Panorama Checo La etapa checoslovaca de Óscar Domínguez, a exposición en Tenerife

01-12-2016 16:22 | Carlos Ferrer

El pintor surrealista español Óscar Domínguez, una de las grandes figuras de la generación del 27, realizó tres estancias en Checoslovaquia entre 1946 y 1949, pintando más de 220 cuadros. Ahora una selección de 42 de estas piezas checoslovacas se expone en el centro TEA de Tenerife.

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Óscar Domínguez en su taller, foto: Tenerife Espacio de ArtesÓscar Domínguez en su taller, foto: Tenerife Espacio de Artes El canario Óscar Domínguez se encuentra entre los más destacados pintores de vanguardia españoles de la primera mitad del siglo XX, justo por detrás de Pablo Picasso, Salvador Dalí, Joan Miró y Juan Gris. En su trayectoria artística resulta fundamental su llamada etapa checoslovaca, fruto de diversas estancias en Praga, Olomouc y Bratislava entre 1946 y 1949, durante las cuales pinto 224 cuadros, aproximadamente una cuarta parte de toda su producción artística.

Ahora una exposición recoge las 42 obras más destacadas de este periodo en la galería Tenerife Espacio de Arte (TEA), en la capital canaria. La muestra, organizada gracias a la colaboración de entidades públicas españolas, checas y eslovacas, incluye piezas como ‘Frutero y Revolver’, ‘El Comefrutas’ ‘Fertilidad’, ‘La Revolución’ o ‘Cuatro Variaciones de Minotauro’, que nunca se han exhibido en la tierra natal del artista y que suponen excelentes muestras de la riqueza estilística de Domínguez durante esos años posteriores a la Segunda Guerra Mundial.

Una entrada triunfal en Praga

‘La Revolución’ (1947), foto: Tenerife Espacio de Arte‘La Revolución’ (1947), foto: Tenerife Espacio de Arte El idilio de Óscar Domínguez con Checoslovaquia comenzó en febrero de 1946, cuando él y otros siete artistas españoles exiliados en París fueron invitados a una exposición conjunta en la galería Mánes de Praga. La muestra contaba con apoyo público y venía motivada por factores políticos, explica para Radio Praga uno de los comisarios de la exposición en el TEA, el profesor Pavel Štěpánek.

“Fue un poco un asunto político, porque los españoles de París aparecieron bajo el título de artistas de la España republicana. Prácticamente todos eran izquierdistas, y aunque no intervinieron en la Guerra Civil salvo una excepción, o dos quizás, todos se proclamaban republicanos. Por eso los invitó el Gobierno checoslovaco, que en aquella época intentó renovar las relaciones diplomáticas con la República pero en el exilio. Es decir, una situación análoga a la que tuvo que soportar Checoslovaquia en Londres durante la guerra. Entonces después quizás el presidente Beneš quería pagar así su gratitud a Occidente invitando a esos españoles y recibiendo al embajador de España, que le entregó las credenciales”.

La galería Mánes, foto: Barbora KmentováLa galería Mánes, foto: Barbora Kmentová La recientemente restablecida Checoslovaquia de posguerra reconocía al Gobierno republicano en el exilio y negaba legitimidad a la España de Francisco Franco. El gesto tuvo pocas consecuencias políticas pero desde el punto de vista artístico fue todo un acontecimiento. Junto con los artistas llegaron también músicos y cantantes, se realizaron conciertos y numerosos actos, de modo que la capital checoslovaca vivió un intenso mes de cultura española. La exhibición en la sala Mánes fue además todo un éxito, subraya Štěpánek.

Óscar Domínguez (en el centro con cabestrillo) en Checoslovaquia, foto: Tenerife Espacio de ArtesÓscar Domínguez (en el centro con cabestrillo) en Checoslovaquia, foto: Tenerife Espacio de Artes “Hubo bastante venta de sus cuadros, hubo éxito económico, pero sobre todo era éxito artístico porque era prácticamente la primera exposición después de la guerra que venía de París. Es decir, que el arte español sustituía al arte francés contemporáneo. Y como los checos tenían muchos contactos con París antes de la guerra, naturalmente se sentían muy cercanos al arte español, que era también arte parisino hasta cierto punto”.

El exilio español en París era un caldero en ebullición donde se cocía lo mejor del arte vanguardista nacional, además en un escenario de alta proyección internacional. Los artistas invitados a Praga actuaban como embajadores de las tendencias más candentes. El mismo Domínguez, inventor de una técnica de pintura automática conocida como decalcomanía, había ejercido una poderosa influencia por ejemplo sobre el poeta checo Vítězlav Nezval. Estilísticamente, la obra del canario se situaba entonces en la misma onda que la de Picasso, señala Štěpánek.

Foto: Tenerife Espacio de ArtesFoto: Tenerife Espacio de Artes “Domínguez primero fue un, no puedo decir imitador, una persona que se inspiró en la obra de Dalí. Continuó en la estilo daliano hasta el año 1940 más o menos, y luego viene la etapa picassiana, cuando se inspira en Picasso, pero siempre consigue superar una mera imitación y presenta trabajos muy personales, muy propios. Entonces la etapa checoslovaca se incluye en el periodo picassiano”.

Foto: Tenerife Espacio de ArtesFoto: Tenerife Espacio de Artes La amplia repercusión de la muestra permitió a Domínguez entrar en contacto con numerosos artistas locales, darse a conocer, y tender los puentes que más tarde permitirían su regreso al país en varias ocasiones.

“Domínguez personalmente fue una persona sociable, bromista. Entonces tenía mucho éxito entre sus amigos, quienes lo invitaban hasta tal punto de que le prestaban sus talleres, le dejaban en su casa. Incluso también a su mujer, Maud”.

Los felices años checoslovacos

Foto: Tenerife Espacio de ArtesFoto: Tenerife Espacio de Artes La etapa de angustia y vaivenes provocada por el exilio y la guerra en Europa daba lugar de esta manera a una primavera personal y artística en la vida de Óscar Domínguez. El éxito de su primera exposición en Praga le garantizó numerosas ventas, que le proporcionaban un cómodo bienestar material. Los coleccionistas checoslovacos viajaban incluso a París a comprar sus obras directamente de su taller.

Por otro lado, el artista español fue invitado varias veces a exponer en Checoslovaquia y, como en el caso de la exhibición de 1946, aunque trajo algunas obras de París, el grueso de las muestras fue pintado directamente sobre el terreno, a lo largo de estancias de varios meses. De ahí que su etapa checoslovaca sea tan fructífera y haya dado lugar a más de un centenar de lienzos.

Su primera vuelta a Checoslovaquia tuvo lugar en 1947, cuando fue invitado por el escultor Jaromír Šolc, que le organizó una exposición en Olomouc, cuenta el profesor Štěpánek.

Foto: Tenerife Espacio de ArtesFoto: Tenerife Espacio de Artes “Šolc conoció a Domínguez en París, y lo visitaba allí, y viendo que podría, como era muy trabajador, preparar una exposición en Olomouc. Le prestó su taller, la ciudad de Olomouc le pagaba unas dietas. Vino con su mujer. Y en diciembre de 1947 abrió la exposición, que fue toda vendida”.

La misma historia se repitió en Bratislava en enero de 1949, esta vez invitado por el pintor eslovaco Ján Mudroch. Los debates artísticos surgidos en torno a la muestra, en la que se defendían o atacaban las vanguardias, anticipaban el giro cultural que se avecinaba en Checoslovaquia.

“Esta exposición de Domínguez en Bratislava es el canto del cisne del arte moderno porque en 1948 vino el comunismo y con él la teoría del realismo socialista. O sea, lo que era moderno, parisino, no se aceptaba. En Praga y también en Bratislava, aunque menos, había surrealistas. En aquel momento, con la exposición de Domínguez terminó por largos años cualquier intento de presentar una obra viva dentro de los cánones del surrealismo, cubismo, etc.”.

Una obra dispersa

Foto: Tenerife Espacio de ArtesFoto: Tenerife Espacio de Artes El Partido Comunista tomó el poder en Checoslovaquia en febrero de 1948, y poco después, siguiendo lo indicado por Moscú, se desterró el arte de vanguardia a una cuneta cultural y los contactos con artistas extranjeros de este movimiento se convirtieron en gestos sospechosos y poco recomendables. Tras su estancia en Bratislava, Domínguez no volvió al país y después, a tenor de la ausencia de documentación, se supone que no mantuvo relación epistolar con sus amigos y conocidos checoslovacos.

Esta luminosa etapa en la vida del pintor español se cerró y comenzó una nueva, más tumultuosa y marcada por problemas de salud, que desembocó en su suicidio en 1957. Su obra checoslovaca quedó desperdigada por el país, entre diferentes coleccionistas, amigos de Domínguez y entidades públicas.

Pavel Štěpánek, foto: Tenerife Espacio de las ArtesPavel Štěpánek, foto: Tenerife Espacio de las ArtesEn los años 60, con el fin del estalinismo y el imperativo del realismo socialista, Óscar Domínguez y otros artistas vetados por el régimen pudieron resurgir y ser rememorados. El historiador del arte Pavel Štěpánek, que quedó de inmediato fascinado por la obra del pintor canarios, fue uno de los principales responsables de su estudio y recopilación.

En 1986, coincidiendo con el aniversario del 80 nacimiento del artista, organizó la primera muestra en Praga sobre Óscar Domínguez. En 1997 llevó a cabo una segunda exposición, esta vez en Olomouc, 50 años después del gran éxito del español en esta ciudad morava.

Este evento, realizado ya tras la caída del comunismo, consiguió reivindicar al artista y redescubrir numerosas piezas que habían permanecido hasta ese momento ignoradas o medio olvidadas por sus dueños. Decenas de cuadros fueron puestos a la venta y adquiridos por amantes del arte de Suecia, Gran Bretaña, Alemania, España y Suiza, dispersándose así toda la obra checoslovaca de Domínguez, que hasta ese momento estaba concentrada entre Chequia y Eslovaquia.

Surgieron además numerosas falsificaciones, que Štěpánek tuvo el honor de desenmascarar, nos cuenta.

Bicicleta (1947), foto: Tenerife Espacio de ArtesBicicleta (1947), foto: Tenerife Espacio de Artes “Yo en un periodo, cuando me presentaban obras, entre 10 obras que me presentaban para el peritaje, ocho o nueve eran falsas. Ha habido un taller de falsificación que las vendían e inventaban historietas. Incluso imitaban las dedicatorias a las personas que él conocía. Pero en uno de los casos era “al compañero Luis Puchera dedica Domínguez”, y la firma estaba sin la u. O sea, esto corresponde a la pronunciación checa, entonces el falsificador no se dio cuenta de que faltaba la u, cosa que no pudo cometer nunca, ni siquiera borracho, Domínguez”.

A pesar de que muchos cuadros se hallan ahora por toda Europa, lo primordial quedó en Checoslovaquia, asegura Štěpánek. Todas las pinturas de la actual exposición en el TEA de las Islas Canarias son de procedencia checa y eslovaca, y tan solo un cuadro que se hallaba en Bratislava y que no pudo trasladarse debido a su gran tamaño, fue sustituido por dos lienzos que se encontraban en España. La muestra ‘Óscar Domínguez en Checoslovaquia’ permanecerá abierta hasta el 30 de abril de 2017.

El profesor Pavel Štěpánek, catedrático en la Universidad Palacký de Olomouc y profesor en la Carolina de Praga, es especialista en las relaciones entre el arte checo y el iberoamericano. Es autor de por ejemplo 'Picasso en Praga' (2005) y de de la reciente edición comentada en checo de un libro de ilustraciones bíblicas de Salvador Dalí publicado este año por la editorial Luxusní Knihovna.

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