Ecos del jazz en la obra de Martinů

Bohuslav Martinů vivía desde 1923 en París donde estaban triunfando con pujanza el jazz y las danzas modernas como el charleston y el fox-trot. Los nuevos aires musicales marcaron las primeras óperas y ballets del compositor. Al mismo tiempo prosiguió sus búsquedas en la música de cámara.

El tango que embrujaba en los años veinte al público europeo, suena en el ballet “La Revue de Cuisine”, una de las obras más exitosas de Bohuslav Martinů. Fue estrenada en Praga en noviembre de 1927.

Martinů suele ser considerado fundador del ballet moderno checo. En “La Revue de Cuisine” musicalizó el libreto de la coreógrafa y destacada bailarina Jarmila Kröschlová que escenificó la obra con su elenco.

Los protagonistas del ballet son el burgués y sólido Cazo, su honorable esposa Cobertera, la seductora Cuchara, el liviano e inconstante Paño de Cocina y la meticulosa y ordenada Escoba.

El gracioso charleston de “La Revue de Cuisine” encanta siempre al público. Al ser presentado en versión de concierto, el auditorio suele pedir su repetición. Últimamente lo grabó incluso el Traditional Jazz Studio de Pavel Smetáček.

Martinů poseía especial talento rítmico, como puede apreciarse en su Fox-trot. El autor confesó a su amiga Fina Tausiková que había escrito la pieza “ en una pequeña juerga en un bar”.

Martinů experimentó con el jazz también en su primera ópera “El Soldado y la Bailarina”, terminada en junio de 1927.

Utilizó el libreto de Jan Löwenbach que adaptó la pieza más célebre del comediógrafo romano Plauto, “El Soldado Fanfarrón”.

La ópera desafía los tradicionales cánones del género. Un estudioso checo de Martinů llega a afirmar que “El Soldado y la Bailarina” se parece más bien a un musical.

Además de obras influidas por el jazz, Martinů sigue componiendo en 1927 música de cámara. Gracias a su Quinteto de cuerdas pasa a figurar en el seleccionado de autores como Honegger, Bartók y Prokofiev, que son premiados por la fundación musical, instituida junto a la Biblioteca del Congreso en Washington.

No tardarán en incluir la pieza en su repertorio renombrados conjuntos de cámara, como el famoso Cuarteto Checo que interpretará la pieza en colaboración con el violista londinense Lionel Tertis.

De la composición emerge el genuino Martinů, el de la eterna búsqueda...

En febrero de 1928 Martinů consiguió éxito con su “Concierto para Piano”. El público parisino escuchó la obra bajo la batuta de Gabriel Pierné, el más popular director de orquesta francés de aquella época.

Las críticas de la prensa gala eran muy alentadoras. El periódico Le Temps escribió:

”Como uno de los acontecimientos más gratos de la temporada es posible considerar el “Concierto para Piano” de Martinů en que se casa felizmente la forma clásica con la dinámica, la armonía y el desarrollo del tema modernos, lo que antes habían logrado sólo Prokofiev y Roussel”.

”A pesar de la influencia francesa, el compositor no ha perdido nada de su originalidad personal y nacional”, destacó el crítico de Le Temps.

Acertó. La musicalidad checa y morava jamás desaparecería de la obra de Martinů, a pesar de todas las influencias externas.