Antonín Novotný espiaba a Dubček con micrófonos secretos

16-02-2008

Como fecha inicial del proceso democratizador de la Primavera de Praga suele considerarse el 5 de enero de 1968, cuando el secretario general del Partido Comunista de Checoslovaquia, Antonín Novotný, fue sustituido por Alexander Dubček. Les contaremos la lucha interna en el seno del partido que precedió este relevo que significó la primera victoria de los comunistas reformistas.

Antonín Novotný era un remanente de la vieja guardia estalinista. Participó en el golpe comunista de febrero de 1948, desde septiembre de 1953 fue secretario general del Partido Comunista de Checoslovaquia y a partir de noviembre de 1957 Presidente de la República.

Con Novotný al frente del partido prosiguió en Checoslovaquia la ola de procesos políticos incluso después de la muerte de Stalin. Por ejemplo, en 1954 fueron condenados a elevadas penas de cárcel los así llamados “ nacionalistas burgueses eslovacos” .

Los presuntos “nacionalistas” no tenían nada de burgueses. Eran los más destacados dirigentes comunistas eslovacos, como Gustáv Husák, condenado a cadena perpetua.

Cuando el líder soviético Nikita Jruschov denunció en 1956 los crímenes de Stalin y promovió la rehabilitación de los injustamente condenados, Antonín Novotný tuvo delante un problema difícil de resolver. Él estaba acostumbrado a cumplir las directrices que salían de Moscú. Pero, ¿cómo podía denunciar los crímenes si en la cúpula del Partido Comunista de Checoslovaquia había varios testigos que habían visto a Novotný cometer ilegalidades? Varios camaradas sabían que el máximo dirigente partidista había estado involucrado en la preparación de procesos políticos en los años cincuenta.

Nikita JruschovNikita Jruschov Para garantizar su supervivencia política en los nuevos tiempos, Novotný fue sucesivamente apartando de la dirección del partido a la vieja guardia. En 1960 decretó una amplia amnistía de la que se beneficiaron muchos presos políticos condenados en los cincuenta.

Novotný tenía pésimas relaciones con los eslovacos. Precisamente la cuestión eslovaca precipitaría su caída.

Una de las últimas gotas que desbordaron el vaso fue el escándalo que provocó Novotný en agosto de 1967, durante una visita a la ciudad de Martin, cuna del renacimiento nacional eslovaco. Con su comportamiento desdeñoso ofendió a a todos los eslovacos.

Primero rechazó tajantemente ampliar las competencias de los órganos eslovacos. Y después, cuando los anfitriones querían entregar regalos a su esposa, Novotný, hecho una furia, le gritó:”!Božena, no los aceptes!” Y la pareja se marchó.

No puede extrañar que en el pleno del Comité Central del Partido Comunista de Checoslovaquia, celebrado en octubre de 1967, una de las críticas más contudentes a la política de Novotný fuera presentada por el entonces desconocido político eslovaco, Alexander Dubček.

Además del joven Alexander Dubček, en la reunión criticaron la gestión de Novotný el viejo comunista Josef Smrkovský y otros integrantes de la cúpula. Destacaron que en todo el país se registraba un descontento entre la población y en algunas regiones el Partido Comunista estaba en estado de descomposición. Coincidieron en que una de las causas de la crisis era la desproporcionada concentración de poder en las manos de una sola persona. Fue una alusión directa a Novotný, el máximo dirigente del Partido y del Estado.

Alexander Dubček no utilizó en su intervención el término “crisis”. Propuso evaluar el papel del Partido Comunista en “la nueva etapa del socialismo” para que fuese posible elaborar su programa a largo plazo. Manifestó, además, que no se podían atribuir todas las deficiencias a la subversión de Occidente y a las actividades diversionistas de los exiliados.

Dubček dijo también que el Partido Comunista debería guiar y el Gobierno gobernar. Era una tesis revolucionaria porque hasta entonces el Ejecutivo y cada uno de sus ministros necesitaban el beneplácito de los funcionarios partidistas para todas sus decisiones.

Los funcionarios del partido decidían sin poseer los necesarios conocimientos especializados, pero en la jerarquía política, un ministro valía mucho menos que un secretario del Comité Central del partido. Así la economía no podía marchar bien.

Dubček concluyó su intervención recomendando ampliar las competencias de los órganos eslovacos que Praga fue limitando desde 1960.

Novotný escuchaba a Dubček con creciente nerviosismo. Al final ya no pudo contenerse y espetó al orador:”!Es una manifestación del nacionalismo eslovaco!”

En los sesenta la acusación no tenía el mismo peso que una década atrás. Antonín Novotný ya no podía procesar a Dubček por el presunto “nacionalismo eslovaco”. Recurrió a una lucha oculta. Mandó espiar a Dubček y a otros políticos eslovacos, como revelarían los archivos después de la Revolución de Terciopelo de 1989.

Según estos documentos, Novotný enviaba a Bratislava comandos especiales de la policía secreta, conocida con las siglas StB, con la misión de realizar escuchas de Alexander Dubček, Vasil Bilak y Gustáv Husák.

Los tres se inscribirían en la historia de la Primavera de Praga, pero Bilak y Husák de manera nefasta.

Dubček era el secretario general del PC de Eslovaquia. Según el testimonio de uno de sus funcionarios, en todos los recintos de la sede de los comunistas eslovacos los agentes de Novotný instalaron micrófonos secretos. Las conversaciones de tipo confidencial se realizaban en los baños o durante los paseos.

Para asegurarse la permanencia en el poder, Novotný pidió ayuda al máximo dirigente soviético, Leonidas Brejnev. Éste arribó secretamente a Praga el 8 de diciembre de 1967.

Novotný no le gustaba demasiado al líder soviético, pero Brejnev prefería mantenerlo en su cargo porque temía cualquier cambio, capaz de provocar una escisión en el Partido Comunista de Checoslovaquia.

Brejnev no comprendió bien durante su breve estancia en Praga lo que pasaba en el seno de la cúpula partidista checoslovaca. Habituado a los estereotipos que regían en los partidos comunistas, se formó la idea de que se trataba de meros enfrentamientos personales.

En una cena de gala, celebrada al final de su visita, el líder soviético pronunció una frase que haría historia. Brejnev dijo:

Brejnev se refería, obviamente, al eventual relevo al frente del Partido Comunista checoslovaco. Los comunistas reformistas interpretarían después erróneamente la frase del dirigente soviético como su intención de no inmiscuirse en los asuntos internos de Checoslovaquia y no entorpecer las reformas.!Un error fatal!

La cúpula del PC de Checoslovaquia volvió a reunirse el 19 de diciembre de 1967. Novotný hizo una ligera autocrítica, disculpándose ante los camaradas eslovacos.

Dubček retomó el tema de la acumulación de funciones en la persona de Antonín Novotný. La más audaz fue, sin embargo, la intervención del economista Ota Šik. Dijo que la sociedad atravesaba por una grave crisis. A su juicio, el país estaba gobernado por un estrecho grupo, encabezado por Novotný, y no por el Gobierno. Urgía elaborar un análisis de la situación actual y un programa para el futuro.

Ota Šik enfatizó que simultáneamente con la reforma económica debía realizarse una reforma política. Consideró también imprescindible proceder a la separación de los cargos del secretario general del partido y del Presidente de la República.

Siete de los nueve oradores pidieron la destitución de Novotný.

El 20 de diciembre prosiguieron las acaloradas discusiones. Después de algunas horas Novotný presentó su dimisión.

Al día siguiente la retiró y llegó incluso a amenazar a sus críticos.

Los conservadores que apoyaban a Novotný necesitaban ganar tiempo. Les echó una mano una de las integrantes del Comité Central del partido. Ésta pidió la interrupción de las deliberaciones porque las camaradas tenían que hacer “vánočky”. Vánočka es un típico bollo navideño checo.

Y, efectivamente, la preparación de vánočky fue un argumento suficiente para que los miembros del Comité Central del partido votasen a favor de la interrupción del debate sobre la destitución de Novotný.

Mientras el país disfrutaba de la época navideña, los seguidores de Antonín Novotný preparaban una intentona militar que permitiera al desacreditado dirigente permanecer en el cargo.

Uno de sus organizadores, Jan Šejna, había obtenido la patente de general gracias a la amistad de Novotný, aunque no poseía la necesaria cualificación para este rango. Šejna planeaba intimidar a los críticos de Novotný con el despliegue de los soldados de la base de Milovice, 30 kilómetros al este de Praga.

En Milovice se encontraban una división motorizada, una división de tanques y un regimiento de fuerzas aéreas.

El ex espía Josef Frolík, que después de la intervención soviética en agosto de 1968 huyó a Occidente, ofrece un testimonio sobre la movilización de los seguidores de Novotný en la policía secreta StB. Éstos elaboraron una lista de 1032 personas a ser encarceladas en el momento del golpe.

En la lista figuraban todos los futuros protagonistas de la Primavera de Praga, como Alexander Dubček, Ota Šik, Josef Smrkovský, Jiří Pelikán y František Kriegel.

Cuando se hacían cada vez más insistentes los rumores sobre un golpe militar, en la mesa de Antonín Novotný sonó el teléfono, cuenta Frolík. Era Leonidas Brejnev que increpó al dirigente checoslovaco por su irresponsabilidad. El líder soviético sabía todo acerca del golpe y manifestó que era algo inadmisible en Checoslovaquia.

Los fracasados golpistas discutieron largamente quién los había delatado. Concluyeron que el “soplón” no pudo ser otro que el jefe del servicio de espionaje checoslovaco que entregó la información a un general soviético, agente del KGB.

Así que no hubo golpe militar y Novotný caería el 5 de enero de 1968. En la próxima edición de Legados del pasado- testimonios del presente les contaremos qué pasó después.

16-02-2008