Jiří Menzel, el oscarizado director de ‘Trenes Rigurosamente Vigilados’, cumple 80 años

23-02-2018

Jiří Menzel, que en 1967 recibió el Oscar a mejor película extranjera por ‘Trenes Rigurosamente Vigilados’, es una de las figuras clave de la Nueva Ola checoslovaca. Este viernes se cumplen 80 años de su nacimiento. Con motivo del aniversario emitimos una entrevista concedida para Radio Praga en 2017.

‘Trenes Rigurosamente Vigilados’‘Trenes Rigurosamente Vigilados’ El cine checoslovaco confirmó su década de apogeo en la ceremonia de entrega de los Óscar de 1967. La película ‘Trenes Rigurosamente Vigilados’ (‘Ostře sledované vlaky’), de Jiří Menzel, obtuvo la estatuilla a la mejor película extranjera.

Ambientada en la Segunda Guerra Mundial y basada en una historia del novelista Bohumil Hrabal, ‘Trenes Rigurosamente Vigilados’ contaba de manera sencilla pero deliciosa la implicación de un trabajador de ferrocarriles checo en la resistencia antinazi. Lejos de las narrativas épicas de grandes héroes y buenos y malos, la película de Menzel mostraba personajes frágiles, de carne y hueso, víctimas y no protagonistas de los grandes eventos históricos.

Para el joven director la repercusión de la obra fue algo totalmente inesperado, nos cuenta cincuenta años después.

“Se trató de mi primer largometraje, y lo hice con un amigo mío, Jaromír Sofr. La única ambición que teníamos era hacerlo de forma que nos dejaran hacer otra película, que no fuera una vergüenza. Y el hecho de que nos saliera tan bien, que el tema fuera tan bueno e interesante en todo el mundo, y en una época en la que aquello resultaba interesante y no había otras cosas que distrajeran la atención, fue una suerte tremenda”.

Jiří Menzel, foto: Martin Špelda, Archivo de ČRoJiří Menzel, foto: Martin Špelda, Archivo de ČRo El destino de ‘Trenes Rigurosamente Vigilados’ debería haber sido la distribución nacional, como mucho un pase discreto en algún festival, pero un guiño del destino hizo que la obra cruzara el charco.

“Tuve la suerte de hacerla en una época en la que el cine checoslovaco era popular, gracias a directores como Forman, Chytilová y otros colegas. Así que vino un productor italiano, el señor Ponti, que se compró unas cuantas películas checoslovacas por cuatro perras, y las proyectó en América. Y allí la seleccionaron para los Óscar, lo que tampoco tendría por qué haber sido así. Entonces la mayor parte de las películas que se llevaban el Óscar a mejor película extranjera eran casi siempre italianas o francesas. Es que los italianos tenían mucha influencia sobre los premios. Así que no es que a todos les gustara la película. No había una película italiana mejor, así que premiaron a la mía”.

El traductor al cine de Bohumil Hrabal

Bohumil Hrabal, foto: ČTBohumil Hrabal, foto: ČT Sin duda, además del buen trabajo de realización y fotografía, el mayor aliciente de la película es su argumento: encantador, humano, sutil, sensible y profundo al mismo tiempo. Está basado en la novela homónima de Bohumil Hrabal, pero adaptada con ayuda del mismo autor y además en los momentos previos a su publicación, explica Jiří Menzel.

“En aquel entonces, cuando ya se preparaba la película, aún no existía como novela. Era solo un manuscrito. Entonces Hrabal no hacía nada que fuera en contra de la política cultural de los comunistas. Además, era una época más libre y se permitían más cosas. Así que a finales de los 60 Hrabal podía publicar, y había sacado dos libros de cuentos. Este era su tercer libro, pero como digo era aún un manuscrito y no se conocía”.

La película que Menzel rodó después, ‘Crimen en el Teatro’, de 1968, estaba basada en un texto de Josef Škvorecký, y la siguiente, ‘Un Verano Caprichoso’, del mismo año, en una novela de Vladislav Vančura. Incluso para su cuarta película, ‘Alondras en el alambre’, rodada poco después, en 1969, Menzel volvió a recurrir a un texto de Hrabal, con quien le unía una gran amistad.

Llama la atención precisamente que el grueso de la cinematografía de Menzel esté formado por adaptaciones literarias. El director dice sentirse más cómodo en su papel de traductor más que de creador, nos cuenta.

‘Un Verano Caprichoso’, foto: Jiří Janoušek, Archivo de los estudios de Barrandov‘Un Verano Caprichoso’, foto: Jiří Janoušek, Archivo de los estudios de Barrandov “Es una seguridad. Si el guion es original no puedo estar seguro de si es interesante, mientras que un libro ya tiene cierto valor. Y mi trabajo no es hacer una película para mí, sino solo traducir el libro al lenguaje cinematográfico, y ayudar a que la novela se popularice. Porque lectores hay menos que público de cine, y este es además más tonto que los lectores. Así que hay que traducir lo intelectual del texto para que sea comprensible para la gente normal, que de otra forma no habría llegado a lo que dice el libro. Esa es la tarea de la película”.

Jiří Menzel mantiene una posición ecuánime, de buen padre, con todas sus producciones, y admite verse impedido para valorar a posteriori cualquiera de sus películas.

“Para mí es un producto que está listo y terminado, y sigo con mi vida. No sufro de nostalgia por lo que he hecho, sería una necedad. Las botas están hechas, que alguien camine con ellas, si le vienen bien me alegro, si no, pues me enfadaré conmigo mismo. Incluso me prohíbo ver mis propias películas. Tengo una sensación extraña. Bien me digo: ahora no sabría hacerlo, o por el contrario: cómo he podido hacer una tontería como esta”.

Bajo las contracciones del movimiento peristáltico

La mencionada ‘Alondras en el alambre’, fuertemente crítica con el régimen comunista, situó a Menzel, después de la invasión soviética de 1968, en la lista negra de artistas a ser represaliados y censurados. De hecho tuvieron que pasar cinco años hasta que pudo rodar su siguiente obra, ‘Quien busca el fondo de oro’ (‘Kdo hledá zlaté dno’), considerada una de las más flojas de su currículum. A pesar de que la contingencia política supuso un fuerte parón en su carrera cinematográfica, Jiří Menzel siempre desechó la idea de huir a Occidente, nos confiesa.

“Ya me lo ofrecieron antes de que llegaran los rusos, que si quería ir a Hollywood a trabajar. Al igual que a Miloš Forman, que ya estaba allí. Después cuando vinieron los rusos, los americanos me llamaron otra vez y me preguntaron si no sería razonable emigrar. Tenía un amigo que lo formuló de forma exacta: somos 15 millones, si se escapa un millón, ¿qué va a pasar con los 14 restantes? El país, la nación, necesita gente que pueda hacer cosas con el cerebro, con el corazón, es decir, escribir libros, hacer cine, teatro, para que no lo hagan solo los que sirven al régimen”.

‘Mi dulce pueblecito’‘Mi dulce pueblecito’ Miloš Forman dio luz en su exilio estadounidense a obras maestras como ‘Alguien voló sobre el nido del cuco’ o ‘Amadeus’, así que siempre será una gran duda que habría sucedido si Menzel hubiera escuchado el llamado de Hollywood. Lo que sin duda es cierto es que en la Checoslovaquia de la llamada normalización produjo filmes de gran belleza como ‘Tijeretazos’ o ‘Mi dulce pueblecito’.

En retrospectiva, lejos de considerar los años de represión como un drama, Jiří Menzel los valora como un periodo más, quizás necesario, de la historia del cine de su país.

Precisamente, tras la llegada de la democracia al país en 1990 comenzó para Jiří Menzel el periodo más infructuoso de su vida. Desde entonces ha rodado solo cuatro largometrajes, el último, ‘The Don Juans’, en 2013.

Ante esta sequía, Menzel asegura trabajar por encargo, y toparse con el hecho de que ya a nadie le interesa encargarle nada. Ante el estado del cine checo, que prefiere no comentar, rebate la idea de que se necesite a toda costa libertad para poder desarrollar una actividad artística interesante.

23-02-2018