La reina de la gimnasia mundial, Vera Cáslavská, conoció triunfos y tragedias

La protagonista de esta edición es Vera Cáslavská, reina de la gimnasia deportiva mundial en los años 60 y mujer con un dramático destino. Por su apoyo al proceso democratizador de la Primavera de Praga de 1968 fue marginada durante veinte años por el régimen comunista.La trayectoria de Vera Cáslavská ha sido muy marcada por los vaivenes de la suerte.

Vera Cáslavská, foto: Ron Kroon / Anefo, Creative Commons 3.0Vera Cáslavská, foto: Ron Kroon / Anefo, Creative Commons 3.0 Vera Cáslavská es, juntamente con el fondista Emil Zátopek, la más célebre figura de la historia del deporte checo.

Cáslavská ganó en gimnasia deportiva diez medallas olímpicas. De ellas siete de oro y dos de plata. La gimnasta checa fue cuatro veces campeona del mundo y 11 veces campeona de Europa.

Vera Cáslavská nació en 1942 en el seno de una familia de cuatro hijos. De niña fue bastante traviesa y quizás más impetuosa y espontánea de las demás chicas. Frecuentó un curso de ballet en el Teatro Nacional de Praga y practicó el patinaje artístico. Fue tan sólo a los 15 años que empezó a dedicarse a la gimnasia.

Gracias a su perseverante carácter, la joven gimnasta conquistó dos años después el título de campeona de Europa en barra horizontal.

Al prepararse para los Juegos Olímpicos de Tokio 1964, Vera Cáslavská pasaba ocho horas diarias en el gimnasio y durante los entrenamientos realizó 4 mil 320 saltos.

Con sus gráciles y precisos movimientos, Cáslavská compuso en Tokio un poema gimnástico, conquistando tres medallas de oro en gimnasia deportiva. Electrizó al público de las Olimpíadas con audaces piruetas en la barra horizontal y hechizó a los espectadores con sus ejercicios a manos libres que ejecutó al son del poema sinfónico Vltava, de Federico Smetana.

Vera Cáslavská, foto: Ron Kroon / Anefo, Creative Commons 3.0Vera Cáslavská, foto: Ron Kroon / Anefo, Creative Commons 3.0 Cuando faltaban algunas semanas para los Juegos Olímpicos de México, Checoslovaquia fue invadida el 21 de agosto de 1968 por las tropas del Pacto de Varsovia. La invasión fue llevada a cabo para aplastar las reformas democráticas de la Primavera de Praga.

En verano de 1968 Vera Cáslavská había suscrito el manifiesto "Dos mil palabras", redactado por el escritor Ludvík Vaculík. El documento exigía que las reformas en Checoslovaquia avanzasen más rápidamente. Con la firma Cáslavská asumía un compromiso político que iba a marcar profundamente su vida.

En vísperas de las Olimpíadas de México la deportista tenía presente que su eventual triunfo supondría un inestimable aliento al pueblo checoslovaco, humillado por la ocupación soviética.

Vera Cáslavská triunfó en las Olimpíadas de México. En el abarrotado Auditorio Nacional sonó cuatro veces el himno nacional checoslovaco que la gimnasta escuchó en el podio con lágrimas en los ojos.

Antes de cada competición, Vera Cáslavská acariciaba en la villa olímpica de México su vestido de novia. A los 26 años estaba decidida a abandonar el deporte de alta competición, casarse y tener hijos.

La boda de Vera Cáslavská con el atleta checo Josef Odlozil, en la Catedral en el Zócalo de la Ciudad de México, fue muy aparatosa. Cien mil personas acudieron para asistir a la ceremonia nupcial.

Al regresar a Checoslovaquia, Vera Cáslavská fue recibida como la reina de la gimnasia y como gran símbolo de que la Primavera de Praga no se marchitaría. La gimnasta regaló las réplicas de las cuatro medallas de oro conquistadas en México a cuatro máximos representantes del proceso democratizador de la Primavera de Praga, encabezados por Alexander Dubcek.

Vera Cáslavská estaba en el punto culminante de su carrera, siendo elegida en 1968 como la mejor deportista mundial y la segunda mujer más popular del planeta después de Jacqueline Kennedy.

Vera Cáslavská, foto: Ron Kroon / Anefo, Creative Commons 3.0Vera Cáslavská, foto: Ron Kroon / Anefo, Creative Commons 3.0 Y de repente se produjo un dramático viraje en la vida de la deportista checa. El recrudecimiento del régimen comunista en Checoslovaquia, que se inició en 1969, precipitó a Vera Cáslavská a la marginación. Durante 40 interrogatorios las autoridades comunistas instaron a Vera Cáslavská a retirar su firma del manifiesto democratizador "Dos mil palabras".

Pero a pesar de una atroz presión Cáslavská no revocó su firma. Como represalia, durante cinco años no pudo encontrar trabajo. En 1974, gracias a la valentía personal de los directivos del club Sparta de Praga empezó a entrenar clandestinamente a las gimnastas adolescentes. Siempre que acudían a las instalaciones del club visitantes oficiales, Cáslavská debía esconderse.

A finales de los 70 el presidente de México, López Portillo, solicitó oficialmente a las autoridades checoslovacas que Vera Cáslavská entrenara a las gimnastas mexicanas. La deportista trabajó en México de 1979 a 1981 con su marido Josef Odlozil que entrenaba a los atletas mexicanos. Cáslavská ganó popularidad con su programa televisivo "Haga gimnasia con Vera".

Durante la estancia en México se deterioraron las relaciones de Vera Cáslavská con su marido. El matrimonio acabó por divorciarse.

Cuando llegó en noviembre de 1989 la Revolución de Terciopelo, Vera Cáslavská pudo salir de su marginación que duró veinte años. El presidente Václav Havel la escogió como su asesora para los asuntos sociales y el deporte. Fue elegida presidenta del Comité Olímpico nacional.

En 1993 se abatió sobre Vera Cáslavská una inesperada y cruel tragedia familiar. Su hijo Martín hirió en una riña a su ex marido Josef Odlozil de tal modo que éste fallecía un mes después. El joven fue condenado a cuatro años de prisión, pero benefició de un polémico indulto del presidente Havel.

Vera Cáslavská, atormentada por el drama familiar, cayó en un abatimiento síquico del que no logró sacarla ni la elección al Comité Olímpico Internacional. En 2001 renunció a este cargo, retirándose definitivamente de la vida pública.