La Guerra de los Siete Días agravó la relación con Polonia

07-02-2019

El surgimiento de Checoslovaquia se vio dificultado por un agudo conflicto territorial con Polonia. La Guerra de los Siete Días estalló hace 100 años y afectó las relaciones entre ambos países durante largo tiempo.

Legionarios checoslovacos de Francia en el región TěšínskoLegionarios checoslovacos de Francia en el región Těšínsko

Abundantes minas de carbón y una estratégica conexión ferroviaria entre Polonia y Eslovaquia fueron unos de los principales detonantes del conflicto bélico que se desencadenó en enero de 1919 entre dos recién nacidos estados autónomos europeos: Checoslovaquia y Polonia. Ambos países reivindicaban sus derechos de posesión del territorio conocido como Těšínsko, situado en la zona fronteriza en la región de Silesia.

La región se volvió atractiva especialmente con la llegada de la Revolución Industrial, explicó para la Radiodifusión Checa el director del Museo de Těšínsko (Muzeum Těšínska), Zbyšek Ondřeka.

“Decenas o cientos de miles de personas se trasladaron a la región para trabajar en las nuevas minas. Entre ellas predominaban los polacos, quienes llegaban, en su mayoría, de la región polaca de Galitzia”.

Étnicamente polaca, históricamente checa

Zbyšek Ondřeka, fuente: presentación del Región de Moravia-SilesiaZbyšek Ondřeka, fuente: presentación del Región de Moravia-Silesia El censo del año 1910 reveló que el 54% de los 400 000 habitantes de la región de Těšínsko era de habla polaca. Históricamente, en el territorio que comprende la zona entre las ciudades checas Frýdek-Místek y Jablunkov, gobernaban alternativamente soberanos checos y polacos. No obstante, en el siglo XIV Těšínsko se convirtió en una parte de los países de la Corona Checa y este suceso histórico fue el argumento principal de los checoslovacos en su lucha por el territorio.

A pesar de que fueron tanto los soldados checos como los polacos quienes desarmaron al ejército austrohúngaro en Těšínsko durante la Primera Guerra Mundial, Polonia impulsó una intervención militar para que sus exigencias territoriales no cayeran en saco roto, explica Ondřeka.

“Las primeras unidades polacas formadas por aproximadamente dos mil agentes de policía ocuparon todos los lugares estratégicos. Con sus bayonetas se sometieron a todos los funcionarios y tribunales del antiguo Imperio austrohúngaro”.

Impulsados por la idea del derecho de autodeterminación nacional, los polacos empezaron a someter toda la administración bajo las leyes polacas, así como a organizar reclutamientos para el servicio militar obligatorio. La tensión entre Checoslovaquia y Polonia se intensificaba.

La Guerra de los Siete DíasLa Guerra de los Siete Días Finalmente, los Consejos Nacionales de ambos países acordaron en noviembre de 1918 una división temporal del territorio que reconocía la mayor parte para Polonia. Para los checoslovacos no fue una solución final. La situación se volvió insostenible a principios de 1919, cuando el Gobierno polaco anunció elecciones parlamentarias que involucrarían también el territorio conflictivo.

Los representantes de Checoslovaquia eran conscientes de la necesidad de intervenir para no perder el territorio, pero hubo discrepancias respecto a la solución final. Mientras que algunos optaban por una intervención radical, otros abogaban por un remedio pacífico para no estropear totalmente las relaciones con el país que suponía ser uno de sus mayores aliados en Centroeuropa.

Finalmente, el Gobierno checoslovaco junto con el Presidente, Tomáš Garrigue Masaryk, decidió enviar a Těšínsko unidades militares con el fin de expulsar a las tropas polacas, explica el director.

“Desde el punto de vista del Derecho Internacional se trató de un acto ejercido por una soberanía extranjera en el territorio checoslovaco, que otro país consideraba suyo. El Gobierno checoslovaco recurría a la decisión que se había tomado en París y que había declarado que las futuras fronteras checoslovacas copiarían las del territorio de la antigua formación territorial de los Países de la Corona Checa”.

Hasta la última gota de sangre

Checoslovaquia exigió a Polonia a que retirara sus unidades militares de la región. El país vecino ignoró el llamamiento y el general polaco Francizsek Latinik resaltó que sus tropas defenderían el territorio hasta la última gota de sangre.

Las operaciones militares se iniciaron el 23 de enero de 1919. Las tropas checoslovacas estaban por encima de los polacos, parcialmente porque su enemigo se veía ocupado con un conflicto con la Rusia soviética en la zona oriental de su país. Los checoslovacos ocuparon sucesivamente la ciudad de Karviná hasta instalarse en toda la región de Těšínsko. Las tropas de ambos países se detuvieron el 31 de enero de 1919 en el municipio de Skočov, presionados por las potencias occidentales del Acuerdo que temían otro conflicto bélico en Centroeuropa. El odio entre ambas partes no había cesado, indica Ondřeka.

“Se publicaban impresos ofensivos donde se acusaba a los legionarios checoslovacos de delitos que nunca han sido demostrados, a fin de poner en duda el procedimiento checoslovaco. Por su parte, los checoslovacos acusaban a los polacos de ser fanáticos religiosos. Ambas partes hablaban sin pelos en la lengua”.

La Guerra de los Siete días se cobró las vidas de 53 checoslovacos y 124 fueron heridos. Polonia perdió 92 soldados y 855 sufrieron heridas. La paz entre ambos países se declaró el 26 de febrero de 1919 en París donde se demarcó una línea fronteriza entre ambos países.

La decisión definitiva sobre la separación del territorio fue tomada el año entrante, pero ninguna parte se dio por satisfecha con la solución. Polonia perdió el territorio habitado por sus ciudadanos, así como la conexión ferroviaria y las minas de carbón que recayeron en Checoslovaquia. Por su parte, los checoslovacos perdieron una parte de su región histórica.

“Sin la ocupación militar checoslovaca, las ciudades como Český Těšín, Orlová o Třinec habrían formado parte del territorio polaco. Asimismo, el Gobierno checoslovaco hubiera sido percibido como incapaz de imponer su soberanía en su propio territorio”.

Foto: Google MapsFoto: Google Maps En octubre de 1938, después de que Checoslovaquia aceptara el dictado de Adolf Hitler, la región de Těšínsko fue a parar a Polonia para más tarde formar parte del Tercer Reich nazi. Tras la Segunda Guerra Mundial, el territorio volvió a formar parte de Checoslovaquia. El conflicto territorial se prolongó con diferente intensidad hasta 1958, cuando ambos países firmaron un acuerdo sobre la determinación de las fronteras.

Las consecuencias del conflicto tuvieron impacto en otro suceso histórico cuando Checoslovaquia fue ocupada en 1968 por las tropas del Pacto de Varsovia, en la que participó también el ejército polaco. Por motivo del antiguo conflicto territorial, los polacos evitaron entrar en la región de Těšínsko.

Pasado un siglo, el conflicto entre Checoslovaquia y Polonia sigue causando polémica y hay voces que exigen anexionar la región a Polonia. Uno de los últimos pleitos se dio por el levantamiento de un monumento a los legionarios polacos cerca de la frontera checoslovaca en cuyo pico se encuentra una figura con el traje típico de Těšínsko, apuntando con el sable hacia la frontera checa. Por su parte, en 2012 los checos levantaron un monumento al general Josef Šnejdárek, que participó en la Guerra de los Siete Días, lo que indignó a los polacos, quienes lo acusan por haber sido muy violentas sus tropas supuestamente.

07-02-2019