Una cita con la historia checoslovaca

22-08-2018

Una Cita con los Oyentes especial, en la que los radioescuchas de diferentes partes del mundo comparten con Radio Praga sus recuerdos personales de la invasión a Checoslovaquia por parte de las tropas del Pacto de Varsovia hace 50 años.

Alexander Dubček, foto: YouTubeAlexander Dubček, foto: YouTube Una variante, digamos, más democrática de la ideología socialista, lo que puede parecer un imposible, fue un experimento real en la Checoslovaquia de 1968.

Se trató de la llamada Primavera de Praga, un programa de reformas encabezado por el líder del Partido Comunista de Checoslovaquia, Alexander Dubček. La iniciativa del denominado "socialismo con rostro humano" fue motivo de esperanza y de entusiasmo para Europa.

Se legalizó la existencia de partidos políticos, se reconocieron derechos cívicos y se promovió la libertad de expresión, dándole voz y legitimidad al pueblo en lo concerniente al acontecer político.

"El sueño de Europa se estaba acercando, había una esperanza de paz y de cooperación entre el Oeste y el Este de Europa, justamente por eso que estaba pasando en Checoslovaquia", declara una de nuestras testigos, Petra Dobrovolná.

Foto: ČTFoto: ČT La juventud de las regiones cercanas, por ejemplo de la Alemania Oriental, la llamada República Democrática Alemana, fue una suerte de compañera silenciosa del movimiento, tanto en su florecimiento como en su fin.

La fraternidad de la vecina Alemania

El alemán Bernard Becker y sus compañeros de facultad, admiradores de los ideales de Dubček, el entonces presidente del Partido Comunista, quisieron ver con sus propios ojos el proceso de democratización y vinieron en carro a Checoslovaquia, acampando en diferentes ciudades hasta llegar a Praga.

Su viaje coincidió justamente con el fin de la simbólica primavera. A continuación lo que Bernard Becker nos relata en su carta sobre lo que él y sus compañeros de facultad vieron en su paso por Pilsen y al entrar a la capital checoslovaca:

Foto: František Dostál, Wikimedia Commmons, CC BY-SA 4.0Foto: František Dostál, Wikimedia Commmons, CC BY-SA 4.0 "Llegamos a la plaza justo en el momento en el que del otro lado aparecieron los primeros tanques. Nos compramos una bandera de Checoslovaquia y la pusimos en el carro. En el camino hacia Praga había tanques por todos lados, huelga general, protestas. Llegamos cerca del mediodía a la Plaza de Venceslao. Demonstraciones, soldados rusos, tanques prendidos en fuego, disparos. Sin embargo, había optimismo entre la gente. En el camino de regreso (a Alemania) sacamos la bandera cerca de la frontera y ya en el lado de la Alemania Oriental la volvimos a fijar en el carro. Y decidimos colgar en nuestra universidad los panfletos que nos habían dado los estudiantes en Praga".

La noche del 27 de agosto Bernard Becker y sus compañeros fueron detenidos y castigados con una condena de veintiocho meses en la cárcel de Brandenburgo. El motivo habrá sido la complicidad o, mejor dicho, la solidaridad con los estudiantes de Praga.

Solidaridad en las calles de París

Foto: Archivo Nacional, Wikimedia Commons, Public DomainFoto: Archivo Nacional, Wikimedia Commons, Public Domain Ya para las 5 de la mañana del 21 de agosto la capital checoslovaca estaba tomada por la fuerza militar del Pacto de Varsovia, una cooperación militar de los países del Bloque Soviético. Fue esta la manera de anular el proceso reformista de la Primavera de Praga y la idea de un proyecto comunista abierto.

Mientras que algunos fueron testigos directamente de los hechos, los habitantes de otras ciudades europeas vivieron sus ecos y no de manera indiferente.

Desde París, esto es lo que rememora el francés Maurice Yon del día de la invasión:

Solidaridad en las calles de París, foto: YouTubeSolidaridad en las calles de París, foto: YouTube "El 21 de agosto de 1968 hospedaba en mi casa a una amiga de la escuela que era de Praga. Me acuerdo de lo sorprendida que ella estaba y de sus lágrimas mientras se enteraba al amanecer de la intervención militar del Pacto de Varsovia. En París y en toda Francia la Primavera de 1968 dio también la palabra a miles de jóvenes y ciudadanos deseosos de una sociedad más libre y justa. Yo fui parte de esa celebración y recuerdo que me sorprndió la apertura de la gente hacia los asuntos públicos".

Maurice visitó Praga un mes después de los sucesos y cuenta que el ambiente se sentía a veces un tanto pesado.

"Praga todavía estaba aturdida por la ocupación. En la noche las calles de la colina del Castillo estaban desiertas y mis paseos solitarios en la ciudad eran todavía más misterioros", cuenta Maurice.

Un triste fin para las vacaciones

Foto: Archivo de ČRoFoto: Archivo de ČRo Václav Pisko, checo y residente en Praga, guarda memoria de cómo se veía la calle donde se emplaza el edificio de la Radiodifusión Checa el 21 de agosto del 68.

"Yo pasé por ahí por su edificio y recuerdo haber visto un tanque quemándose, un tranvía volteado, edificios ardiendo en fuego. Los tanques iban terriblemente rápido de arriba hacia abajo, a la Plaza de Venceslao".

En las semanas que le antecedieron a esta triste imagen se sentía en toda Europa un ambiente general de jolgorio. Lo describe el hijo de Michail Michailov, quien recuerda las historias de su padre de aquel verano en Ucrania, concretamente en la península de Crimea.

Foto: Bruno Glätsch, Pixabay / CC0Foto: Bruno Glätsch, Pixabay / CC0 "Todo estaba bien, éramos jóvenes y estábamos contentos. Agosto en Alushta era muy bonito, el mar caliente, un montón de muchachas. Jugábamos voleibol, nadábamos. Sonaban las canciones 'Yesterday', 'A Hard Day´s Night', 'Michelle'… Y en muchos momentos nos pasó por la mente la idea de acercanos a Checoslovaquia e incluso hablamos de eso. Nos levantamos cerca de las 5 a.m. para zambullirnos al agua y en la tienda de campaña de al lado tenían puesta la radio. El conocido moderador Levitan leyó una y otra vez el mismo texto. Algo sobre una ayuda fraternal y compromisos internacionales, en otras palabras, una invasión".

La checa Petra Dobrovolná tenía en 1968 dieciséis años y vivía en Luxemburgo con sus padres y hermano. A principios de agosto hicieron un viaje en carro hacia Rumanía, pues querían pasar las vacaciones en el Mar Negro. Nos describe el escenario con el que la familia Dobrovolná se topó en el camino de regreso a Luxemburgo.

Foto: Archivo Nacional, Wikimedia Commons, Public DomainFoto: Archivo Nacional, Wikimedia Commons, Public Domain "Los rumanos nos dijeron que en la noche había comenzado la invasión a Checoslovaquia y que ellos mismos tenían miedo, pues se habían negado a intervenir. La frontera hacia Hungría estaba cerrada y por eso tuvimos que ir a través de Yugoslavia. En la frontetra entre Yugoslavia y Austria vimos kilómetros de cola, de los carros Trabant con la placa de Checoslovaquia. Las familias, en estado absoluto de desconcierto, estaban allí paralizadas. La invasión las había agarrado de sorpresa en plenas vacaciones. Los que tenían un radio, lo sacaron y lo pusieron en el techo de los carros y así fue como la gente se iba enterando".

Dicen las cifras oficiales que más de cien personas murieron víctimas de balazos o arrolladas por tanques. Si bien la muerte fue un hecho tajante para esas vidas, tal vez igual de duro fue el impacto que la invasión tuvo en aquellos que lo vivieron, ya sea como testigos o porque sus vidas quedaron para siempre en lo personal afectadas.

Agredecemos a todos quienes a través de su correspondencia y desde diferentes puntos del mundo compartieron con nosotros sus memorias más íntimas y personales de ese día histórico.

Muchas gracias y nos sintonizaremos otra vez en la próxima cita. ¡Hasta entonces!

22-08-2018