Antonín Pikhart, el autodidacta que tradujo el Quijote al checo

17-11-2016

La primera traducción directa de Don Quijote de la Mancha al checo tuvo que esperar hasta 1899. El traductor fue el primer hispanista de la nación checa, Antonín Pikhart, que además de la obra clave de Cervantes llevó al checo desde el Lazarillo de Tormes hasta autores de su época como Pardo Bazán, Zorrilla o Blasco Ibáñez. En este programa especial nos dedicaremos a su figura y a la historia del Quijote en la lengua checa.

Antonín Pikhart, foto: public domainAntonín Pikhart, foto: public domain En 1899 los lectores en lengua checa pudieron por fin acceder a una edición de ‘El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha’ traducida directamente del español al checo. Un año después, como regalo de despedida del siglo que moría, salía a la luz la segunda parte.

El autor de ambas traducciones era Antonín Pikhart, considerado no solo el primer hispanista del que disfrutó la nación checa, sino sobre todo el principal difusor de la literatura española en esta lengua, que entonces luchaba por la misma consideración y prestigio que el alemán.

Nacido en 1861 en Třebíč, estudió derecho en la Universidad de Praga, aunque todo indica que su principal afición fue la literatura y los viajes. Visitó Estados Unidos, España, Rusia, Italia y el norte de África. Quizá de este doble amor surgió de forma natural la pasión por la traducción.

Sus primeras actividades en este sentido fueron, sin embargo del alemán al checo. De acuerdo con el profesor Uličný, de la cátedra de Traductología de la Universidad Carolina, en su decisión final de dedicarse al español influyó sobre todo la relación oferta-demanda de lenguas extranjeras en la sociedad checa, afirma para Radio Praga.

“Él no tuvo éxito con su traducción de unos poemas de Heinrich Heine. A comienzos de los años 90 del siglo XIX trató de publicarlos pero no tuvo éxito. No se editó hasta unos 10 años más tarde. Entonces es posible que se dijera: los checos lo traducen casi todo del alemán, del español no hay nada, y entonces se decidiera a traducir”.

Aunque estuvo un par de veces en España, todo indica que aprendió la lengua castellana de forma autodidacta, con los recursos de la época y seguramente con escasos contactos con hablantes nativos. Sorprendentemente alcanzó pronto un nivel más que suficiente para la traducción, como atestigua la documentación que se conserva, prosigue Uličný.

Miloslav Uličný, foto: ČTMiloslav Uličný, foto: ČT “Poco a poco iba mejorando en cuanto a su conocimiento del español, y hay aquí una cita de lo que le escribe Leopoldo Alas. Al contestar una carta de Pikhart le concede permiso para traducir cualquier obra suya. Y al mismo tiempo considera el castellano del traductor checo como muy bueno, aunque señala uno que otro error no muy grave. Cito: veo por su carta que escribe usted muy bien en español, tanto que solo dos ligeras faltas he notado. ‘Me atrevo de pedir su permisión de usted’ debe ser ‘me atrevo a pedirle permiso’, ‘me usted permitirá’ debe ser ‘usted me permitirá’. Todo lo demás muy bien”.

El nivel de español de Pikhart resulta aún más impresionante si tenemos en cuenta que, además de obras contemporáneas, sus esfuerzos de traducción se centraron también en libros y poemas del renacimiento y el barroco, que son casi ilegibles para el lector convencional moderno.

“Tuvo que aprender también las diferencias que hay entre el español del siglo XIV, XV y XVI sobre todo. Y es autor también de la primera antología checa de la poesía española, sobre todo de los siglos XVI y XVII”.

Una puerta directa de la literatura española hacia Chequia

De hecho un vistazo a su magna obra de 58 traducciones revela la presencia, además del Quijote y de la mencionada recopilación de poesía, del Lazarillo de Tormes y de las Novelas Ejemplares de Cervantes.

Además de llevar a los clásicos de las letras castellanas al checo, Pikhart se dedicó sobre todo a llevar la literatura española coetánea a los lectores checos. En el creciente mercado editorial en esta lengua aparecieron gracias a él, por ejemplo ‘Doña Luz’ de Juan Valera, ‘El Sombrero de Tres Picos’ de Pedro Antonio de Alarcón, ‘Don Juan Tenorio’ de José Zorrilla, ‘Nazarín’ de Benito Pérez Galdós, ‘Pequeñeces’ de Luis Coloma, ‘Los Pazos de Ulloa’ de Emilia Pardo Bazán o ‘La Barraca’ y ‘Arroz y Tartana’ de Blasco Ibáñez. Recopiló y tradujo asimismo una colección de coplas españolas.

Su labor para con el castellano se vio complementada asimismo con sus traducciones del catalán al checo. Suyas son las versiones en checo de dos dramas de Àngel Guimerà, unas traducciones de Jacint Verdaguer y un libro que escribió en calidad de autor sobre la literatura catalana, que fue publicado en 1906. Llegó a ser incluso miembro de la Acadèmia Catalana.

Miloslav Uličný, foto: ČTMiloslav Uličný, foto: ČT Por otro lado, fue pionero en traducir obras de autores latinoamericanos, una labor que por desgracia fue interrumpida por su muerte en 1909, añade el profesor Uličný.

“Además fue el primer en introducir algunos autores españoles al checo. Antes se trataba de solo unas pocas excepciones, unos pocos autores. Y él consiguió que se abriese un abanico de escritores. Poco antes de morir prematuramente tradujo una obra de un autor colombiano, un romántico, ‘María’. Él iba ensanchando ese abanico a los autores hispanoamericanos, que antes ni siquiera de lejos se conocían aquí”.

‘María‘, de Jorge Isaacs, es precisamente la primera traducción de la novela de un autor hispanoamericano al checo. Pikhart también tradujo para la revista literaria Květy una recopilación de poesía contemporánea mexicana y piezas del poeta peruano José Santos Chocano.

Un juez consagrado al español en sus ratos libres

Pikhart mantuvo correspondencia con numerosos autores españoles, entre ellos, además del mencionado Leopoldo Alas “Clarín”, con Ramón del Valle-Inclán y con Vicente Blasco Ibáñez. Sus conocimientos del idioma y de la literatura en español debían ser los más elevados de todas las Tierras Checas por aquel entonces, como da a entender el catálogo de su vasta biblioteca, revela Uličný.

“Aquí ve el catálogo de la biblioteca del autor. Y son como mil doscientos y pico de títulos, y algunos títulos cuentan con más de dos tomos. Muy generalmente cinco tomos y más. Jacinto Benavente: teatro, teatro, teatro, tomo quinto, tomo séptimo, etc. Era la biblioteca más rica en autores españoles en el territorio de Bohemia”.

Suponiendo que efectivamente no solo hubiera leído sino que conociera bien todos aquellos libros, y dada su enorme productividad y sus numerosos viajes, cuesta creer que tuviera realmente el tiempo necesario tanto para cultivarse como para traducir.

La respuesta tiene que ver con su ocupación principal, afirma el profesor Uličný.

“Por otra parte se lo permitía su oficio, porque él era juez. Durante la monarquía austrohúngara los jueces eran una élite que trabajaba, pero no tanto”.

Una forma de darle prestigio a la lengua checa

Los checos de finales del siglo XIX y comienzos del XX tienen por tanto que agradecerle al Imperio Austrohúngaro que mimara de esta forma a sus funcionarios. Aunque es muy posible que sus contemporáneos, entre los que predominaba un creciente sentimiento nacionalista, no tuvieran ni una palabra positiva sobre el dominio austriaco.

Precisamente el aporte de Antonín Pikhart no tiene que entenderse únicamente como un servicio a la lengua española, a la que garantizó un colectivo de lectores que hasta entonces tenía que acceder a ella a través del alemán. Sobre todo su contribución fue al prestigio del idioma checo, que ahora sacaba la cabeza del hoyo adonde lo habían desterrado y podía mirar hacia otras literaturas mundiales, entre ellas el español.

“Era un hispanista, el primero en su generación, que se dedicaba profundamente al problema, es decir estudiaba a los escritores que se merecen que se estudiasen. Y él conocía muy bien el idioma checo, algo que no era tan corriente”.

La lengua checa había sido hasta principios del siglo XIX, cuando el nacionalismo checo surge y empieza a ganar fuerza, una lengua de poco prestigio social, hablada sobre todo por gente de campo, invadida de germanismos y que poca gente dominaba tanto como para poder escribir con ella textos de carácter literario o científico. Es decir, una situación muy similar a la que vivían el catalán o el vasco en España en la misma época.

Los intelectuales nacionalistas checos se dedicaron a lo largo de todo el siglo XIX a difundir la lengua, actualizarla, y darle prestigio social y literario. Aun así resultaba complicado encontrar a alguien que tuviera realmente maestría en este idioma, señala Uličný.

“En los años 70, 80 y hasta 90 del siglo XIX la élite checa estaba acostumbrada tanto el checo como el alemán, y el alemán era algo imprescindible para ser un personaje importante de la élite. Entonces a veces no siempre los traductores, tanto los que traducían obras españolas como otros, no eran capaces de encontrar esas cosas sutiles que caracterizan a los mejores autores extranjeros. Aparecían traducciones que, aunque no eran erróneas, no eran muy buenas”.

Miguel de Cervantes, foto: public domainMiguel de Cervantes, foto: public domain Puede decirse pues que Antonín Pikhart contribuyó a crear el lenguaje literario checo, al expandir las posibilidades del idioma con la traducción de clásicos de alta calidad literaria y amplio vocabulario como el Quijote.

Una misión que realizó conscientemente y además por motivos ideológicos. Resulta notable que su nombre de pila fuera realmente Alfred pero se lo cambiara por Antonín, que sonaba menos alemán.

Su labor quedó inesperadamente interrumpida cuando se encontraba en pleno apogeo. En 1909, cuando todavía no había cumplido los 50 años, el traductor sucumbió a una sepsis o infección de sangre contraída durante un viaje a Italia.

Sin hijos ni herederos intelectuales o discípulos, su trabajo llegó a un punto final. Su labor traductora y difusora puso las bases para un mayor interés hacia la literatura en castellano y por tanto para un posterior hispanismo en las Tierras Checas.

17-11-2016