El día que me quieras

04-12-2019

La directora de cine Jana Boková nació en Praga pero se exilió del país en 1968. Desde entonces viene filmando en distintas ciudades del mundo sobre temáticas como el tango, el exilio y la cultura latinoamericana, además de haber grabado un videoclip para Eric Clapton. Luego de mantener por muchos años una relación muy tensa con Chequia revela, en esta entrevista, el momento exacto en que se reconcilió con su país.

Jana Boková, Diario para un cuento, foto: archivo personal de Jana BokováJana Boková, Diario para un cuento, foto: archivo personal de Jana Boková Cuando los tanques soviéticos ingresaron a Praga, Jana Boková decidió dejar el país. Entre muchas razones, porque su padre venía de sufrir las purgas del estalinismo y durante seis meses estuvo realizando trabajos forzados sin que su familia supiera nada de él.

Jana Boková, foto: archivo personal de Jana BokováJana Boková, foto: archivo personal de Jana Boková Boková decidió instalarse en París y luego en Londres donde la aceptaron en la National Film School. Pero sintió que ese tampoco era su lugar y empezó a trabajar a distancia para la BBC.

A comienzos de los ochenta llegó a Buenos Aires con la idea de hacer una película sobre el tango y se sintió como en casa. Boková explica que siempre la apasionó esa música que es también una forma de vida por su mezcla de amor imposible, humor negro y poesía.

Claro que, en esa época, no era aún el producto de exportación que es hoy, como ella misma explica.

“Cuando yo propuse hacer la película sobre el alma del tango los ingleses no sabían qué era el tango, pensaban que era una bebida porque se bebía el tango como la Coca Cola”.

A pesar de que Buenos Aires le encantó, los comienzos no fueron fáciles. Cuenta que no hablaba ni una palabra de español y por eso la acompañaba Norman di Giovanni, un famoso traductor de Borges al inglés que escribió algunos libros sobre el escritor.

El problema era que se quedaba dormido en todos lados. Incluso recuerda Boková una ocasión en que tuvieron un almuerzo comercial con una productora de televisión para negociar esa película sobre tango y apenas empezaron, él se durmió.

Más allá del sueño o la pesadilla del traductor el proyecto salió a flote y con el nombre de “Tango mío” conquistó a público de distintas partes del mundo. Incluso a Eric Clapton, quien llamó un día a la BBC para contar que zapeando en la tele lo vio y le gustó tanto que quería comprarlo.

Desde ese momento, el guitarrista se empezó a interesar en todos los trabajos de Boková y años después se comunicó con ella para pedirle que hiciera el videoclip de la canción “I ain´t gonna stand for it”.

“Él nunca había querido venir a América Latina y yo le dije pero acá te quieren y si te gustó “Tango mío” tienes que venir, entonces él admitió que, finalmente, aceptó hacer su primera gira en América Latina gracias a mi comentario”.

Luego del documental sobre tango, Boková filmó también las calles de París, las huellas del flamenco en Andalucía y siguió explorando, por supuesto, temáticas latinoamericanas en Argentina, Brasil y Cuba.

Buscando relatos breves para llevar al cine encontró “Diario para un cuento” de Julio Cortázar, la historia de un traductor que ayuda a un grupo de prostitutas a escribir cartas a viajeros.

Boková cuenta que Aurora Bernárdez, la viuda del escritor, le dijo que esa historia incluida en su último libro de cuentos “Deshoras” era totalmente real y le había sucedido a Cortázar.

La película fue proyectada recientemente en el cine Ponrepo de Praga en el marco del ciclo “Más allá de las páginas” que organiza la Embajada Argentina.

Desde Buenos Aires Boková revela que lo que más le interesó del cuento es cómo ese futuro escritor se mete en la vida de los otros y, después de muchos años, decide contarlo.

“Yo me identifiqué muchísimo con este problema moral, casi, sobre todo cuando hago documentales porque te metes en la vida de otra gente y yo me cuestionaba hasta dónde podía tomar de ellos sin quedarme con una deuda”.

Para Boková filmar esa película fue algo muy delicado porque sentía que estaba contando también la historia de su padre, un hispanista y traductor literario, un soñador que se ganaba la vida enseñando idiomas y solía rodearse de personajes muy coloridos que, cuando ella era chica, desfilaban por su casa de Vinohrady en Praga.

“Él tenía amigos brasileros, africanos y en Praga eso era algo casi inaceptable en esa época. Visitaban la casa personajes extraordinarios como una vieja condesa que me fascinaba: era chiquita y no sé de dónde la sacó, hablaba una docena de idiomas pero no podía decir una frase, no se le entendía nada, eran siempre personajes muy fuera de lo común”.

A pesar de los buenos recuerdos, Boková cuenta que durante los primeros años de su exilio sentía un gran rechazo por Praga y los checos, a tal punto que no volvió a leer un libro en esa lengua y recién ahora empezó a hacerlo por miedo a olvidarse del idioma.

Siente que sí se enamoró de París y es como si Praga se hubiese disuelto en esa ciudad ya que cuando estaba en Londres sentía tanta nostalgia por la Ciudad Luz que necesitaba, cada tanto, tomarse un avión.

Jana Boková, foto: archivo personal de Jana BokováJana Boková, foto: archivo personal de Jana Boková Jana Boková vive hoy entre Londres, París y Buenos Aires y cuenta que hace muy poco pudo reencontrarse con su país natal gracias a una revelación que tuvo en el norte argentino.

“Estaba en Jujuy filmando el entierro de Carnavalito y hablando con un cacique para que nos ayudara a convencer a la gente de filmar, me habla de mi acento y me pregunta de dónde era. De Praga. ¿De Praga? ¿Pero qué haces acá? ¿Praga? Gustav Meyrink, Golem. Casi lloro, había una conexión inmediata con Praga, se me puso la piel de gallina, me mató”.

Boková no podía creer semejante coincidencia. En un lugar tan lejano del mundo alguien le hablaba de ese libro sobre el gueto judío de Praga que, de chica, la había fascinado. Aun en semejante estado de sorpresa, Boková alcanzó a contestarle a su interlocutor que hay campos magnéticos entre Praga y Argentina.

Justamente después de eso, Boková filmó en 2018 parte de lo que es, hasta ahora, su único trabajo en Praga y también su última película. “Bye bye Shangai”, que también transcurre en Buenos Aires y París. Es un documental sobre personas que, como ella, se fueron del país durante la invasión soviética y eligieron pasar toda su vida en otro lugar. Esa película, en la que Boková hace también un personaje, se presentó en el Festival de Cine de Karlovy Vary.

“Y se proyectó la película también en Ponrepo en el cincuenta aniversario de la invasión soviética el año pasado y, por primera vez, vine por tres días porque me da miedo Praga un poco, me da miedo de que me va a seducir”.

Boková reconoce que, por primera vez desde que se fue del país, en ese momento volvió a sentirse plenamente feliz de estar en Praga y de hablar checo. Y si bien por ahora no tiene en sus planes volver a instalarse sí piensa hacer más proyectos en la capital checa, pasar cada vez más tiempo en la ciudad y, por supuesto, releer “El golem”.

04-12-2019