06-02-2003

En esta edición les ofreceremos dos temas: Los estanques viven en la República Checa su renacimiento ... y... El primer terrón de azúcar de remolacha fue fabricado en la ciudad checa de Dacice.

Renacimiento de estanques en la República Checa

Fue en la Edad Media cuando se registró en el territorio checo el mayor florecimiento de los estanques. Todo indica que en el umbral del tercer milenio los estanques viven su renacimiento.

Renovando los estanques, los alcaldes devuelven a los pueblos una antigua tradición. Los construyen también algunos granjeros y piscicultores quiénes esperan que pronto se les abran más los mercados de la Unión Europea donde la carpa checa será muy solicitada. No cabe duda de que superficies acuáticas más extensas serán provechosas también para el medio ambiente.

En el pasado los estanques ocupaban en las tierras checas una superficie cuatro veces más grande que ahora. Las tierras con estanques no sufrían tantas secas. Además, los estanques almacenaban el agua de las lluvias, disminuyendo el peligro de inundaciones.

En la Edad Media la explotación de un estanque era más rentable que la cocción de la cerveza. A partir de la Guerra de los Treinta Años, en el siglo 17, empezó a disminuir el número de los estanques checos, y a finales del siglo 19 y principios del 20 el cultivo de remolacha azucarera impuso la transformación de muchos estanques en campos. En aquel entonces el cultivo de remolacha era más rentable que la piscicultura.

Los tiempos cambian y los estanques vuelven. Por ejemplo, la empresa Piscicultura, de la comarca de Litomysl, en Bohemia Oriental, renovó en los últimos años una veintena de estanques.

El terrón de azúcar celebra su 160 aniversario

El terrón de azúcar celebra este año su 160 aniversario. Más exactamente, lo celebra la pequeña ciudad de Dacice, en la comarca checa de Jidrichuv Hradec, donde fue fabricado el primer terrón de azúcar de remolacha en el mundo. El dueño de la fábrica de azúcar de Dacice obtuvo la patente en enero de 1843.

Las fuentes históricas indican que la refinería de azúcar en Dacice fue fundada en 1833. El azúcar se comercializaba en aquel entonces en forma de pilones. Los panes cónicos eran hermosos, pero nada prácticos. Partirlos en pequeños trocitos requería mucha fuerza y era, además, peligroso.

El suizo Jacobo Cristóbal Rad, dueño de la refinería de Dacice, caviló mucho tiempo en qué forma fabricar el azúcar. Le ayudó una causalidad o más bien un accidente.

Al partir un pilón de azúcar, la esposa del señor Rad se cortó un dedo. Llorosa, exigió a su marido: "¡Haz algo, eres director!"

Poco tiempo después el señor Rad puso sobre la mesa de cocina una cajita y dijo sonriendo:"Querida, finalmente he cumplido tu deseo". En la cajita se hallaban los primeros 300 terrones de azúcar de remolacha de color blanco y rosa.

Sin embargo, con el tiempo fue olvidada la autoría del invento. Tan sólo en los años 30 del siglo pasado los historiadores comprobaron de manera irrrefutable que el primer terrón de azúcar de remolacha se debe a Jacobo Cristóbal Rad que lo fabricó en la pequeña ciudad de Dacice en 1843.

06-02-2003