A Toda Marcha El padre de Libuše Verbíková fundó la primera orquesta de la colonia checa en el Chaco argentino

19-09-2008 15:02 | Andrea Fajkusová

Viven lejos de la República Checa, muchos ni siquiera la han visitado y la conocen sólo de historias y fotos, pero quieren el país de sus orígenes a veces más que los nativos. Los integrantes de la colectividad checa en el Chaco argentino conservan el idioma y las tradiciones de sus padres que después de la Primera Guerra Mundial abandonaron los campos de Bohemia y Moravia y cruzaron el océano en búsqueda de una vida mejor. El encuentro con ellos enseña a uno qué significan las palabras “amar a su patria”.

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Libuše VerbíkováLibuše Verbíková “Los familiares de mi padre llegaron en el año 1923, llegó la familia Verbík, Antonio Verbík y María Franta de Verbík, con diez hermanos, eran todos músicos, solteros, y se radicaron en una zona del Chaco argentino. Los primeros tiempos eran agricultores, sembraban algodón. Los comienzos sí, como ellos contaban, no eran muy halagüeños porque no había nada más que demasiadas tierras que les facilitaba el gobierno para que pudieran trabajarlas. Pero fueron muy trabajadores e iban formando sus familias, comprando sus tierras en forma particular e independiente y así se iban haciendo sus pequeñas localidades”.

Así empieza su relato Libuše Verbíková, que hoy reside en la ciudad de Corrientes. La historia de su familia se parece a la de muchos otros compatriotas checos radicados en el Chaco argentino.

“Mi mamá llegó soltera acompañando a una hermana casada cuyo esposo ya llevaba varios años en Argentina. Vino tan sólo para acompañarla, para conocer América y luego volver, pero se enamoró de mi papá y nunca más volvió”.

El papá de Libuše Verbíková y sus hermanos formaron la primera orquesta de la ciudad de Presidencia Roque Sáenz Peña, la Orquesta Verbik.

Libuše VerbíkováLibuše Verbíková“Contaba una anécdota que cuando ellos vinieron el maestro de una escuela los escuchó tocar y los invitó a una fiesta patria argentina a tocar el himno nacional. Ellos le dijeron que si les traía la partitura que sí lo harían. Y tocaron y fue la noticia de todo el pueblo, de toda la colonia, porque ya tenían una orquesta que tocaba el himno argentino”.

Después se integraron a la orquesta otras familias y pasó a ser la Orquesta Vodka-Verbik. Los músicos tocaban piezas checas, introduciendo sucesivamente algunas argentinas. Sus hijos, como Libuše Verbíková, aprendieron a bailar la polka y el vals, y también a cantar e incluso recitar en checo.

“Los domingos cuando mi papá y mi mamá tenían tiempo nos enseñaban y teníamos que recitarles las poesías, todavía recuerdo algunas. Voy a tratar de recitarle una, se llama Malí gratulanti (Felicitantes pequeños)”.

Libuše Verbíková agrega que en su casa siempre se han practicado las costumbres tradicionales checas. En la Navidad, los niños visitaban a los vecinos, cantaban villancicos checos y recibían un pequeño aguinaldo, algún dulce o un poco de dinero, lo cual les gustaba mucho. Durante las fiestas de Pascua, cocinaba con su abuela huevos y los pintaba. Cuando tiene invitados, le dicen que se nota que procede de Europa porque tiene toda la casa arreglada a lo europeo.

Cena con la colectividad checa de ResistenciaCena con la colectividad checa de ResistenciaNo todos los checo-argentinos pudieron visitar la tierra natal de sus antepasados, a Libuše Verbíková se le cumplió el sueño.

“Nosotros somos seis hermanos, cuatro mujeres, dos varones, los últimos mellizos. Así que éste era el motivo por el cual mi mamá no pudo volver porque mi abuelito pedía que fuera a visitarlos, no pudo, éramos muchos, no podía dejarnos, así que nunca tuvo la posibilidad de volver. Pero nosotros le decíamos, mira, mamá, vos no volviste, pero nosotros vamos a ir a conocer donde naciste. Y efectivamente, la emoción que tuvimos al bajar del avión, al pisar la tierra de nuestros padres fue grande. Y de ver el lugar donde nacieron… Fuimos a Boršice, todavía está la capilla, que mi papá tenía la foto de su primera comunión, la escuela, una fábrica donde trabajaba mi mamá, también fuimos a visitar. Así que todo eso para nosotros era muy importante, muy lindo, lo disfrutamos mucho. Anduvimos de pariente en pariente, y es muy lindo aunque es la primera vez que se vean. Nosotros decimos: la sangre llama, y es verdad. Porque la emoción que a uno le produce encontrarse con un ser querido que lo conoció sólo en fotos, que lo conoció como una historia de un cuento es realmente emocionante”.

Hasta aquí Libuše Verbíková de la colectividad checa que vive en el Chaco argentino.

Foto: www.checomacoco.cz

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