La Navidad en Praga desde el siglo XIX hasta nuestros días

'Tradiciones y oficios desde el Adviento hasta la Candelaria' es el título de la exposición que ofrece el Palacio de Ctěnice, en el norte de Praga, sobre las tradiciones navideñas. Esta Nochebuena emprenderemos un viaje retrospectivo desde el siglo XIX hasta la actualidad.

Foto: Martina SchneibergováFoto: Martina Schneibergová La mayoría de las tradiciones navideñas tienen sus raíces en el siglo XIX. A través de decenas de artefactos, fotografías y recuerdos de testigos, la exposición navideña del Museo de la Ciudad de Praga capta el ambiente y el ocio navideño de las familias praguenses desde el siglo XIX hasta la primera mitad del siglo XX.

La comisaria de la exposición, Radka Šamanová, acercó a Radio Praga el comienzo de los festejos navideños en la capital checa.

“La Navidad se iniciaba a principios de diciembre con el mercado de San Nicolás instalado en la Plaza de la Ciudad Vieja en Praga. Permanecía abierto hasta la Nochebuena y representaba el centro de todo los acontecimientos navideños en Praga”.

El mercado de la Plaza de la Ciudad Vieja se sigue celebrando hasta la fecha y es el más grande y conocido del país.

Foto: Martina SchneibergováFoto: Martina Schneibergová Mientras los ciudadanos regresaban de las misas “Rorate”, celebradas en la madrugada bajo la iluminación de las velas en honor a la Virgen María, los primeros comerciantes ya llegaban al mercadillo para vender castañas y papas asadas, alimentos muy populares entre los praguenses.

No faltaban golosinas, frutas secas, limones y naranjas, alimentos exóticos para los checos en aquel entonces. Se vendía juguetes de madera, papel o masa de harina, nacimientos y teatros tallados en madera con marionetas de diablos o de San Nicolás.

Una parte esencial de los festejos consagrados a San Nicolás eran desfiles de máscaras, que recorrían las casas cantando y obsequiando con dulces a niños buenos, y con carbón a los desobedientes.

Las dificultades y alegrías de la nieve

Radka Šamanová, foto: Martina SchneibergováRadka Šamanová, foto: Martina Schneibergová A diferencia de la actualidad, la capital checa se cubría en el siglo XIX de nieve. Las nevadas eran tales que el entonces recientemente instalado tranvía de tracción animal no podía en ocasiones salir de la cochera.

También los peatones vivían en invierno muchas aventuras, señala Radka Šamanová.

“Muchos praguenses recuerdan que a finales de noviembre la ciudad solía estar completamente cubierta de nieve. Los barrenderos la amontonaban siempre a un lado de acera, lo que resultaba una complicación para todos los que querían cruzar la calle. La gente tenía que saltar, lo que era una dificultad sobre todo para las señoras con trajes y faldas”.

Náplavka, el centro de la vida social en invierno

Los patines históricos, foto: Martina SchneibergováLos patines históricos, foto: Martina Schneibergová La nieve no traía sólo problemas, sino también alegrías. Los niños se entretenían en la calle luchando con bolas de nieve, se deslizaban en trineos o construían muñecos de nieve.

Igual que hoy día, un importante centro de la vida social praguense era la Ribera de Rašín (Rašínovo nábřeží), conocida entre los ciudadanos como Náplavka.

Mientras que hoy se anima en los días calurosos, en el siglo XIX la gente se reunía en la ribera en invierno para patinar en el río Moldava congelado.

Decenas de patinadores se daban cita para practicar su afición al ritmo de música de organilleros y tomar cervezas o té que se vendían en kioskos la ribera.

El patinaje en el río Moldava se fue acabando con la llegada del siglo XX, cuando el hielo estaba cada vez más delgado. Desde la construcción de la presa Orlík a mediados de los años cincuenta el río apenas se cubre de hielo.

Vánočka, kuba o pastas de chicharrones

Pastas de chicharrones, foto: archivo de Radio PragaPastas de chicharrones, foto: archivo de Radio Praga En el Museo del Palacio de Ctěnice es posible visitar una cocina típica praguense del siglo XIX, tiene todo lo indispensable para la época.

Con la llegada del mes de diciembre de daba inicio a la elaboración de pastas navideñas, apunta la comisaria.

“Los dulces navideños aparecieron en las cocinas checas en el siglo XIX. Esto se debe por un lado al desarrollo del sistema de calentamiento y hornos a precios más asequibles, y por otro, resultaba más fácil conseguir ingredientes como azúcar y diferentes especias”.

Las familias cuyos bolsillos no alcanzaban para comprar azúcar se contentaban con trozos de fruta endulzada con miel o pastas de manteca o de chicharrones.

El dulce más característico de la Navidad checa es la “Vánočka”, un bollo de masa dulce trenzada, lleva frutas secas y almendras. En el siglo XIX, en cada familia había al menos tres: dos preparadas por amas de casa y la tercera como regalo del panadero, quien agradecía de esta forma la fidelidad a sus clientes.

Vánočka, foto: Martina SchneibergováVánočka, foto: Martina Schneibergová La cena de Nochebuena constaba de entre siete y nueve platos cuyo contenido dependía del presupuesto familiar. Cumpliendo las reglas del ayuno, habitualmente no se servía carne, y según la tradición se debían degustar todos los cultivos que había traído ese año.

Uno de los platos fuertes más comunes era “Kuba”, una mezcla de granos pelados, setas secas y ajos. Se servían también purés de grano de mijo, sémola, guisantes y lentejas, que simbolizaban la riqueza.

Las familias adineradas cenaban carpa, un pescado que forma parte del menú de Nochebuena hasta nuestros días. Mientras que en la actualidad se suele servir frita, en el siglo XIX se preparaba a lo azul, es decir, cocida con verduras, especias, vinagre o vino blanco. Los que preferían platos dulces, la preparaban a lo negro, acompañada con salsa hecha de ciruelas, pan de jengibre y cerveza negra.

Los dulces eran también otros platos fuertes navideños, como “Knedlíky” con frutas, es decir bolas de masa de harina rellenas con ciruelas, o “Pučálka”, puré de guisantes endulzado con miel.

Štrúdl, foto: Štěpánka BudkováŠtrúdl, foto: Štěpánka Budková De postre se servían obleas untadas de miel o asadas con ajos y perejil. Cada vez más popular se volvía el “Strudel” de manzana, un rollo de hojaldre originario de Austria. Tradicionalmente se consumía pan de jengibre, una delicia elaborada de harina, miel y diferentes especias, que se moldeaban en diferentes formas y figuritas.

Además de postre, el pan de jengibre sirve en muchas familias también para fabricar adornos para el árbol de Navidad, entre otra decoración, aproxima Radka Šamanová.

“En aquel entonces, las familias praguenses ya tenían en sus casas árboles de Navidad. Esta costumbre llegó desde Alemania a principios del siglo XIX. El árbol se decoraba con velas instaladas en grapas metálicas y con adornos hechos de materiales naturales, como nueces, frutas secas, pan de jengibre o masa de harina. En los años treinta del siglo XX apareció la tendencia de adornos de cristal y de perlas de vidrio”.

Los nacimientos prohibidos

Los hogares checos se decoraban asimismo con ramas de coníferas, cabezas de adormideras, adornos elaborados de paja y papel y nacimientos hechos de madera, papel, vidrio e incluso de azúcar.

El primer belén fue instalado en las Tierras Checas en 1562 por la Orden Jesuita en la Iglesia de San Clemente en Praga. Según las fuentes históricas se trataba del primer belén montado en Europa Central.

Los nacimientos llegaron a los hogares checos en el siglo XVIII, después de que el emperador José II de Habsburgo prohibiera instalarlos en espacios públicos, considerando “esta forma de conmemoración al Niño Jesús indigna e infantil para la Iglesia”.

Pesebre de Třebechovice, foto: Barbora NěmcováPesebre de Třebechovice, foto: Barbora Němcová Esta orden causó que muchos nacimientos acabaran destruidos. Los ciudadanos no renunciaron a esta tradición y elaboraban sus propios nacimientos caseros. Tras la muerte del emperador José II de Hasburgo, la prohibición cayó en el olvido y los belenes regresaron a las iglesias y espacios públicos.

Uno de los pesebres checos más famosos fue construido en el siglo XIX por el tallista checo Josef Probošt en el municipio de Třebechovice. Esta joya de siete terrazas y compuesta de más 2.000 piezas, puestas en movimiento por un solo mecanismo, fue en 1999 declarada Monumento Cultural Nacional de la República Checa.

Una extensa colección de pesebres fabricados de diferentes materiales, desde cera, azúcar o incluso pan, se puede ver en el Museo de Karlštejn, situado a 30 kilómetros de Praga.

El más popular es el belén de marionetas que con unos 80 m² es el más grande de la República Checa. Las escenas de los Evangelios se desarrollan en el mismo castillo de Karlštejn en compañía de 46 marionetas.

Desde sobornos hasta el ocio

Foto: Martina SchneibergováFoto: Martina Schneibergová Las primeras notas sobre la costumbre de los regalos navideños en el territorio checo se remontan al siglo XV. No obstante, en esos días tenían frecuentemente forma de sobornos para los funcionarios.

A lo largo del siglo XIX se fue consolidando la costumbre de dar regalos a los familiares y amigos. Mientras que en los países anglosajones es Santa Claus quien trae los regalos, en Chequia es el Niño Jesús.

Su culto llegó a las Tierras Checas también desde Alemania, como contrapeso al culto de San Nicolás, propugnado en el siglo XIX por la Iglesia Papal.

Radka Šamanová revela cuáles eran los regalos más habituales de esos días.

“Los regalos típicos para los hombres eran pipas y cigarreras. Por su parte, las mujeres encontraban debajo del árbol telas para coser o manguitos. Los niños de las familias pobres recibían muñecos hechos de frutas secas u otros juguetes de fabricación casera, mientras que los regalos para los niños de familias adineradas solían ser caballos balancines, teatros infantiles, marionetas, muñecas y soldaditos de plomo, estaño y aluminio”.

Foto: Martina SchneibergováFoto: Martina Schneibergová Los regalos se colocaban debajo de los árboles navideños sin envolver y sin etiquetas para que cada uno buscara el suyo. Los varones regalaban anillos de compromiso a sus novias para demostrarles su amor en estas fechas mágicas.

Durante la Primera Guerra Mundial, los regalos navideños eran más prácticos: ropa, zapatos o solamente pasta de dientes o un trozo de jabón.

Con la creciente prosperidad económica de la Primera República Checoslovaca cambiaron también los regalos; los adultos encontraban debajo de los árboles productos electrodomésticos, equipos para deportes o tabaco y alcohol. Siguiendo la tendencia de pasar las fiestas navideñas en casas de montaña, se regalaban trineos, esquíes y patines.

Los niños recibían muñecas, ositos de peluche, y también el juego de construcción Merkur de fabricación checa, que ha permanecido popular a lo largo de todo el siglo XX y actualmente vive su renacimiento.

Este tipo de juegos técnicos permanecieron populares también durante la época del comunismo, además de juegos de mesa como parchís, palitos chinos o naipes. Por su parte, los adultos se regalabas joyas o perfumes.

Foto: Martina SchneibergováFoto: Martina Schneibergová De acuerdo con la doctrina soviética, era el Abuelo Escarcha el que traía los regalos. No obstante, esta figura del folclore ruso nunca ha podido ensombrecer al Niño Jesús.

Las empresas y gremios solían regalar a sus empleados y clientes calendarios con mucha información útil, aproxima Radka Šamanová.

“Aquí en el museo podemos ver uno del Gremio de Empleadas Domésticas de Praga. Está cubierto con un delantal. Debajo se encuentra un mapa de Praga y un herbario. Cada ama de casa tenía un calendario para el año venidero en el que aparecían historias y anécdotas divertidas, recetas y consejos prácticos en general. Aunque tenemos documentados calendarios similares del siglo XVI, no fue hasta tres siglos después que se pusieron de moda”.

Con el siglo XIX llegó la tradición del envío de tarjetas navideñas, una costumbre que llegó a las Tierras Checas desde Alemania. Hasta la Primera Guerra Mundial, se vendían solamente felicitaciones con mensajesPalacio de Ctěnice escritos en alemán.

“No todas las tarjetas eran de papel. En nuestro museo podemos ver unas fabricadas de bronce. Estaban adornadas con retratos de la Virgen María, el Niño Jesús, de los Reyes Magos o de San Nicolás. Estas tarjetas se repartían también durante los aguinaldos del día de los Reyes Magos”.

A partir de la segunda década del siglo XIX se volvieron populares las tarjetas con dibujos del pintor checo Josef Lada que se caracterizan por retratos líricos con paisajes nevados y costumbres navideñas checas.

Tradiciones navideñas

Al siglo XIX se remontan numerosas tradiciones conservadas hasta la actualidad. La comisaria aproxima algunas de ellas.

La procesión de los Reyes Magos en la ciudad de České Budějovice, foto: Jiří Čondl, ČRoLa procesión de los Reyes Magos en la ciudad de České Budějovice, foto: Jiří Čondl, ČRo “Las costumbres que en la actualidad llamamos de campesinos, eran, por ejemplo, procesiones encabezadas por San Nicolás y aguinaldos durante los días festivos de San Esteban y de los Reyes Magos. El día de la Nochebuena se vertía plomo fundido en el agua para pronosticar el futuro. Después de la cena de Nochebuena, las familias charlaban hasta las once de la noche para dirigirse después a la Misa del Gallo”.

Los checos no frecuentan demasiado las iglesias a lo largo del año, pero el día de Nochebuena los santuarios están repletos. Una de las vigilias más frecuentadas se celebra en la Catedral de San Vito, acompañada con la música del compositor checo de Jakub Jan Ryba.

Muchos praguenses se dirigen también a la Iglesia de Santa Ludmila en la Plaza de la Paz (Náměstí Míru) y a la Iglesia del Sagrado Corazón en la Plaza de Jiřího z Poděbrad. La exposición 'Tradiciones y Oficios del Adviento a la Candelaria' en el Palacio de Ctěnice permanecerá abierta hasta el 4 de febrero de 2018.

Palacio de Ctěnice, foto: Martina SchneibergováPalacio de Ctěnice, foto: Martina Schneibergová Dado que esta sucursal del Museo de la Ciudad de Praga se enfoca en presentar la historia de oficios, artesanía y gremios, la muestra navideña ofrece también una mirada a los oficios vinculados con esta festividad más importante del cristianismo, como la panadería, pastelería, fabricación de juguetes, textil y vidrio.

Los visitantes pueden practicar algunos de estos oficios en talleres que se realizarán todos los sábados del mes de enero. Se ofrecerán cursos de bollería típica del Año Nuevo y delicias del Carnaval o se elaborarán adornos de alambres, entre otras actividades creativas.

Mientras los niños se entretendrán con juguetes de la época, los padres pueden visitar otras exposiciones, dedicadas a la historia del municipio vecino de Vinoř, la revuelta historia del Palacio de Ctěnice o una de las colecciones más extensas del mundo dedicada a la historia de los gremios.

Cada domingo podrán votar y escoger entre cinco canciones que iremos presentando a lo largo de la respectiva semana. (Más)