San Cirilo y San Metodio en Roma

05-07-2019

Roma guarda la tumba de San Metodio, uno de los hermanos misioneros que sentaron las bases de la cristianización de los pueblos eslavos. La relación de estos dos “apóstoles de los eslavos” con la capital italiana será el tema de este programa especial de Radio Praga emitido con motivo de la fiesta nacional que los checos celebran el 5 de julio en su conmemoración.

Foto: Valtameri / GNU FLFoto: Valtameri / GNU FL El paganismo fue una de las grandes preocupaciones de Rastislav, el Príncipe de Gran Moravia, imperio extendido en el siglo IX en el actual territorio de la República Checa, Eslovaquia, Polonia y Alemania.

Con el fin de difundir el cristianismo en sus tierras, el monarca acudió al Emperador bizantino, Miguel III. En 863, llegaron a Gran Moravia desde Salónica dos hermanos misioneros, Cirilo y Metodio, preparados cuidadosamente para su gran misión.

Los hermanos dominaban el idioma de los locales, ya que en Salónica vivía una extensa comunidad eslava. Este conocimiento les permitió un mayor acercamiento al pueblo. Cirilo incluso inventó un alfabeto conocido como glagolítico, derivado del alfabeto griego, que los hermanos usaron para traducir la Biblia y otros documentos litúrgicos. En el idioma conocido como eslavo antiguo celebraban asimismo las misas.

Dado que no se trataba del idioma litúrgico oficial, Cirilo y Metodio tuvieron que dirigirse a Roma para defender su enseñanza ante el Papa, Nicolás I, quien les había invitado.

Tomáš Černušák, foto: ČTTomáš Černušák, foto: ČT El historiador Tomáš Černušák, del Archivo Terráqueo Moravo, revela más detalles sobre su largo y dificultoso camino.

“El viaje no fue seguro y duró semanas o incluso meses. Los hermanos hicieron una parada en Venecia con el fin de conversar sobre la liturgia eslava. En aquel entonces, los únicos idiomas litúrgicos eran el griego y el latín. El requerimiento de establecer oficialmente la liturgia eslava representaba un paso atrevido. Sin duda, podía ayudar al esfuerzo de los hermanos misioneros, pero no de forma fácil”.

Al llegar a la ciudad eterna en 867, los hermanos recibieron una cálida bienvenida por el Papa Adriano III, quien sustituyó en el cargo a Nicolás I, quien había fallecido. Cirilo justificó ante el Papa y los clérigos la liturgia eslava dignamente. El nuevo Papa dio su bendición a los libros litúrgicos traducidos por ambos hermanos a la lengua de los habitantes de Gran Moravia.

Asimismo, reconoció el derecho a que los hermanos pudieran celebrar misas en eslavo antiguo. Según el historiador Libor Jan, el motivo de este permiso fue de carácter político.

“La liturgia eslava representaba un experimento intelectual interesante, que tenía muchos adversarios en su época. No nos imaginemos que solamente en la zona latina, sino que se encontraban también en el área oriental”.

El reconocimiento llega con las reliquias

Uno de los motivos del amable trato del Papa pudiera deberse al hecho de que los hermanos habían llevado a Roma los restos de San Clemente, que habían obtenido durante su misión anterior en Crimea.

Libor Jan, foto: ČT24Libor Jan, foto: ČT24 Este obsequio de gran importancia para la Iglesia favoreció a los hermanos a la hora de completar exitosamente su defensa de la liturgia eslava, causando una actitud más afable de los clérigos.

Asimismo, puede que el Papa quisiera captar al Emperador bizantino Basileo I como su aliado en la lucha contra los musulmanes, quienes amenazaban en aquel entonces a Italia.

Cirilo y Metodio también tenían un motivo político para emprender el viaje a Roma, querían que se estableciera en el territorio de Gran Moravia un obispado moravo para el príncipe Rastislav. Esta misión acabó sin éxito, ya que Cirilo se enfermó durante su estancia en Roma, donde entró en el monasterio y en poco tiempo falleció.

“A pesar de que la lengua eslava había sido reconocida plenamente, no se logró establecer una nueva provincia eclesiástica. No obstante, más tarde surgió la idea de establecer un nuevo obispado en Panonia, una antigua región de Europa Central a la que pertenecía también Gran Moravia. Metodio después regresó a Roma donde fue santificado como obispo de Panonia”, apuntó Libor Jan.

En el 869, el Papa emitió la bula Gloria in excelsis Deo, destinada al Príncipe Rastislav, en la que aprobó la liturgia eslava oficialmente. Metodio regresó a Gran Moravia, pero tuvo que enfrentar una serie de intrigas, provocadas por el ambicioso sacerdote alemán Wiching.

Con el transcurso de tiempo, Metodio se sentía débil de salud, y por tanto nombró al obispo Gorazd como su sucesor. Metodio falleció en el 885 y después de su muerte prosiguieron las intrigas.

 Gran Moravia Gran Moravia Finalmente, Wiching consiguió que el arzobispo Gorazd y sus compañeros acabaran en la cárcel. Los aproximadamente 200 monjes y curas educados en el eslavo antiguo fueron expatriados, ya que no querían traicionar el legado y la obra de su maestro Metodio.

El historiador Černušák evalúa el papel del eslavo antiguo en el desarrollo cultural.

“Litúrgicamente fue un idioma artificial, no obstante, correspondía con la lengua que se hablaba en el territorio de Gran Moravia, así que no era artificial del todo. A la hora de pensar si este intento era sostenible, pues mi opinión es que el siguiente desarrollo no está vinculado solamente con la expulsión de los alumnos de los hermanos y con la desintegración de Gran Moravia en el siglo X, sino también con otros sucesos, que demostraron que en el marco de la región no fue exitoso”.

En el siglo XI, el Monasterio de Sázava en Bohemia representaba un centro espiritual de la liturgia eslava. A finales del siglo XI, los monjes benedictinos fueron expatriados, ya que el Papado se esforzaba en unificar el culto litúrgico en base romana. Con ello se acabaron también los restos de la liturgia eslava.

Los restos de los santos

La tumba de San Cirilo se encontraba en la Basílica de San Clemente, una de las obras sacras más importantes de Roma. En la parte inferior de la basílica, situada en el subterráneo de la calle San Giovanni di Laterano, se encontraba un santuario pagano de los siglos I y II d.C., consagrado a la diosa Mitra. En la parte central se hallaba la tumba de San Cirilo, apunta Tomáš Černušák.

“El lugar fue descrito en su currículum más antiguo, escrito a finales del siglo IX. En los años sesenta del siglo XX se realizó una investigación y los arqueólogos descubrieron el lugar donde se halla la tumba”.

En la actualidad, las reliquias del santo no se encuentran en esta tumba. Cuando se construyó la nueva basílica, el Papa dio la orden de subirlas y colocarlas en el nuevo santuario. En ese lugar se conservaron hasta finales del siglo XVIII, hasta el momento de secularización de la basílica, causado por un ataque del ejército francés revolucionario.

Durante los siguientes 150 años, las huellas de los restos mortales habían desaparecido, explica Černušák.

“En 1963, un monje dominicano investigó y encontró una nota notarial en la que se sostenía que los restos habían sido en 1798 retirados y guardados en la Iglesia de Santa María Varicela. Posteriormente pasaron a las manos de la familia aristocrática Mateu en Recanata, en cuya propiedad fueron descubiertos en 1963. Después fueron trasladados a la Capilla de San Cirilo y San Metodio”.

Los restos de San Cirilo se hallan en la capilla consagrada a ambos misioneros hasta la actualidad. Por su parte, la tumba de San Metodio, quien falleció en Gran Moravia, nunca ha sido descubierta y su ubicación sigue representando un gran misterio, sobre el cual pueden leer aquí:

En 1981, el Papa Juan Pablo II declaró a San Cirilo y San Metodio como copatronos de Europa.

05-07-2019