La fineza de la porcelana checa

07-09-2004

La empresa "Thun - Karlovarský porcelán" es la mayor y más antigua fábrica de porcelana checa. Produce esta especie de loza fina desde 1794 y en la actualidad la exporta a más de sesenta países. "La porcelana checa es peculiar por su modo de producción y el diseño", dice en una entrevista con Pavla Jedlicková el director de la fábrica, Vlastimil Argman.

Las condiciones para la producción de la porcelana fueron ideales en la región de Karlovy Vary, en Bohemia Occidental. Todos los materiales necesarios, el caolín, el cuarzo y el espato, abundaron allí.

A finales del siglo XVIII se fijó en ello el conde Thun, fundando en sus dominios una fábrica de porcelana, predecesora de la empresa Thun - Karlovarský porcelán.

Vlastimil Argman señala que la fábrica vivió su mayor auge y a la vez el mayor declive a finales de los años treinta del siglo XX.

"Por aquél entonces la producción de la porcelana se expandió en toda Europa. Hasta entonces la porcelana había sido considerada como algo exclusivo para los más ricos. Pero el florecimiento económico de los años treinta hizo de la porcelana un artículo accesible también para los demás. El estallido de la Segunda Guerra Mundial puso fin a este auge".

Hoy, Thun - Karlovarský porcelán es una sociedad anónima integrada por varias fábricas cada una de las cuales se concentra en una producción diferente de porcelana. La más famosa en el extranjero es el Estudio Thun que confecciona la porcelana en series limitadas para los clientes más exigentes.

Vlastimil Argman precisa que su compañía emplea a 2200 personas y su monto anual alcanza mil 500 millones de coronas checas.

"Exportamos el 80 por ciento de nuestra producción, sobre todo a otros países de la Unión Europea. Uno de los mercados tradicionales es para nosotros España, donde la porcelana checa es considerada como un producto europeo de punta. Tenemos un contrato exclusivo con las embajadas checas y suministramos la porcelana también a varias familias reales en todo el mundo".

 

El director de Thun - Karlovarský porcelán, Vlastimil Argman, explica el porque la porcelana checa es tan apreciada en el extranjero.

"La porcelana de Karlovy Vary es reconocida en el mundo como porcelana dura. Esto significa que en la fase final se cuece a 1410 grados centígrados. No es común en otras fábricas de porcelana europeas que suelen cocer esta loza fina a 30 o 40 grados menos".

Pero no sólo la tecnología de producción hace diferente la porcelana checa, enfatiza el señor Argman.

"Es también el diseño específico. La porcelana checa tiene su forma y decorados especiales. Le doy un ejemplo: Desde hace setenta años confeccionamos el tipo denominado Natalia. Tiene un relieve en forma de cesto en platos, vasos, étc. En fin, se trata de un motivo mimbroso que armoniza bien con decorados florales".

El decenio pasado registró una enorme expansión de la cerámica. Pese a ello, Vlastimil Argman no teme que la cerámica pueda competir con la porcelana.

"La porcelana es el producto más fino. Se trata de un procesamiento más elevado de materiales naturales. Sus cualidades son las mayores desde el punto de vista de su firmeza o de la higiene. La porcelana tendrá siempre clientes y admiradores".

Al igual que otros accesorios domésticos, también la porcelana está influenciada por olas de moda. Sin cesar debe adaptarse a nuevas combinaciones de colores, nuevas tendencias en la mantelería o en el diseño de la cocina.

Vlastimil Argman explica que en la actualidad están muy de moda los colores negro, blanco y gris combinado con el platino. "Los clientes ya no quieren decorados ricos y colores chillones y vuelven a los decorados más decentes", concluye el director de la fábrica Thun - Karlovarský porcelán.

07-09-2004