La cervecería U Medvídků, el osito que renació de sus cenizas

Hotel, restaurante y minicervecería. Estos tres rasgos unidos en un único establecimiento caracterizan a U Medvídků, que fabrica su propia cerveza desde el año 1466. También es conocida por fabricar la cerveza con el grado de sacarización más elevado del mundo, la X-Beer 33.

U Medvídků,  foto: Ondřej TomšůU Medvídků, foto: Ondřej Tomšů Cerca de la Avenida Nacional de Praga, en la calle Na Perštýně, se encuentra una de las cervecerías con más solera de la ciudad de Praga. Bajo el peculiar nombre de U Medvídků, los Ositos en español, este establecimiento fabrica cerveza desde el año 1466, según los documentos que se conservan. Se trataba entonces de una fábrica de cerveza donde no servía comida ni bebida al público. Su nombre lo recibió de uno de sus primeros propietarios, Janov Medvídek, y durante un tiempo se llamó también U Černého Medvěda, es decir, El Oso Negro.

Los cambios traídos con la revolución industrial forzaron sin embargo una nueva concepción del negocio, que en 1898 abrió sus puertas ya como restaurante, nos cuenta el encargado, Vladimír Jančo.

“Sucedió que en las Tierras Checas, entonces en Austria-Hungría, estas pequeñas cervecerías ya no eran competitivas. Había llegado la época de las cervecerías industriales. Así que el establecimiento cerró y todo el edificio se transformó en un gran restaurante”.

Vladimír Jančo, foto: Ondřej TomšůVladimír Jančo, foto: Ondřej TomšůPor su ubicación cerca de una de las principales arterias de la Praga de principios del siglo XX y el buen hacer de sus propietarios, la familia Vendulák, U Medvídků pronto se convirtió en uno de los bares más frecuentados de la capital checa. A eso ayudaban sus amplios espacios y el buen estado de conservación de sus elementos góticos y renacentistas.

Entre sus clientes habituales figuraban el político František Ladislav Rieger, el escultor Josef Václav Myslbek y algunos más, señala Jančo.

“Sin duda aquí acudían clientes famosos, escritores como Karel Čapek o artistas contemporáneos. Destaca el escritor Jaroslav Hašek. En una de sus biografías se mencionan sus visitas al restaurante U Medvídků. Han pasado por aquí también estrellas de cine de ayer y hoy, como Jean Claude Van Damme. No vienen solo turistas y grandes personalidades, sino que el bar es conocido sobre todo porque vienen clientes checos”.

Decadencia y renacimiento

Sin embargo la llegada del Partido Comunista al poder en Checoslovaquia le sentó mal a U Medvídků, que entró en decadencia, explica Vladimír Jančo.

“En los años 50 el edificio fue confiscado por el régimen comunista sin compensación de ningún tipo. A partir de ese momento se puede decir que todo el edificio comenzó a convertirse en una ruina. No se invirtió nada en él. Por eso cuando en el año 1989 a la familia Mareček le fue devuelto todo el edificio, este se encontraba en un estado catastrófico. Necesitaba una restauración completa”.

El nuevo concepto de establecimiento que comenzó tras la remodelación y la nueva gestión iniciada en 1994 se basa en la división de U Medvídků en tres negocios diferentes pero conectados entre sí.

U Medvídků, foto: Ondřej TomšůU Medvídků, foto: Ondřej Tomšů Uno de ellos es un hotel de 45 habitaciones, que aprovecha al máximo el encanto histórico del edificio y que se nutre del atractivo de poder alojarse en el seno de un renombrado restaurante. El segundo es una pequeña fábrica de cerveza, continúa Jančo.

“En la parte posterior tenemos una minicervecería donde mostramos a la gente como se hace la cerveza en la actualidad, con técnicas que ya casi no se utilizan como el enfriamiento en tamices especiales, cubas de levadura abiertas o barriles de madera para el reposado. Organizamos allí clases de cocción de cerveza a las que se apunta gente de todo el mundo. Pero esta producción propia, que es de unos 400 hectolitros, no nos cubre el consumo total que tenemos. Por eso la cerveza que hacemos se vende solo en la cervecería y aquí abajo en el restaurante vendemos Budvar”.

El restaurante, por su parte, tiene 500 plazas y una fama que lo hace atractivo no solo para el turismo, insiste Jančo, sino también para la clientela local, más conocedora de la comida y bebida checa.

U Medvídků, foto: ŠJů, Wikimedia CC BY-SA 3.0U Medvídků, foto: ŠJů, Wikimedia CC BY-SA 3.0 “La gente vuelve, cuando voy al restaurante y me pongo a hablar con la gente reconozco a los clientes, o ellos me reconocen a mí. Es una publicidad que va de boca en boca. La gente dice que en nuestro restaurante el ambiente es agradable, el servicio fue decente, la cerveza es buena, la comida también, y que tras varios años han vuelto a visitarnos. Eso es bueno y me gusta escucharlo”.

El detalle que pone punto final a este osito cervecero es el orgullo de fabricar la cerveza más fuerte del mundo, al menos desde uno de los puntos de vista que se utilizan para valorarlo. Se trata de la X-Beer 33.

“Hablamos de la cerveza más fuerte del mundo en cuanto a sacarización. No hablamos de contenido alcohólico. Por su fermentación natural esta cerveza tiene un contenido de alcohol como el vino, alrededor de 12,7%, y grado de sacarización 33. La considero una cerveza pesada, más bien para postre. Es muy complicada de preparar. Solo por curiosidad, fermenta en barriles de roble durante medio año, tenemos que cuidar de ella mucho tiempo. Es una cerveza exclusiva y por eso la tenemos permanentemente vendida”.

Para su fabricación se usa malta de Pilsen y malta caramelizada en la máxima cantidad posible, haciendo uso de métodos tradicionales. No se recomienda una ingesta excesiva de esta bebida. La alta cantidad de alcohol y azúcares, junto a la abundancia de lúpulo, hace que la bebida suba rápidamente a la cabeza. Por ello se recomienda tomar entre uno y dos decilitros por sesión.