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Joschka Fischer con Benita Ferrero-Waldner, Foto: CTKJoschka Fischer con Benita Ferrero-Waldner, Foto: CTK El primero en "disparar" fue el Primer ministro checo, Milos Zeman, al calificar este lunes la formación de Jorg Haider de "postfascista" recomendando a los austríacos a deshacerse de él lo antes posible.

Según Zeman, el partido de Haider se aprovecha de que la mayoría de los ciudadanos austríacos rechaza la energía nuclear, por lo que la lucha contra la central checa le sirve tan sólo como un pretexto con el que trata de bloquear la entrada de la República Checa en la Unión Europea.

Las palabras de Zeman causaron gran revuelo tanto en el seno del Partido Liberal de Austria como a nivel diplomático. Viena protestó oficialmente y la jefa de la diplomacia austríaca, Benita Ferrer-Waldner, subrayó que con dichas declaraciones, el presidente del Ejecutivo checo se inmiscuye en los asuntos internos de Austria.

El portavoz del Gobierno checo, Libor Roucek tampoco escatimó palabras fuertes en su reacción a lo declarado por Benita Ferrer-Waldner:

Jorg Haider, Foto: CTKJorg Haider, Foto: CTK "En lo que a la supuesta intervención se refiere, se puede decir que por el contrario, Austria interviene en los asuntos internos checos mediante la actual recogida de firmas organizada por los simpatizantes de Jorg Haider".

Más explícito fue el presidente de la Unión Democristiana-Partido Popular checo, Cyril Svoboda, al señalar que "en los discursos de Jorg Haider referentes a la República Checa palpita el espíritu de los discursos de Adolfo Hitler".