Una ruta por los belenes checos

26-12-2014

Bienvenidos al programa especial que Radio Praga emite con motivo del día festivo de San Esteban. Las representaciones de escenas del Nacimiento del Niño Jesús forman parte inseparable de las fiestas navideñas, y las visitas a los museos de belenes representan una actividad navideña de los checos. En en este programa especial les invitamos a recorrer algunos de ellos, y juntos recordaremos la historia del arte belenístico en las Tierras Checas.

La realización del primer belén figurativo en la historia se atribuye a San Francisco de Asís. En 1233, el fundador de la orden franciscana quiso rendir así homenaje a Jesucristo de una manera especial.

Foto: Dominika BernáthováFoto: Dominika Bernáthová Como escenario de la representación del Nacimiento, Francisco eligió una cueva cerca del municipio italiano de Greccio, zona considerada por él como 'rica en su pobreza'.

Cuenta una leyenda que mientras Francisco predicaba, la gente llegó a ver la imagen del Niño Jesús sobre el heno del pesebre. La repercusión de este espectáculo milagroso fue enorme y los belenes pronto llegaron a extenderse a lo largo de todo el continente europeo.

La primera reproducción del pesebre en las Tierras Checas se debió a la Orden de los Jesuitas, que colocaron las figuras de la Sagrada Familia, en tamaño real, en la Iglesia de San Clemente, en la Ciudad Vieja de Praga.

Pronto, los belenes empezaron a formar parte de la decoración navideña de las iglesias a lo largo del país. Esta tendencia se desarrollaba en el marco de la contrarreforma, cuyos protagonistas trataban de inculcar a los herejes de las Tierras Checas la religión católica.

Los belenes fuero retirados de las iglesias

Foto: Dominika BernáthováFoto: Dominika Bernáthová El momento de mayor auge del arte belenístico en las Tierras Checas llegó paradójicamente tras una orden, dictada en 1782, que prohibió exponer los belenes en las iglesias.

La prohibición del emperador José II de Habsburgo emprendió así una parte de la reforma, con la que se pretendía debilitar el poder de la Iglesia. La expulsión de los belenes de los templos la argumentaba calificándola como una conmemoración poco digna de Jesucristo.

La directora del Museo de Bohemia Central, Zita Suchánková, aclara el origen de este acontecimiento.

Zita Suchánková, la directora del Museo de Bohemia Central, foto: Dominika BernáthováZita Suchánková, la directora del Museo de Bohemia Central, foto: Dominika Bernáthová “José II de Habsburgo realizó muchas reformas. Una de ellas se basó en la hipótesis de que en el Imperio Austrohúngaro se celebraban demasiadas fiestas. Las frecuentes visitas a las iglesias supuestamente distraían a la gente de sus obligaciones laborales. Con esta prohibición el emperador provocó paradójicamente un aumento de la popularidad de los belenes”.

De esta manera los nacimientos encontraron el camino a los hogares de todas las clases sociales checas, y pronto se convirtieron en un imprescindible complemento de los festejos navideños.

No todo el mundo podía permitirse la compra de un belén fabricado. Una opción más económica la representaban las figuras de belenes impresos en papel. Con ayuda de tijeras y pegamento, cualquiera podía montar su propio belén. Una actividad aplaudida por los checos sobremanera, ya que siempre han sido conocidos como apasionados bricoladores.

El Museo de Bohemia Central, foto: Dominika BernáthováEl Museo de Bohemia Central, foto: Dominika Bernáthová El Museo de Bohemia Central ha preparado para esta Navidad la exposición 'Belenes, esta vez impresos'. La muestra acoge una selección de obras, producidas en los talleres de imprenta entre los siglos XIX y XX.

En el museo podemos ver más de 1.500 figuritas de papel, 168 hojas y 48 belenes de 36 artistas.

La tendencia de los belenes de papel llegó de la ciudad alemana de Augsburgo, que entonces representaba un centro importante de la gráfica barroca.

Los folios con motivos de los Evangelios se creaban a partir de un grabado en madera y calcografía. Las figuras se recortaban y en sus partes traseras se fijaban astillas para clavarlas en el musgo. Los belenes obtenían diversas formas, según indica Zita Suchánková.

El Museo de Bohemia Central, foto: Dominika BernáthováEl Museo de Bohemia Central, foto: Dominika Bernáthová „Algunos belenes por ejemplo tenían forma de pantalla para lámparas de petróleo. Muy populares eran también los belenes desplegables en forma de libro“.

En el Museo de Bohemia Central podemos admirar el belén impreso más antiguo del siglo XVIII.

Con el desarrollo de las técnicas de impresión, cuyo auge llegó con la litografía, se empezaron a imprimir hojas con figuras en colores. El diseño de la mayoría de los belenes de aquella época era inspirado en los pesebres de fabricación alemana.

La calidad de los impresos sin embargo fue cediendo el paso a la cantidad. Un hito importante en la producción belenéstica se produjo al comienzo del siglo XX, según aproxima Zita Suchánková.

Foto: Dominika BernáthováFoto: Dominika Bernáthová “El primer pesebre de gran calidad fue creado por el pintor checo Mikoláš Aleš. Se trató de una obra hecha por encargo. Las hojas con las figuras de Mikoláš Aleš se siguen publicando como suplementos de algunos periódicos”.

Los belenes de papel de Mikoláš Aleš destacan por su cuidados elaboración. Su trabajo más famoso incluye cuatro folios con un paisaje de Bohemia del Sur, su región natal. Su obra dio paso a un gran avance artístico en la creación de este tipo de belenes.

Otra importante figura del belenismo checo fue el pintor Josef Wenig. Su obra más famosa, del año 1916, se denomina el Pesebre Praguense, y destaca por ser la primera muestra del Nacimiento cuyo alrededor está cubierto de nieve. El carácter checo queda acentuado también por la aparición de la figura del rey Jorge de Poděbrady, que encabezaba el Reino de Bohemia en el siglo XV.

Una curiosa fusión de la cultura checa y la oriental queda plasmada en el belén de Josef Koráb. Sus protagonistas visten trajes típicos checos y orientales, y se ven rodeados de paisajes dominados por los picos nevados de los montes checos, así como con un oasis con palmeras.

La historia checa reflejada en los belenes

Unos de los belenes impresos más antiguos del siglo XIX, foto: Dominika BernáthováUnos de los belenes impresos más antiguos del siglo XIX, foto: Dominika Bernáthová La Sagrada Familia, el buey, la mula y los Reyes Magos son tradicionalmente los protagonistas de la mayoría de los belenes exhibidos en el Museo de Bohemia Central.

Pero en algunos casos ocupan su puesto personajes de la historia checa. Así es el caso del belén titulado “El Nacimiento de la República”, procedente del taller de František Bakule, señala Zita Suchánková.

“Este belén se vendía en beneficio de huérfanos y viudas de legionarios, los soldados que luchaban a favor de una Checoslovaquia independiente en la Primera Guerra Mundial. Lo curioso es que la figura de San José tiene el rostro del primer presidente checoslovaco, Tomás Garrigue Masaryk”. Un belén de Cyril Bouda con personajes de la Primavera de Praga, foto: Dominika BernáthováUn belén de Cyril Bouda con personajes de la Primavera de Praga, foto: Dominika Bernáthová

Los acontecimientos históricos se reflejan también en el pesebre creado por el artista plástico Cyril Bouda. A la figura de San José atribuyó el rostro de Alexander Dubček, el líder de la Primavera de Praga, que en 1968 propagaba un “socialismo con rostro humano”.

La Virgen María se parece vistosamente a otra protagonista de este proceso liberador, la cantante Marta Kubišová, y aparecen otros personajes importantes de aquella época.

Los belenes con rasgos regionales

Un belén de Josef Lada, foto: Dominika BernáthováUn belén de Josef Lada, foto: Dominika Bernáthová Otra parte de la muestra está dedicada a los belenes etnográficos, que destacan por su diversidad de componentes regionales. En los Nacimientos creados en el taller de la artista Marie Fischerová-Kvěchová se hallan figuras con trajes populares de las regiones de Bohemia, Moravia y Silesia.

Algunos de los Nacimientos más populares hasta la actualidad surgieron de los pinceles del pintor checo Josef Lada. Su ciclo de pesebres impresos en 1920 irradia sosiego navideño. Alrededor del pesebre, situado en el típico paisaje del campo checo, se ven niños con trineos, mueñecos de nieve y otras situaciones alegres.

Los belenes como publicidad

Foto: Dominika BernáthováFoto: Dominika Bernáthová Un nuevo fenómeno del belenismo checo llegó con los pesebres impresos con fines de publicidad. Las empresas eran conscientes de la popularidad de los belenes entre la población, afirma Zita Suchánková.

“La producción de los belenes de publicidad era masiva sobre todo en los años 30. Las figuras regalaban al Niño Jesús los productos de la empresa que hacía la publicidad”.

Una de las muestras más auténticas de esta clase de belenes que se puede ver en el Museo de Bohemia Central es el Belén del Trabajo. Fue publicado en los años treinta como un suplemento del diario České Slovo a fin de promocionar productos de cien empresas checoslovacas. Curioso es también un Nacimiento compuesto de cajas de jabón.

Montar los belenes de papel ha sido siempre una cosa sobre todo de niños. De ello sacaban el partido los comerciantes, adjuntando las figuritas a sus productos.

Foto: Dominika BernáthováFoto: Dominika Bernáthová Al principio del siglo XX eran muy populares los llamados 'belenes de achicoria', que podemos ver en el Museo de Belenes del municipio de Kryštofovo Údolí (Valle de Cristóbal), en Bohemia del Norte. Según resalta el director del museo, Martin Chaloupka, la apuesta por este tipo de promoción arrojó a los productores de este sustituto del café grandes beneficios.

“Este modo de promoción se empleaba sobre todo durante la época del Imperio Austrohúngaro y durante la Primera República Checoslovaca. Con la llegada del adviento se veía cómo los niños acompañaban a sus madres o abuelas de compra con un entusiasmo hasta sospechoso. Dentro de la tienda las convencían de que compraran la achicoria. Aunque las abuelas siempre tenían sus despensas llenas de este producto, se la compraban. Es que cada paquete llevaba una figura para montar el belén”.

El comunismo no favorecía a las figuras católicas

Tras la implantación del régimen comunista en 1948, el arte belenista vivió una época de represión, según apunta Zita Suchánková, del Museo de Bohemia Central.

Kryštofovo Údolí, foto: archivo de Radio PragaKryštofovo Údolí, foto: archivo de Radio Praga “La Navidad por supuesto se seguía celebrando, pero se notaba una gran presión por parte de las autoridades para que los nacimientos desaparecieran del público. En lugar de belenes se daba protagonismo a los árboles navideños. Recuerdo las quejas de mi abuela, que criticaba que entonces en la televisión no aparecía ni una sola mención sobre el Nacimiento del Niño Jesús. Fue una época decadente respecto al belenismo checo y su divulgación era cada vez más complicada”.

Con los años posteriores de la caída del régimen comunista llegó también la resurección del belenismo. Este cambio político permitió a Martin Chaloupka dedicarse a su afición de coleccionar los belenes.

Su museo en Kryštofovo Údolí actualmente acoge una veintena de pesebres, desde los más minúsculos hasta los que ocupan espacios de más de 20 m². La tradición del belenismo en Kryštofovo Údolí se remonta a unos 150 años atrás y su mayor auge lo experimentó en el siglo XX en la época de entreguerras. Se dice que entonces los belenes se montaban en una de cadas dos casas.

Aparte de ser su afición, Martin Chaloupka fundó el museo con el fin de atraer al pintoresco pueblo de Kryštofovo Údolí a los turistas. Y lo consiguió, ya que anualmente el municipio da la bienvenida a unos 60.000 visitantes. Muchos de ellos se dirigen al pueblo también para ver el pesebre exterior de madera, creado en 1999 por el pintor Josef Jíra. Algunas de sus figuras superan los dos metros de altura y 16 de anchura. Martin Chaloupka recuerda cómo el autor se preocupaba por la reacción del público.

Kryštofovo Údolí, foto: archivo de Radio PragaKryštofovo Údolí, foto: archivo de Radio Praga “Josef Jíra elaboró este belén en una playa italiana. La escenificación de dos metros y medio de altura está creada a base de un tríptico. Para ello le inspiraron los aguinalderos que recorrían las casas y sobre los cuellos tenían colgadas pequeñas cajas con puertas y pequeños pesebres dentro. De allí la inspiración para la forma de tríptico. La parte izquierda retrata a Herodes y la Matanza de los Inocentes, en el centro del belén figura el pesebre con el Niño Jesús, José y María y a la derecha queda representada la huída de la Sagrada Familia a Egipto. La verdad es que se trata de un nacimiento inusual”.

Cada año abre sus puertas al público también el Museo de Belenes del castillo medieval de Karlštejn, situado a unos 30 kilómetros al sur de Praga. La muestra acoge una cincuentena de pesebres, fabricados en su mayoría de madera, pero también de cera, azúcar, o incluso pan.

Una curiosidad es el belén de marionetas, el más grande de la República Checa, que se extiende en unos 80 m². Las escenas de los Evangelios se desarrollan en el mismo castillo de Karlštejn, protagonizadas por 46 marionetas. El Niño Jesús recibe regalos de los diez reyes checos más importantes.

El belén del Libro Guiness de los Récords

El belén mecánico de Josef Probošt, Třebechovice en la Bohemia Oriental, foto: Barbora KmentováEl belén mecánico de Josef Probošt, Třebechovice en la Bohemia Oriental, foto: Barbora Kmentová El pesebre más conocido de la República Checa lo podemos encontrar en la ciudad de Jindřichův Hradec. Se extiende en una superficie de 60 m² y su autor Tomáš Krýza tardó 60 años en completarlo.

Con sus 1398 figuritas, 133 de ellas móviles, fue en inscrito en 1998 el Libro Guiness de los Récords como el belén mecánico más grande del mundo. De un importante título goza también el belén mecánico, fabricado en el taller del tallador Josef Probošt, actualmente exhibido en el Museo de Třebechovice. En 1999 fue declarado Patrimonio Cultural de la República Checa.

Es un extenso pesebre de siete terrazas compuesto de unas 2.000 piezas, puestas en movimiento por un solo mecanismo. Originalmente se ponía en marcha a mano con una manija, hoy día es propulsado por un pequeño motor eléctrico.

Un belén para comérselo

El pesebre de pan de jengibre y decorado con azúcar, foto: archivo de Radio PragaEl pesebre de pan de jengibre y decorado con azúcar, foto: archivo de Radio Praga No es solamente la madera o papel la materia prima para construir los belenes. Una de las especialidades de la República Checa son los belenes compuestos de pan de jengibre y decorados con azúcar. El belén comestible más extenso está en el municipio de Zdounek, en Moravia del Sur. Compuesto de 1806 piezas y figuras de pan de jengibre, sus autores batieron el récord checo. Para sus construcción se utilizaron 120 huevos y 30 kilogramos de harina.

Bueno amigos, aquí se acaba nuestro recorrido por los belenes checos. Esperamos que hayan disfrutado de este programa especial y sobre todo que hayan pasado unas fiestas navideñas agradables.

No se olviden que pueden enviarnos sus comentarios, sugerencias y preguntas a la dirección de siempre Radio Praga, Redacción Iberoamericana, Código Postal 120 99, Praga, República Checa. O bien a nuestra casilla electrónica cr@.cz

Nos despedimos, amigos, hasta la próxima.

26-12-2014