Éxitos de música clásica: Largo de Antonín Dvořák

02-02-2020

En el espacio dedicado a los mayores éxitos de la música clásica checa podrán escuchar esta vez una muestra del tema Largo de la Sinfonía del Nuevo Mundo de Antonín Dvořák, que en 1893 cautivó a los melómanos estadounidenses.

Antonín DvořákAntonín DvořákEl periódico New York Herald informó el 17 de diciembre de 1893 sobre el evento musical más importante del año de la siguiente manera: “Por todos lados se oían ovaciones frenéticas. Todos miraron al lugar donde miraba el director de la orquesta. Era evidente a dónde se dirigían todas las miradas. La gente en la sala coreó con entusiasmo: “¡Dvorak, Dvorak!” Y mientras que el compositor hacía reverencias, todos observaron a este poeta de los tonos que sabe cautivar a los corazones de un amplio público”. Así describó el New York Herald el memorable estreno de la Sinfonía del Nuevo Mundo de Dvořák.

¿A que se debió su fama? ¿Sólo a su música o también a su posición social? Dvořák era entonces el primer director del Conservatorio Nacional de Nueva York, entonces un puesto sumamente prestigioso. Sin embargo, a los escuchas los cautivó, sobre todo, gracias a su música.

El manuscrito de la Sinfonía del Nuevo Mundo de DvořákEl manuscrito de la Sinfonía del Nuevo Mundo de Dvořák Su Sinfonía N° 9 en mi menor, conocida como la Sinfonía del Nuevo Mundo era su última sinfonía, y se convirtió a la vez en su obra más importante. El público neoyorquino, que entendía muy bien la música, se dio cuenta de que acababa de escuchar un tema proveniente de la cima absoluta del romanticismo musical, lo mejor de la obra sinfónica de todos los tiempos.

Dvořák entusiasmó a los estadounidenses y la vida cultural de todo el Nuevo Mundo. Su invención musical de esta obra es muy impactante y extremadamente pegadiza. Los expertos estadounidenses de aquel entonces cubrieron a Dvořák de elogios. Los críticos llegaron a la conclusión de que Dvořák había sentado las bases de una nueva música americana.

Pero volvamos al Largo, el segundo de los cuatro movimientos de esta sinfonía. Este es muy fuerte desde el punto de vista melódico, pero ofrece mucho más. Pone en evidencia que Dvořák trabajó de manera fantástica con la orquesta. La melodía la toca primero el corno inglés, que no es el típico solista de una orquesta.

“¡Dvorak, Dvorak!” Y mientras que el compositor hacía reverencias, todos observaron a este poeta de los tonos que sabe cautivar a los corazones de un amplio público.

Pero Dvořák sabía muy bien que el sonido de este instrumento tenía un matiz muy nostálgico que cuadraba perfectamente con su estado de ánimo y sentimientos. Es sobre todo en esta parte, donde Dvořák expresa su añoranza por el hogar. En esta parte de la Sinfonía del Nuevo Mundo el corno inglés desempeña el papel principal.

Tras esta muestra del Largo de la Sinfonía del Nuevo Mundo de Dvořák viene la conocida parte central de contraste. Para cualquier compositor es muy difícil escribir una parte central de un movimiento lento de manera que no pierda su calidad melódica.

Dvořák por eso reemplaza el corno inglés con un ánimo dolorido de toda la orquesta. Así es uno de los movimientos libres más famosos a nivel mundial. Toca la Orquesta Filarmónica Checa dirigida por Jiří Bělohlávek.

El astronauta Neil Armstrong llevó consigo la grabación de la Sinfonía del Nuevo Mundo de Dvořák a la Luna. Eso sucedió en agosto de 1969 durante el vuelo de la misión espacial de Apollo 11. Otra curiosidad es que la cuarta parte de esta sinfonía se convirtió hace años en el himno oficial de la Oficina Internacional de Exposiciones. Los tonos y movimientos enteros de la sinfonía figuran entre lo más conocido de la música clásica mundial.

La Sinfonía número 9 sugrió a fines del siglo XIX durante la estadía del compositor en Estados Unidos, donde trabajó entre los años 1892 y 1895 como director del Primer Conservatorio de Nueva York.

El manuscrito de los Motivos de Nueva York, foto: Kristýna Maková, Museo de Antonín Dvořák en Praga El manuscrito de los Motivos de Nueva York, foto: Kristýna Maková, Museo de Antonín Dvořák en Praga La inspiración principal del compositor fue tanto el desarrollo agitado de Estados Unidos y su frenético estilo de vida, como los sentimientos absorbidos por Dvořák durante su estadía en el campo estadounidense al que tanto le gustaba viajar.

Como hemos dicho, la misma refleja también su deseo nostálgico por su hogar en la lejana Bohemia. Dvořák trabajó de manera intensa en su sinfonía más famosa durante un periodo relativamente corto, sólo durante unos meses: concretamente, desde enero hasta el 24 de mayo de 1893.

A la Sinfonía del Nuevo Mundo la caracteriza más que otra cosa su forma sintética de diferentes elementos de música popular. Pero tratar de explicar la intención del compositor como una historia épica resulta inútil, pese a la tentación de buscar en los movimientos de la sinfonía diferentes inspiraciones.

Sí, en el último movimiento podemos escuchar la rítmica de la escritura de un mensaje telegráfico. Pero todo lo que podemos percibir en la sinfonía, las diferentes impresiones de las imágenes musicales, no se pueden simplificar de manera que las podamos considerar una imagen de algo concreto.

Se dice que la voz más audible de la Sinfonía del Nuevo Mundo es el deseo de una libertad universal y la unidad humana. Dvořák, al igual que muchos otros europeos, nunca entendió la esclavitud y el persistente racismo en el Nuevo Mundo.

Quizá este sentimiento se puede concebir en los tonos de la sinfonía... Debería contenerlo. Zdeněk Mahler, renombrado historiador europeo, una vez narró una historia sobre Dvořák: Cuando un estadounidense trataba de convencerle de que la raza blanca era superior a las demás, el compositor le dijo con la boca llena: “¡Una mierda!”.

El ciclo Éxitos de música clásica surgió en base al proyecto de Lukáš Hurník y Bohuslav Vítek titulado Éxitos del milenio transmitido por la Radio Checa Vltava.

02-02-2020