La transformación de los Servicios de Inteligencia - Parte III

01-07-2006

Con este espacio, "Del Totalitarismo a la Democracia", Radio Praga trata de ofrecer un vistazo sobre lo que ha representado el proceso de transición en la República Checa. Este espacio está dedicado a todas las personas interesadas en conocer detalles sobre la transformación checa desde la dictadura comunista hasta la democracia, por lo que creemos que encontraremos muchos radioescuchas en Cuba, donde importantes sectores de la población se preparan también para un proceso de cambio pacífico en la Isla

A lo largo de los años 1993 y 1994, en la República Checa se dieron importantes pasos hacia la transformación de toda la sociedad. Se constituyeron nuevas formas de propiedad, se fundaron partidos políticos y los checos cobraron conciencia de sí mismos como alumnos aventajados de Europa. En el discurso mediático apareció una opinión diferente a la aplicada hasta entonces sobre la concepción de los continuos cambios. El discurso se aprovechó de la reacción más simple a la dictadura de tipo soviético: la de la ola del "sentimiento derechista de la vida" unida a un ruidoso anticomunismo. Al mismo tiempo, comenzó a manifestarse un desencanto después de la euforia post-cambio y empezó el debate sobre cómo enfrentar el pasado.

Como uno de los demonios suplentes saltó a la luz, en el papel de culpable, la Seguridad del Estado (StB) anterior a noviembre de 1989. Y los nuevos servicios secretos aparecieron en el papel de cómplices, porque ".cómo pueden trabajar correctamente si entre ellos sigue habiendo todavía miembros de la antigua StB?"

Así se abrió de nuevo el interrogante de si fue correcto elegir el método del cambio progresivo. No habría sido preferible escoger la muy discutida "solución cero": despedir a todos los antiguos miembros y construir unos nuevos servicios secretos partiendo desde cero? Contra esta variante se argumentaba con la advertencia de que el informante madura profesionalmente tras ejercer su profesión entre siete y diez anos y, entretanto, el servicio secreto se mantiene débil e incapaz de proteger al país. Se trata de un argumento sólido. Defender la decisión tomada requería bastante coraje. Los directores de los servicios secretos buscaban compromisos viables, muchas veces contrarios a su propia posición ideológica de partida.

Con todo, las soluciones puestas en práctica en los inicios, a pesar de no haber sido elegidas de una manera plenamente consciente y planificada, predeterminan el subsiguiente desarrollo y con frecuencia imposibilitan la vuelta al punto de partida. Por eso, los servicios secretos checos siguieron con el "cambio progresivo", a veces agilizado por las reorganizaciones y otras, ralentizado por las demandas de funcionamiento y por la costumbre. Según mis observaciones, los departamentos de los servicios secretos que mejor maduraban profesionalmente eran aquellos que desde el principio habían contado con una mayoría de personal nuevo, pero en los que, junto a ellos, trabajaban también algunos "antiguos".

Menos exitosos resultaban los departamentos en los que había demasiados "antiguos" o ninguno de ellos. Mis observaciones "a pequena escala" están en línea con las conclusiones de estudios de transición especializados, que generalmente documentan que aquellos países que conservan una parte de las élites anteriores presentan un desarrollo más estable. No obstante, este conocimiento se divulga exclusivamente como parte de un discurso académico; nadie tiene interés en sacarlo a un debate político o mediático público. Otro apunte importante: los servicios secretos tienen su propia misión y fin; excepto un breve periodo inmediatamente después de que el nuevo sistema alcance el poder (cuando tienen que preservarse los archivos y los bienes públicos), no deberían cumplir el papel de las instituciones dedicadas a borrar los signos del comunismo. Si hay voluntad política y ambiente en la sociedad propicios a que se acometa una confrontación documental o eventualmente penal con el régimen anterior, esta tarea deben asumirla otras instituciones de nueva creación.

Entre ellas y los servicios secretos, sin embargo, se producirán enfrentamientos de intereses antagónicos, a la vez que legítimos por ambos lados. Equilibrarlos con éxito no es fácil... El plan del Ministerio Federal del Interior en los anos 1990 ó 1991 era o bien suprimir por completo el contraespionaje, o bien por lo menos convertirlo -en el marco de los pactos de caballeros con los países extranjeros en un observatorio benigno de la prensa extranjera. Pero antes de eso, era necesario desmontar los equipos del espionaje comunista en el exterior, incluidos los llamados no legales. No es una tarea trivial. Es posible ocupar la oficina de la Seguridad del Estado en una ciudad provincial por soldados armados de metralletas, sellar las dependencias y enviar a sus miembros a hacer trabajo voluntario; lo cual es completamente imposible en una metrópoli extranjera. El desmontaje del espionaje comunista lo efectuaron los que conocían sus métodos, que no cambiaron considerablemente desde los anos 60, es decir, los miembros rehabilitados. A estos senores se les debe gratitud por ello, que la Patria nunca les manifestó. Si bien en la fase siguiente algunos de ellos se convertirían en el freno de un desarrollo posterior.

La primera mitad de los anos 90 fue para el espionaje civil un periodo de tanteo y de defensa. El espionaje checo (a diferencia de Polonia, Hungría, Eslovaquia) fue expulsado del ambiente de su socio y cliente natural, esto es, del Ministerio de Asuntos Exteriores y los servicios diplomáticos. Me atrevo a decir que esta ostensible expulsión de los informantes del servicio diplomático proporcionó a los empleados del Ministerio de Exteriores una sensación de su propia purificación. Por supuesto, errónea. Tan sólo en los anos 1997-2000, las relaciones mutuas empezaron a volver al punto al que pertenecían. Sin duda, el trabajo de los servicios de espionaje civiles tiene que basarse en una concepción aceptada de la política exterior y no puede comprometer a la diplomacia; pero sin embargo, puede contribuir a ella, ya que dispone de sus propias herramientas específicas para la consecución de las informaciones necesarias.

Hungría y Polonia

A lo largo de los anos 1990-2004, en la dirección del contraespionaje civil checo se sucedieron nueve directores en total. En la dirección del espionaje civil, la cifra era de seis. Excepto dos, ninguno de ellos era antiguo comunista, al contrario, hay entre ellos cuatro prisioneros del antiguo régimen y cinco signatarios de la Carta 77. Otros aproximadamente veinte firmantes de la Carta 77 ocuparon altos cargos directivos en el contraespionaje y en el espionaje en diferentes épocas. Es cierto que ello no atestigua nada sobre las habilidades de gestión de estos directivos, pero aporta una información favorable sobre los Gobiernos de derechas y de izquierdas de Checoslovaquia y de la República Checa.

En Hungría, la situación era diferente. Cuando en el otono de 1998 llegó al poder el Gobierno derechista de Orbán, nombró al frente del espionaje y del contraespionaje a oficiales del antiguo espionaje comunista. En Polonia fue más complicado. Desde 1990 hasta 2002, el servicio secreto civil era la Oficina para la Protección del Estado, que aglutinaba en sí la función del espionaje al igual que la del contraespionaje. A partir del ano 2002, dos servicios independientes cumplen con estos papeles. Entre 1990 y 2002, los directores de la Oficina para la Protección del Estado eran antiguos activistas del movimiento Solidaridad, con la excepción de un antiguo oficial que ocupó el cargo durante el gobierno de izquierdas.

Polonia siempre dispuso de unos servicios de inteligencia fuertes y de calidad. Este hecho tampoco cambió después del ano 1989. Y aunque después de esa fecha, en los servicios secretos se llevaron a cabo lustraciones parciales, no se llegó a un corte total de las originales redes de las agencias. Los oficiales que permanecieron en el servicio, declararon lealtad al nuevo régimen y al Presidente en su gran mayoría. Sobre el Presidente Walesa se sabía que tenía cierta debilidad por la Oficina y que utilizaba sus servicios muy a menudo. Hasta el ano 2004, los jefes del espionaje en el marco de la Oficina para la Protección del Estado eran siempre -ya fuera durante el Gobierno de la derecha, ya de la izquierda- antiguos cuadros.

Los partidos y los dispersos movimientos políticos situados a la derecha del centro de la escena política no aceptaron nunca la existencia de los llamados oficiales leales que antes del ano 1989 trabajaron en la policía secreta polaca. Sin embargo, el hecho de que la derecha no tuviera una representación parlamentaria unida y fuerte no le concedía ningún mandato para cambiar esta situación. Eso podía cambiar con la unificación de los grupos post-Solidaridad en la coalición AWS en 1998; en AWS se debatía sobre la llamada variante cero en los servicios secretos, que consistía en una propuesta para disolver los servicios y empezar de nuevo. Finalmente, eso no sucedió. Algunos casos a lo largo de la década de los 90 descubrieron el entrelazamiento político de las diferentes direcciones de la Oficina con los distintos actores de la lucha política interna en Polonia. La politización de los servicios secretos en Polonia todavía no es historia que pertenezca al pasado.

Eslovaquia

Asimismo, Eslovaquia constituye un caso específico. En los anos 1995-1998 estaban al frente de los servicios secretos eslovacos combinados (espionaje y contraespionaje) personajes oscuros que con su actuación contribuyeron al agravamiento del aislamiento internacional de Eslovaquia. En comparación con la República Checa, los servicios secretos eslovacos pasaron entre los anos 1993 y 2004 por otras discontinuidades personales. En 1993, con la creación de un Estado eslovaco independiente, los servicios secretos eslovacos "renunciaron" a los antiguos miembros eslovacos de los servicios secretos checoslovacos federales. Muchas personas fueron despedidas y, en cambio, se admitió a antiguos miembros de la Seguridad del Estado. Tras la llegada del Gobierno democrático en otono de 1998 fue necesario deshacerse de estas viejas adquisiciones.

Por tanto, en 2003, el nuevo director decidió adoptar, después de los anos transcurridos y de una manera súbita, la "solución cero" y despidió al resto de los oficiales de la era de la StB, aunque hubieran servido lealmente. Este desarrollo no solamente marcó la maduración profesional de los servicios, sino que también contribuyó a originar un inquietante fenómeno eslovaco, el de los llamados "servicios paralelos". En ocasiones, los oficiales despedidos trabajan como informantes para sujetos particulares no estatales. En comparación con los países vecinos mencionados, y a pesar de la opinión de una parte de los periodistas, la injerencia de los servicios secretos checos en el mundo de la política interna fue mínima.

Desde el mismo principio, ninguno de los países mencionados accedió a la llamada solución cero, todos escogieron el cambio progresivo. Después de unos anos, en la República Checa los servicios secretos civiles y militares alcanzaron una solución muy cercana a la solución cero; en Eslovaquia -después de las peripecias mencionadas- hubo una solución cero tardía con una ejecución relativamente brusca; Polonia, y sobre todo Hungría, están más lejos de esa solución. En Estonia, y con menos éxito y de manera menos sistemática en Lituania, se crearon unos servicios secretos nuevos, compuestos exclusivamente por gente joven y nueva.

Qué habría pasado si...

Esta pregunta suele ser objeto de ensayos históricos sobre hechos contrastados. A veces me pongo a pensar sobre qué debería haberse hecho para que la transformación de los servicios secretos checoslovacos y checos hubiera transcurrido de una manera menos dolorosa, sin tan grandes lapsus y con unos resultados más eficaces. Si con la ayuda de la máquina del tiempo hubiera podido aconsejarme a mí mismo y a mis companeros en el ano 1990, habría resumido mis consejos más o menos de esta manera: la transformación de los servicios secretos es cara y larga y no se puede llevar a cabo sin penosos errores. Para que personas concretas puedan asumir el papel de la dirección, coordinación y concepción de los servicios secretos en la democracia, es necesario prepararlas de una manera anticipada y responsable. El futuro jefe de los servicios secretos no debería ser una persona situada en ninguno de los ideológicamente acusados polos del espectro político. No debería ser un emigrante que hubiera pasado muchos anos fuera del país, no debería ser un empresario, ni un soldado profesional.

¿Se busca un pastor evangélico? Es importante estudiar los sistemas extranjeros, pero reiteradamente y profundizando en todos los contextos. Toda solución adoptada por alguno de los servicios secretos extranjeros parte de las concretas circunstancias históricas locales y prácticamente en ningún sitio ha surgido después de una reflexión racional. No es suficiente con una somera familiarización, el diablo está escondido en los detalles. Para nuestra propia solución es posible utilizar una combinación de ejemplos extranjeros. La antigua policía secreta debe suprimirse cuanto antes después del cambio de poder. No obstante, no es conveniente sumir a sus miembros en una situación social sin salida. El archivo de la antigua policía secreta debe protegerse muy celosamente. Es necesario distinguir entre los distintos departamentos de los antiguos servicios secretos -algunos hacían lo que harán también los nuevos.

Probablemente, la mejor elección después de la caída de los regímenes no-acomodaticios es constituir los nuevos servicios desde cero. No obstante, en la fase inicial es difícil prescindir de los antiguos miembros de los servicios del régimen caído. A estos es necesario prometerles, por ejemplo, 5 anos de defensión, después de los cuales serán reemplazados y despedidos con un generoso finiquito; y, por supuesto, garantizar y cumplir esta promesa. Es imprescindible establecer cuanto antes una comunicación intensa con la nueva élite política y educarla. También cuanto antes, los servicios secretos deben recibir, por parte de las nuevas autoridades constitucionales, límites y cometidos. Después de una fase inicial de destrucción de los antiguos servicios y rápida construcción de los nuevos (y que no debería durar más de un ano o dos) es conveniente encontrar los canales de comunicación hacia la opinión pública y los medios de comunicación. Los servicios secretos protegen su país contra las amenazas actuales; no son una institución para el ajuste de cuentas con el pasado nacional. Es necesario ir admitiendo gente nueva de una manera intensa a la vez que prudente, y adiestrarles. Los directores de los servicios secretos que ocupan el cargo inmediatamente después del cambio de régimen deberían pensar en su propia retirada a tiempo. Gradualmente deberían sustituirles -a ser posible en mitad de una legislatura- nuevos profesionales, provenientes de dentro de los propios servicios.

Petr Zeman estudió Ciencias Naturales. A finales de los años 60 formaba parte activa del movimiento estudiantil. En los años setenta y ochenta no le fue permitido trabajar en su especialidad y vivía del trabajo manual y, más tarde, desempeñando profesiones técnicas. En el año 1977 se convirtió en uno de los signatarios de la Carta 77. En el año 1990 fue miembro de los Comités Cívicos. Desde el año 1990 hasta el año 1998 trabajó en el contraespionaje; entre 1998 y 2001 fue Director del espionaje civil.

01-07-2006