La última mina de uranio de Europa se convertirá en cementerio nuclear

12-02-2016

Aunque el Estado checo no planea enterrar residuos nucleares en un horizonte de 50 años, ha comenzado a planearlo con la creación de un laboratorio subterráneo situado en la última mina de uranio de Europa. El objetivo es comprobar las condiciones del lugar para la creación de un depositario.

La mina de Rožná, foto: Daniel Burda, Radiodifusión ChecaLa mina de Rožná, foto: Daniel Burda, Radiodifusión Checa La mina de Rožná, situada a unos 50 kilómetros al noroeste de Brno, ha producido alrededor de 21.000 toneladas de uranio desde que comenzó sus actividades en 1957. Este año, sin embargo, se espera que Rožná produzca algo menos de 100 toneladas de este material, que será utilizado en centrales nucleares de la República Checa y del extranjero. De hecho se espera que en dos años cierre sus puertas.

Pero antes de ser inundada y cancelada para siempre, una parte de la mina, situada bajo la localidad de Bokuv, seguirá activa una década más, como mínimo, para con otro propósito. La Autoridad de Depositarios de Residuos Nucleares ha decidido usarla como sede de un laboratorio especial. En él se realizarán las pruebas necesarias para crear un cementerio nuclear en el que sepultar para siempre los residuos producidos por las centrales de Temelín y Dukovany.

"En algunas etapas del proyecto usaremos los métodos de superficie y los taladros. Sin embargo tienen sus límites", explica el geólogo Lukáš Vondrovic, de la Autoridad de Depositarios de Residuos Nucleares. "Para confirmar nuestras investigaciones es necesario adquirir también datos del subsuelo".

Una mina de uranio es el escenario ideal para el propósito de la Autoridad, ya que está dotada con dos laboratorios similares pero a una profundidad de 150 metros bajo tierra. No serán sin embargo suficientes, ya que la roca se comporta de manera muy diferente a una profundidad de varios cientos de metros.

Las obras para la construcción del centro de investigación subterráneo de Bukov comenzó en 2013 y debería estar terminado este año. Estará formado básicamente por un corredor a 320 metros de profundidad. El coste se calcula en 62 millones de euros.

Los datos recabados será extrapolados para crear un modelo a largo plazo y demostrar la seguridad del cementerio nuclear en los próximos cien mil años.

No obstante el proyecto también tiene sus críticas. La principal es que los terrenos por debajo de Bukov, formados principalmente por roca metamórfica, solo concuerdan con uno de los siete lugares en los que en un futuro podría crearse el depositario. En el resto predomina el granito, por lo que no sería posible extrapolar los resultados.

12-02-2016