belgrado, fue detenido un colaborador de la Embajada austro-húngara que suministraba, a cambio de una recompensa financiera, documentos falsos sobre presuntas actividades subversivas de Serbia.

El profesor Masaryk viajó a Belgrado e interrogó durante una hora y media al falsificador. El político checo presentó seguidamente ante el Parlamento de Viena los resultados de su investigación de la trama en que estaban implicados diplomáticos de la Embajada austro-húngara en Belgrado.

Apeló al ministro de RR EE, Aerenthal, que declarase abiertamente si él y los funcionarios de su departamento sabían algo de las maquinaciones en la Embajada austro-húngara en Belgrado.

El titular de Exteriores eludió la respuesta. Sin embargo, el 24 de diciembre de 1910 el Gobierno austro-húngaro reconoció que en la trama antiserbia se habían involucrado algunos funcionarios de la Embajada.

Austria-Hugría se llevó así un chasco en este episodio de la guerra fría contra Serbia. Con la misma torpeza y falta de previsión el bando belicista de la corte de Viena arrastraría en verano de 1914 a la monarquía al conflicto con su adversario serbio que daría origen a la conflagración mundial.

Francisco José IFrancisco José I El emperador austro-húngaro, Francisco José I, ansiaba que Serbia pagase caro por la muerte del príncipe heredero del trono, Francisco Fernando d´Este, asesinado en Sarajevo el 28 de junio de 1914.

El monarca tenía presente, no obstante, que Serbia tenía un poderoso protector en Rusia. Francisco José I no quería ajustar cuentas con el país balcánico sin tener asegurado el apoyo de Alemania.

El 5 de julio de 1914 el Kaiser alemán Guillermo manifestó su apoyo a la eventual acción de Austria- Hungría contra Serbia.

El martes 28 de julio de 1914 la monarquía de los Habsburgo declaró guerra a Serbia.

En Europa se activó inmediatamente el sistema de alianzas. Rusia, aliada de Serbia, decretó la movilización.

En el conflicto se vieron involucradas también Francia y Reino Unio que tenían tratados de alianza con Rusia.

A este grupo, llamado la Entente, se enfrentaban las denominadas potencias centrales, Alemania y Austria- Hungría.

En agosto de 1914 ya ambos bandos estaban inmersos en la más devastadora conflagración que el mundo había conocido hasta entonces.

La chispa salió de los Balcanes, pero según los historiadores la principal causa que puso en movimiento la maquinaria bélica, fue la ambición de Alemania de desbancar a Reino Unido de su posición de primera potencia mundial.

 

(Repetición del 27/6/2009)

09-07-2011