50 años: El insuperable reto del Ejército checoslovaco

Hace 50 años, el intento de implementar en Checoslovaquia un socialismo con “rostro humano” fracasó con la ocupación soviética. La actitud del Ejército checoslovaco y las represiones a los soldados que se opusieron a la invasión serán los temas de este programa.

'Memorándum 68', foto: VHA'Memorándum 68', foto: VHA El paulatino proceso democratizador despertó en los años sesenta grandes expectativas entre los checoslovacos, agotados de las prácticas del rígido modelo soviético que, durante la década anterior, había abatido con duras represalias a todo aquel que se mostrara en contra de su doctrina.

Se dio una mayor libertad en diferentes campos: desde la prensa, la cultura y la economía, hasta la mayor facilidad de viajar tanto dentro como fuera del país. Un ambiente pro reformista predominaba también dentro del Ejército checoslovaco. Fue allí donde se dio un suceso que probablemente acelerara la invasión de las tropas de los países signatarios del Pacto de Varsovia, explica para Radio Praga el sociólogo Antonín Rašek.

“La Academia Militar Política aceptó el documento 'Memorándum 68', cuyo contenido se oponía a la doctrina del Pacto de Varsovia y ponía las bases de una doctrina propia checoslovaca. Además, el general Václav Prchlík plasmó los pensamientos del 'Memorándum 68' en los documentos oficiales del Estado, con lo cual empezaron a formar parte de la política del país. De acuerdo con los historiadores, este hecho contribuyó a que la ocupación soviética fuera tan rápida. El Estado Mayor del Ejército soviético se vio preocupado por que el movimiento reformista, conocido más tarde como Primavera de Praga, pudiera impulsar la preparación el Ejército checoslovaco para la resistencia a las tropas del Pacto de Varsovia”.

El presagio de la invasión

Los ejercicios militares de las tropas del Pacto de Varsovia en las montañas de Šumava, foto: VHÚLos ejercicios militares de las tropas del Pacto de Varsovia en las montañas de Šumava, foto: VHÚ El Kremlin inició los preparativos para realizar la invasión en primavera de 1968, al darse cuenta de que los comunistas estaban perdiendo sus firmes posiciones en Checoslovaquia y que el proceso reformista estaba escapando a su control. Con la invasión pretendieron impedir un posible “golpe de Estado contrarrevolucionario”.

Los líderes soviéticos camuflaron los preparativos para la invasión organizando una serie de ejercicios militares de las tropas del Pacto de Varsovia en el territorio checoslovaco. El último, que contó con la participación de más de 40.000 soldados, tuvo lugar en junio de 1968 en las montañas de Šumava. Mientras que los soldados de Hungría, Polonia y otros países abandonaron Checoslovaquia inmediatamente tras el final del ejercicio militar, el Ejército soviético prolongó intencionadamente su estancia con el propósito de controlar las posibles “fuerzas contrarrevolucionarias”.

Los políticos checoslovacos se opusieron a la estancia de los soviéticos, e iniciaron duras negociaciones con sus homólogos soviéticos. Finalmente, lograron que las tropas abandonaran Checoslovaquia el 4 de agosto. Sin intuir que tardarían sólo 17 días en regresar.

¡No se defiendan!

De la noche a la mañana del 21 de agosto de 1968, los soviéticos junto con las tropas de otros cuatro países del Pacto de Varsovia cruzaron la frontera checoslovaca, deparando una dolorosa sorpresa a sus habitantes. Muchos creían que acababa de estallar una guerra.

El agosto de 1968, foto: Archivo de ČRoEl agosto de 1968, foto: Archivo de ČRo El Ministro de Defensa, Martín Dzúr, ordenó al Ejército checoslovaco que no prestara ayuda a las tropas invasoras, pero al mismo tiempo prohibió cualquier intento de resistencia. No obstante, la defensa del Ejército checoslovaco no hubiera tenido mucho sentido, sostiene Rašek.

“Hubiera sido un proceso complicado. El Ejército checoslovaco contaba en aquel entonces con aproximadamente 300.000 soldados profesionales y de servicio militar obligatorio, además de empleados civiles. Por su parte, el número de soldados invasores era de cerca de 750.000, es decir, más del doble. Otro problema fue que la mayor parte del Ejército checoslovaco se situaba en la frontera occidental del país. Conforme las tropas invasoras progresaban, una gran parte del Ejército checoslovaco se hubiera visto obligado a retroceder a la Alemania Occidental”.

Una batalla perdida antes de su comienzo

Había voces críticas que condenaban la actitud pasiva del Ejército checoslovaco. No obstante, Rašek sostiene que muchos ciudadanos eran conscientes de las pocas probabilidades de que el Ejército saliera airoso de la posible batalla.

“Creo que se dieron más críticas respecto a la no resistencia a las tropas de Hitler en 1939. En cuanto a la invasión de las tropas del Pacto de Varsovia, era más bien una crítica de algunos individuos, porque la mayoría era conscientes de la desproporción en el número de efectivos. Otra complicación era que el Ejército checoslovaco mantenía durante largos años contacto con los soldados soviéticos, participando juntos en ejercicios militares y organizando encuentros amistosos. Entre muchos existían ciertas relaciones personales. No obstante se fueron debilitando paulatinamente”.

Aún más grande era la sorpresa para la generación que vivió la Segunda Guerra Mundial, y que consideraba al Ejército soviético como su liberador. Muchos encontraban difícil asimilar que de repente se convirtiera en un enemigo.

Una de las mayores resistencias militares se dio en el 7. Regimiento Paracaidista de Holešov, cuyos miembros impidieron la entrada a los soldados soviéticos en sus cuarteles, foto: ČT BrnoUna de las mayores resistencias militares se dio en el 7. Regimiento Paracaidista de Holešov, cuyos miembros impidieron la entrada a los soldados soviéticos en sus cuarteles, foto: ČT Brno A pesar de ello, hubo muestras de resistencia tanto entre los ciudadanos como entre los soldados. La gente trataba de desconcertar a las tropas del Pacto de Varsovia, saboteando las señales de tráfico para desviar a los soldados o difundiendo rumores sobre agua envenenada, entre otros.

Por su parte, una de las mayores resistencias militares se dio en el 7. Regimiento Paracaidista de Holešov, cuyos miembros impidieron la entrada a los soldados soviéticos en sus cuarteles. Todo eso a pesar del hecho de que los soviéticos habían mandado a ese lugar a sus mejores unidades, fuertemente armadas.

Conocida es asimismo la resistencia en el aeropuerto militar de Kbely, en Praga, cuya pista de aterrizaje fue bloqueada para las fuerzas aéreas de las tropas invasoras. En resumidas cuentas, en contra de la ocupación se mostró la mayor parte de los miembros del Ejército checoslovaco, apunta Antonín Rašek.

“La Academia Militar Política realizó inmediatamente después de la invasión una investigación sociológica sobre la actitud de los soldados a esos sucesos. El 99% de los soldados se declararon estar en contra de la ocupación”.

Esta actitud fue uno de los factores que provocaron unas fuertes purgas dentro del Ejército, que afectaron a miles de personas. Algunos militares acabaron en la cárcel, como por ejemplo, el general Václav Prchlík, quien había incorporado las ideas del 'Memorándum 68' en la política del Estado.

El generalVáclav Prchlík, foto: Archivo de VHÚEl generalVáclav Prchlík, foto: Archivo de VHÚ “El general Prchlík se opuso en una rueda de prensa a la permanencia de las tropas soviéticas después del ejercicio militar de Šumava. El Secretario del Partido Comunista, Alexandr Dubček, lo suspendió de su cargo militar, fue juzgado y acabó condenado a 22 meses de cárcel. Aunque le aconsejaron que pidiera un indulto, no lo hizo y cumplió toda la condena. Entre los presos era tan estimado que nunca tenía que hacer nada en la cárcel, todos lo hacían por él”.

Algunos soldados emigraron al extranjero y los que no acabaron presos, sufrieron fuertes represalias por parte del Estado, cuenta Rašek.

“Frecuentemente solían ser suspendidos y se veían obligados a hacer trabajos no cualificados. Sus salarios no podían superar la cantidad del salario medio. Asimismo, sus familiares se veían afectados con despidos de sus trabajos y sus hijos no podían estudiar en grados educativos más altos, como en institutos o universidades”.

El destino de Antonín Rašek era similar. En aquel entonces desempeñaba el cargo del director del Departamento de Organizaciones Sociales Juveniles Militares del Ministerio de Defensa. Nos cuenta su historia.

Antonín Rašek, foto: Archivo de Antonín RašekAntonín Rašek, foto: Archivo de Antonín Rašek “Fui despedido y me suspendieron de mi cargo inmediatamente después del 21 de agosto de 1968 por haber sido el único al frente de una delegación de jóvenes oficiales que fueron a protestar contra la ocupación al Estado Mayor General. Nos manifestamos contra los sucesos violentos sucedidos alrededor del edificio de la Radiodifusión Checa, en Praga. El general me aseveró descaradamente que no estaba pasando nada. No obstante, nos dirigimos allí y vimos que sí hubo resistencia. Un tanque acabó en llamas y fallecieron varios checoslovacos y soviéticos”.

Antonín Rašek no pudo trabajar hasta principios de 1970 y sus hijos también se vieron afectados por las represalias, perdiendo la oportunidad de matricularse en las instituciones educativas deseadas. Después de la caída del régimen comunista en 1989, Antonín Rašek fue rehabilitado junto con otros 1.293 miembros del Ejército. De las 12.000 personas que habían solicitado la rehabilitación, al 78% les fue concedida junto a una indemnización económica. Algunos fueron además ascendidos a cargos más altos.