La historia del antisemitismo en las Tierras Checas

25-07-2015

Prejuicios, hostilidad, insignias especiales, acusaciones de haber provocado una epidemia de peste, sangrientos pogromos y cámaras de gas. Estas y más barbaridades han tenido que sufrir los judíos asentados en las Tierras Checas desde la Edad Media. En esta esta edición de 'Legados del Pasado, Testimonios del Presente' les contaremos la historia del antisemitismo en el territorio checo.

Los primeros pogromos

Los primeros judíos se asentaron en las Tierras Checas en el siglo X y desde el principio han desempeñado un importante papel en el sector del comercio internacional, así como una espina en el ojo de la Iglesia católica.

Ivo Cerman, foto: ČTIvo Cerman, foto: ČT El rencor religioso de los cristianos hacia el judaismo desembocó en 1096 en el primer pogromo, un ataque sangriento contra los judíos cometido durante la Primera Cruzada.

Los tiempos más duros llegaron tras el III y el IV Concilio de Letrán, donde fue establecida la obligación de que llevaran una insignia especial, por lo general un sombrero o un círculo amarillo, así como la segregación, según indicó para la Televisión Checa el historiador Ivo Cerman.

“Los motivos eran ante todo ideológicos. Se expandió la idea de que en una sociedad bien organizada los cristianos no deberían juntarse con los judíos y que sus contactos se limitaran a lo mínimo indispensable. La aplicación más estricta en las Tierras Checas se realizó en el siglo XVII con la promulgación del Edicto de Translocación, que determinó la ubicación de los pueblos judíos de modo que no se encontraran cerca de las iglesias cristianas, y así no surgieran conversaciones de carácter dañino”

Los judíos acusados de provocar la epidemia de peste

La hostilidad se incrementaba, lo que obligó al Papa Inocencio V a decretar en 1247 dos bulas que prohibieron la violencia contra los judíos.

El barrio judío de Cheb (la calle Dlouhá y Židovská), foto: Miloš TurekEl barrio judío de Cheb (la calle Dlouhá y Židovská), foto: Miloš Turek Al estallar en 1348 la epidemia de peste en el Viejo Continente, en breve empezó a correr la voz de que los culpables eran los judíos, que supuestamente habían envenenado los pozos.

Esta convicción desencadenó una fuerte ola de pogromos que afectaron especialmente al pueblo judío asentado en la ciudad de Cheb, en Bohemia del Oeste.

Otro rumor sostenía que los judíos colaboraban con los adversarios de la fe cristiana, como eran los turcos, así como con los enemigos del pueblo checo, prosigue Cerman.

“Se ha conservado una denuncia del año 1648, de finales de la Guerra de los Treinta años, en la que se acusaba a los judíos de colaboración con los suecos. El caso más conocido es el terrible pogromo de Praga del 1744 cuando los judíos fueron acusados de colaboración con los prusianos, que habían conquistado Praga”.

María TeresaMaría Teresa Esta imputación causó que la emperatriz austrohúngara, María Teresa, empezara a expulsar a los judíos de las Tierras Checas.

Sin embargo, su salida del país causó una gran recesión económica, que en tan solo cuatro años obligó a la emperatriz que les diera el permiso para regresar. Sin embargo, bajo la condición de que pagaran el llamado impuesto de tolerancia.

Los judíos siempre han tenido la fama de exitosos negociadores, pero también de usureros. Precisamente el dinero fue otro motivo por el cual los judíos representaban la piedra en el zapato de los cristianos, apuntó para la Televisión Checa Michal Frankl del Museo Judío de Praga.

Michal Frankl, foto: archivo de Radio PragaMichal Frankl, foto: archivo de Radio Praga “Los judíos desempeñaban importantes funciones en estos sectores, porque tenían mejores contactos y relaciones que otros y eran capaces de realizar transacciones que para los demás eran demasiado complicadas. Esto es una proyección de lo que los cristianos consideraban incorrecto; la manipulación con el dinero y los intereses. En aquella época un cristiano no debía otorgar préstamos con intereses”.

No todos los judíos estaban vinculados con el mundo de las finanzas. Muchos se dedicaban a diferentes oficios, sin embargo, bajo la prohibición de vender sus productos fuera de los guetos para no representar competenecia a los artesanos cristianos.

El matrimonio solo para los hijos primogénitos

En el siglo XVIII, el Imperio Austrohúngaro, de cuyo territorio formaban parte también las Tierras Checas, pasaba por importantes cambios políticos y sociales que llegaron de la mano de José II Habsburgo.

El emperador suspendió la obligación de que los judíos llevaran las insignias especiales, entre otras concesiones, que sin embargo no eran suficientes para conseguir la igualdad de derechos, apunta Cerman.

“Sus reformas les permitieron estudiar en las universidades con la excepción de teología. Sin embargo, no podían desempeñar funciones administrativas públicas. Tampoco suspendió la ley de 1726 según la que se podían casar solamente los hijos primogénitos. De esta forma se pretendía impedir la expansión de la población judía. Era una limitación complicada que no permitía a los judíos llevar una vida digna”.

En 1867 salió a la luz una nueva Constitución más liberal que determinó la igualdad de derechos para todos los grupos religiosos. Sin embargo, aún así no se puso punto final a la discriminación de los judíos.

“El problema fue que tanto en el Imperio Austrohúngaro como en otros países europeos la cuestión judía formó parte de discusiones durante mucho tiempo. Al final resultó que incluso muchos de los partidarios de la emancipación judía seguían propagando diversos estereotipos antijudíos. Sostenían que si les daban la libertad, cambiarían, es decir, se disolverían como una entidad cultural y religiosa entre las naciones modernas no judías”.

Otra serie de pogromos llega con el caso Hilsner

Leopold HilsnerLeopold Hilsner La nueva ola de hostilidad, el antisemitismo, llegó en el siglo XIX de la mano del creciente nacionalismo.

A diferencia del antijudaismo, este movimiento hostil fue motivado por la idea de la nación según la cual los judíos representaban competencia para otros pueblos.

La mayor manifestación antisemita del siglo XIX surgió a raíz del brutal asesinato de la joven muchacha Anežka Hrůzová, del que fue acusado el judío Leopoldo Hilsner, indica Frankl.

“En un juicio manipulado, cuando la gente local empezó a recordar que le habían visto a él, fue condenado a la pena de muerte. Después se rebajó a la cadena perpetua y finalmente Hilsner pasó en la cárcel unos 20 años. Esta manifestación de prejuicios y fábulas en la sociedad moderna checa es el resultado del desarrollo del antisemitismo político sin el que la condena de Hilsner habría sido impensable”.

La primera mención sobre el mito de los asesinatos rituales a fin de obtener la sangre de los niños y de vírgenes se remonta hasta el siglo XIV, apunta Cerman.

“Se creía que necesitaban la sangre no solamente para los rituales vinculados con la festividad del pésaj, sino que también existía el mito de que la sangre era destinada a las madres, que durante el parto tenían que tragar la sangre de los cristianos para que sus hijos estuvieran sanos. En el fondo de todo esto probablemente existía la idea de que el judaismo no tenía poder mesiánico como el cristianismo y que los judíos recompensaban esta imperfección con los rituales y la búsqueda de la sangre cristiana”.

En el siglo XX los judíos seguían teniendo una importante influencia económica. La llegada de la Gran Depresión en 1929 los afectó significativamente, además de otra ola de antisemitismo que llegó con ella.

En el Protectorado de Bohemia y Moravia, surgido tras la ocupación nazi en 1939, los judíos eran retirados sistemáticamente de la vida social, siendo expuestos a fuertes formas de discriminación y humillación.

Foto: Josef BábaFoto: Josef Bába Al principio, la Central para la Expatriación de los Judíos pretendía obligarles a que emigraran, sin embargo, este plan se convirtió en breve en la brutal solución final.

Tras el surgimiento del Protectorado de Bohemia y Moravia vivían en su territorio aproximadamente 120.000 judíos. Una cuarta parte de ellos logró emigrar, y los demás junto a otros 6 millones de judíos de todo el mundo murieron en los campos de concentración.

25-07-2015