Pionero de la pintura abstracta, Frantisek Kupka

Frantisek Kupka, pionero de la pintura abstracta, aprendió el oficio de guarnicionero. Retrató a la emperatriz austro-húngara Sisi, dibujó caricaturas para una revista anarquista, y su primer contrato con un galerista lo firmó a sus 80 años.

"Desde pequeño era un solitario y mi juventud era triste", escribió el pintor Frantisek Kupka en sus memorias. Nació el 23 de septiembre de 1871 en Bohemia Oriental.

A pesar de demostrar talento para pintar, a sus 13 años tuvo que empezar a instruirse en un oficio. Kupka haría sillas de montar, pero afortunadamente el alcalde de su pueblo convenció a su padre para que le dejara estudiar. En otoño de 1889 Frantisek Kupka ingresó en la Academia de Bellas Artes de Praga en el taller de pintura histórica y religiosa.

Después de acabar los estudios en Praga, Kupka pasó varios trimestres en la Academia de Viena. Llamó la atención con la pintura "El último sueño del Heine moribundo". También confeccionó un retrato a la esposa del emperador Francisco José I, Elisabeth de Baviera, llamada Sisi.

París, la meca de los artistas, era la ciudad predilecta de Kupka. Se trasladó a Francia en 1896. En París se ganaba la vida como ilustrador y caricaturista.

Frantisek Kupka, 'Fuga'Frantisek Kupka, 'Fuga' En 1912 Kupka exhibió sus cuadros "Amorfa-Fuga bicolor" y "Cromática caliente", tratándose probablemente de la primera presentación en público de pinturas abstractas. En el mismo año Kupka participó en la exposición común del grupo de pintores cubistas Section d´Or.

Por un lado, el arte de Kupka cosechaba críticas, por el otro admiración. Por ejemplo, el poeta Apollinaire denominó el estilo de dicho grupo como "orfismo". Kupka no le hacía caso ni a lo uno ni a lo otro, permaneciendo individualista y negándose a ser encasillado en alguna línea artística.

Al estallar la Primera Guerra Mundial, Kupka se enroló como voluntario en el ejército francés. Debido a su edad y a problemas de salud, regresó pronto a París. Allí, el futuro presidente checoslovaco, Tomás Garrigue Masaryk, lo nombró presidente de la Colonia de compatriotas checos.

Kupka ayudó a formar una unidad militar checa y bajo el seudónimo de Dalny dibujó carteles, postales y caricaturas de propaganda anti-austríaca. Entre otras cosas, diseñó uniformes y la bandera de las legiones checas.

Frantisek Kupka, 'Catedral'Frantisek Kupka, 'Catedral' Acabada la guerra, Kupka firmó un contrato para trabajar como profesor en la Academia de Praga, pero se quedó en París para ayudar a jóvenes pintores y escultores checos. Por sus manos pasaron, por ejemplo, los pintores vanguardistas checos Jan Zrzavý o Jan Bauch. Los estudiantes lo visitaban en su taller en los suburbios de París, o se reunían con él los jueves en el Café Bonaparte.

En el año 1919 tocó a la puerta del taller de Kupka una persona que introduciría aire fresco a su existencia, el inventor del botón automático, propietario de la exitosa empresa Koh-i-noor y gran patriota, el checo Jindrich Waldes.

Waldes pasó a ser el primer coleccionista de la obra de Kupka. Entre el pintor y el mecenas surgió una profunda amistad. Kupka diseñó para Koh-i-noor la marca de protección: una joven con un botón automático en el ojo.

A pesar del apoyo de Waldes, Kupka se sentía incomprendido y en los años 30 sufría graves crisis nerviosas. En esa época destruyó muchas de sus pinturas.

Una de las escasas señales de reconocimiento que el mundo artístico de entreguerras le brindó a Frantisek Kupka fue la participación en la exposición titulada "Cubismo y el Arte Abstracto", en el Museo de Arte Moderno de Nueva York.

En el año 1946 la galería Mánes de Praga preparó una exposición retrospectiva de la obra del pintor con motivo de su 75 cumpleaños. El gobierno checo compró entonces unas cuarenta pinturas de Kupka, incluyendo la Amorfa.

Sin embargo, no fue antes de los años 50 que la obra de Kupka empezó a despertar un real interés. Entre otros, cautivó a la entonces estudiante de historia del arte y posterior coleccionista y propagadora de la obra de Kupka, Meda Mládková. Al pintor lo conoció personalmente en 1956 en su taller, se compró uno de sus cuadros por un precio muy bajo, y según reveló, al pasar la noche frente a esta pintura escuchó música.

Frantisek Kupka falleció en junio de 1957. Un año después se celebró una exposición retrospectiva de su obra en París. El público checo tuvo la posibilidad de reecontrarse con sus pinturas durante la Primavera de Praga en 1968. En 1975 las pinturas de Frantisek Kupka conquistaron el Museo Guggenheim de Nueva York.