El legado de San Venceslao sigue vigente

La República Checa conmemora este lunes su Fiesta Nacional, vinculada con la tradición y el legado de San Venceslao, patrono de la nación checa. Sobre ese destacado personaje de la historia nacional les hablaremos en el siguiente programa especial de Radio Praga.

Jaroslav Šebek
El 28 de septiembre es el día de la onomástica de San Venceslao, y recuerda un hecho sucedido en el año 935 o, según sostienen algunas fuentes históricas, en el año 929.

En esa fecha el príncipe Venceslao, de la familia de los Premislitas, la más importante dinastía nacional de soberanos, fue asesinado en la ciudad de Stará Boleslav, cerca de Praga. El crimen fue perpetrado por orden de Boleslao, hermano menor de Venceslao.

Con ese fratricidio culminó la lucha por el poder que en aquel entonces había tenido lugar entre los dos hermanos. Venceslao pagó con su vida por haber defendido la cristianización de los habitantes de las Tierras Checas. Su objetivo fue formar parte de la Europa Occidental cristiana, que en aquellos tiempos era más avanzada que los territorios del este europeo.

Pasado algún tiempo Venceslao fue canonizado, siendo uno de los primeros santos checos. La veneración de esa importante figura de la historia nacional la realza este año la presencia del papa Benedicto XVI en la mayor romería del país que en honor a San Venceslao se celebra en Stará Boleslav. Los escritos históricos destacan la herencia moral, cultural y espiritual del príncipe Venceslao que posteriormente condujo a su canonización.

El historiador Jaroslav Šebek, con quien conversamos sobre el significado histórico de San Venceslao para la nación checa, afirma que su legado sigue vigente hasta el presente. “La tradición de San Venceslao tiene aspectos que no han perdido de actualidad y que la sociedad contemporánea, y especialmente la juventud debería aplicar en su vida cotidiana. Venceslao insistía en un mayor nivel cultural de la nación como premisa fundamental para el fortalecimiento del poder del Estado. También exigía una alta moral de las capas gobernantes y esto es lo que los ciudadanos deberían exigirles a los dirigentes políticos contemporáneos”.


El sinnúmero de monumentos e inmuebles históricos vinculados en la República Checa con San Venceslao también testimonian el aprecio que se tiene en el país por el santo patrono nacional.

En Praga, San Venceslao está presente en toda la ciudad. Fue consagrada a él una hermosa capilla en la catedral de San Vito en el Castillo de Praga, en la que se encuentran depositados los restos mortales del príncipe Venceslao.

Asimismo, detrás de una puerta con siete cerraduras se hallan las joyas de coronación que forman parte del patrimonio nacional.

Marzo de 1939,  Praga,  la plaza de Venceslao
El nombre de Venceslao lo lleva una plaza situada en pleno centro de Praga. En uno de sus extremos está situada una estatua ecuestre de San Venceslao, representado como caballero dispuesto a encabezar y defender a su pueblo.

Al pie de la estatua, los checos suelen reunirse en los momentos cruciales de la historia nacional, señaló el historiador Jaroslav Šebek. ”Es una tradición reunirse junto a la estatua de San Venceslao en momentos difíciles, así como en días de fiesta. Las personas intuitivamente buscan amparo del príncipe Venceslao y santo patrono de la nación. En 1918 fue proclamada allí la República Checoslovaca independiente y las masas populares se reunían en la plaza también durante la Revolución de Terciopelo en el año 1989”.

Praga del 1968
Junto a la estatua ecuestre de San Venceslao en la céntrica plaza de Praga tuvieron lugar también acontecimientos que marcaron negativamente la historia del país.

En la primavera de 1939, tras la ocupación de Bohemia y Moravia por la Alemania nazi, desfilaron allí las tropas de Hitler, exigiendo el apoyo incondicional de los checos al Tercer Reich.

El 25 de febrero de 1948, el líder comunista, Klement Gottwald, anunció en la plaza que los comunistas asumían el poder y que había sido instituido un Gobierno comunista. Este régimen se mantuvo posteriormente en Checoslovaquia durante más de 40 años.

Praga del 1989
La Primavera de Praga del 68 fue un intento por reformarlo, pero éste fue aplastado por los tanques soviéticos.

Las protestas de los ciudadanos checos contra la ocupación del país por las tropas soviéticas también tuvieron lugar en la Plaza Venceslao.

Y fue allí donde en enero de 1969 se autoinmoló el estudiante Jan Palach en protesta contra la ocupación, falleciendo días más tarde en un hospital de Praga a causa de las quemaduras.


Stará Boleslav
Hablando de lugares en la República Checa vinculados estrechamente con el santo patrono de la nación, cabe mencionar la ciudad de Stará Boleslav en la que el príncipe checo fuera asesinado.

Todos los años, el 28 de septiembre se efectúa en Stará Boleslav la mayor romería del país a la que acuden miles de personas.

Durante la fiesta sus participantes visitan los dos templos de Stará Boleslav: la basílica de San Venceslao y la iglesia de peregrinación de la Asunción de la Virgen María. La misa de peregrinación es oficiada en la Plaza Mariana de la ciudad.

Stará Boleslav se encuentra a unos 30 kilómetros de Praga y es un significativo centro religioso del país, como recalcó el historiador Jaroslav Šebek.

“Los creyentes vinculan a Stará Boleslav con la tradición de San Venceslao y la tradición nacional mariana. Según una leyenda, el día del asesinato del príncipe Venceslao, éste llevaba en su cuello una imagen de la Virgen María. En el barroco comenzó la adoración de la imagen, llamada ‘Paladio de las Tierras Checas’, como símbolo de la protección de las Tierras Checas por San Venceslao y la Virgen María”.

El ‘Paladio de las Tierras Checas’ es un pequeño icono de madera, de unos 13 por 19 centímetros, en el que aparece la imagen de la Virgen María con Jesucristo en los brazos.

La leyenda cuenta que el príncipe Venceslao recibió el Paladio de regalo de su abuela Ludmila el día de su bautizo. Después de la muerte del príncipe la imagen de la Virgen María desapareció por varios siglos, hasta que fue encontrada casualmente por un campesino cerca de Stará Boleslav.

En 1609 el icono fue declarado ‘Paladio de las Tierras Checas’, o sea, cuadro de protección del país.


Přemysl el Arador
Remontémonos ahora imaginariamente a tiempos remotos y hablemos de la vida y el destino de San Venceslao. Según recalcó el historiador Jaroslav Šebek, y lo hemos dicho ya con anterioridad, el príncipe Venceslao provenía de la dinastía checa de los Premislitas que desempeñó un importante papel en la historia checa.

“Los Premislitas fundaron el Estado Checo, y en la Edad Media se dedicaron a la ampliación de su territorio y su florecimiento. A ellos se debe la cristianización de las Tierras Checas y el que sus soberanos fueran beneficiados en el siglo XIII por el título real hereditario. Los Premislitas también lograron que el Reino Checo se independizara del sacro Imperio Romano. Por eso los checos tienen una gran admiración hacia los Premislitas”.

Según cuenta una leyenda, el primer príncipe Premislita que dio nombre a la dinastía fue Přemysl el Arador, quien supuestamente sentó las bases del futuro Estado Checo. Pero los documentos históricos sostienen que el primer príncipe checo históricamente comprobado fue Bořivoj I Premislita.

Bořivoj I
San Venceslao fue nieto de Bořivoj I y de su esposa Ludmila, que más tarde también fue canonizada. Fue hijo del príncipe Vratislao I Premislita y de la princesa Drahomíra. Los libros de historia indican que Venceslao nacería por el año 895, pero la fecha exacta y el lugar de su nacimiento se desconocen.

Venceslao fue educado por su abuela Ludmila en la fortificación de Budeč. Tras la muerte del padre de Venceslao, el poder en el país lo asumió su madre Drahomíra. Tardó algún tiempo hasta que Venceslao pudo ocupar el puesto que le correspondía en el Estado Checo, en tanto que hijo primogénito de Vratislao I.

Venceslao gobernó el país 11 años. Fueron tiempos de gran beneficio para el pueblo. El príncipe manejaba bien la diplomacia, gracias a lo cual le aseguró al país relaciones de buena vecindad con los estados vecinos. Se empeñó en el desarrollo cultural del Estado Checo y su acercamiento a los países civilizados del oeste europeo. Promovía los ideales cristianos y humanistas y creía en la victoria del bien sobre el mal.

Ludmila
La labor del príncipe Venceslao no fue fácil, especialmente en política exterior, porque cierta parte de la nobleza nacional, encabezada por su hermano Boleslao, le reprochaba sus transigencias frente a Sajonia y otros vecinos, según sostuvo el historiador Jaroslav Šebek. “Siendo un soberano sabio, el príncipe Venceslao comprendió que el centro del poder en las regiones vecinas estaba en aquél entonces en Sajonia y, para prevenir un conflicto con el soberano sajón, Enrique I el Pajarero y conservar la paz en las Tierras Checas, se comprometió a pagar el llamado impuesto de paz. Boleslao le reprochaba los contactos con Sajonia y el conflicto entre los hermanos desembocó en el asesinato de Venceslao en Stará Boleslav, el 28 de septiembre de 935, aunque algunas fuentes señalan que fue en el año 929”. Después del crimen fratricida asumió el poder en el Estado Checo el príncipe Boleslao. Éste pronto comprendió que los pasos adoptados por su hermano Venceslao en política interna y exterior habían sido premeditados y le habían asegurado al país una paz duradera.

Boleslao se arrepintió de lo que había hecho a su hermano mayor y tres años después del crimen, mandó a trasladar los restos mortales de Venceslao al Castillo de Praga, donde fueron sepultados en la rotonda de San Vito, actualmente catedral. Unos 40 años más tarde Venceslao fue canonizado oficialmente, destacándose su muerte mártir en defensa de los ideales cristianos que había profesado.

San Venceslao
La canonización de San Venceslao fue muy importante para el Estado Checo en el contexto europeo, ya que en esa época, la mayoría de los países occidentales ya tenían su santo patrono nacional, vinculado con familias gobernantes. Este hecho era considerado de alto prestigio internacional, tanto desde el punto de vista espiritual como profano.

El culto del santo checo pronto comenzó a difundirse por el país. A ello contribuyeron diversas leyendas que fueron surgiendo todavía durante la vida del príncipe Venceslao y que testimoniaban su carácter humanista y su rechazo a la violencia.

Las leyendas cuentan que el príncipe prohibió el mercado de esclavos, mandó a liberar a los presos y destruir las cárceles. Ofrecía ayuda a los pobres y socorría a los enfermos. Venceslao estaba convencido de que la fe cristiana, el amor y la educación, enseñarían a la gente a vivir y a trabajar honestamente, según dijo el historiador Jaroslav Šebek.

“Las leyendas que celebraban a San Venceslao fueron extendiéndose durante el Medioevo especialmente. Una cuenta, por ejemplo, que los soberanos del Estado Checo llevaban la lanza y la bandera del príncipe Venceslao al encabezar sus ejércitos en enfrentamientos armados contra enemigos extranjeros. Venceslao era concebido como un soberano eterno, líder del ejército nacional y de todo el pueblo”.

En el siglo XIII surgió también un hermoso coral dedicado a San Venceslao, y que en diversos períodos de la historia nacional fue concebido como himno checo.


El mayor auge del culto de San Venceslao fue registrado en el siglo XIV, cuando el Estado Checo fue gobernado por el emperador romano-germánico Carlos IV.

Fue este soberano quien mandó construir una capilla consagrada a San Venceslao. En ella se conserva hasta el presente el cráneo del príncipe checo, que suele ser expuesto en público exclusivamente en ocasiones extraordinarias. Por orden de Carlos IV fue fabricada asimismo la corona real de San Venceslao.

La corona de oro, decorada con piedras preciosas, forma parte de las joyas de coronación de los soberanos que gobernaron el Reino Checo. Según el historiador Jaroslav Šebek, el surgimiento de la corona real de San Venceslao tuvo un significado especial para el fortalecimiento del culto de San Venceslao. “La tradición de su culto alcanzó su mayor desarrollo durante el gobierno de Carlos IV, porque la corona real de San Venceslao acentuó la estrecha vinculación existente entre su aspecto profano representado por el Estado Checo, y la veneración cristiana de San Venceslao. La corona simbolizaba además, el estrecho vínculo de San Venceslao con cada soberano que asumía el poder en el Reino Checo”.


Foto: archivo de Radio Praga
El aprecio por San Venceslao se conserva en la nación checa hasta el presente. El día aniversario de su asesinato, el 28 de septiembre, fue declarado en el año 2000 como Fiesta Nacional de la República Checa. El historiador Jaroslav Šebek afirma que San Venceslao se merece un reconocimiento especial por ser el primer checo que se consideraba en primer lugar, ciudadano europeo. ”Se puede decir que San Venceslao fue el primero en darse cuenta de la importancia de unir el desarrollo del país con Europa Occidental que ya en ese entonces era altamente avanzada en comparación con el resto del continente. Venceslao les indicó a los checos el camino por el que avanzamos actualmente en la Europa unificada”.

Junto con la tradición de San Cirilo y San Metodio, el culto de San Venceslao es una de las herencias espirituales más antiguas de la República Checa. Esta herencia tiene también una importante connotación profana, que es el gran rol de la dinastía Premislita en la fundación del Estado Checo y en la historia nacional en general.