Especiales Historia del 1 de mayo en Chequia: reivindicación obrera, aclamación al régimen, día de protestas

01-05-2012 03:00 | Carlos Ferrer

En la República Checa no hay ningún día que genere tanta controversia como el primero de mayo. Las connotaciones que sufre son tan variadas como las tendencias políticas de la sociedad checa.En este programa especial haremos un repaso a la historia del Día Internacional del Trabajo en el país, desde su primera celebración hasta la actualidad, y veremos cómo ha evolucionado y ha sido utilizado por diferentes fuerzas políticas.

Chicago 1886Chicago 1886 Como es de conocimiento general, las celebraciones del primero de mayo parten de los sucesos de Chicago de 1886, cuando la policía intervino contra una manifestación obrera en la que se reclamaban ciertos derechos, como la jornada de ocho horas.

Aquel primero de mayo se saldó con varios obreros muertos y una gran cantidad de detenidos. En la reunión de la Segunda Internacional Socialista de 1889 decidieron declarar el uno de mayo como Día Internacional de los Trabajadores, en honor a los llamados “mártires de Chicago”.

Así pues, el primer uno de mayo celebrado por el movimiento obrero fue el de 1890, y como en otros muchos países europeos, también se hicieron actos públicos en el Imperio Austrohúngaro, al que pertenecían entonces Bohemia y Moravia.

Para hacerse una idea del clima de conflicto social que se vivía en las tierras checas a finales del siglo XIX, basta repasar las advertencias de los diarios conservadores antes de la celebración de este primer uno de mayo.

Por ejemplo, Národní Listy decía: “No dejemos que se envenene a nuestros obreros, de los que sabemos que su corazón está lleno de amor al país en el que han nacido, con el veneno del socialismo internacional que nos han mandado de Alemania. Prohíban el primero de mayo. No enseñen a nuestros obreros a hacer el vago”.

Otro periódico, Čech, decía así: “Gentuza comprada por los judíos que en lugar de Dios ha puesto en su trono al judío Marx, y que quiere rapiñar y robar en el primero de mayo. Que la Administración encierre enseguida a estos locos peligrosos para el orden público establecido por Dios”.

Y además un dato: unos días antes del primero de mayo la policía intervino en una manifestación de obreros en Ostrava acabando con la vida de 17 de ellos. El 22 de mayo algo parecido sucedió en Nýřany, con 12 mineros muertos, y 30 heridos.

Ese era el ambiente en el que se desarrolló este primer uno de mayo. Los participantes se jugaban la vida. Y es que para poder manifestarse, los trabajadores tenían que, en primer lugar, faltar a sus puestos de trabajo, es decir, declararse en huelga, actividad prohibida en aquellos años.

Pero a pesar de todo, se hizo huelga y se salió a la calle. La primera concentración praguense del Día Internacional de los Trabajadores se celebró en Střelecký Ostrov (la Isla de los Tiradores). La policía intervino y detuvo a unos 200 manifestantes.

Sin embargo no se lamentaron víctimas, reinó un inesperado orden y la fecha volvió a celebrarse al año siguiente, y al otro. Así hasta que llegó a institucionalizarse.

Hasta el surgimiento de Checoslovaquia, en 1918, las manifestaciones del primero de mayo eran un acontecimiento social protagonizado por anarquistas, socialistas nacionales y socialdemócratas.

La independencia de las tierras checas conllevó el surgimiento del comunismo en el nuevo país, portado por los legionarios checoslovacos que habían luchado en el lado ruso durante la Segunda Guerra Mundial. Desde ese momento la presencia comunista fue clave en la celebración, que se torno más conflictiva.

Aún así, la institucionalización de la festividad ya era toda una realidad, y diferentes fuerzas sociales, no solo el movimiento obrero, aprovechaban la posibilidad de concentrar a las masas para hacer proselitismo político. En la Checoslovaquia de la Primera República también el Partido Alemán de los Sudetes, cercano al nazismo alemán, organizaba sus desfiles del uno de mayo.

En 1938, en la Checoslovaquia previa al Tratado de Múnich, y amenazada por la vecina Alemania, la manifestación del primero de mayo contó con una amplia participación del espectro político checo, que acudió bajo la consigna: “Por la Defensa de la República y contra el Peligro Fascista”.

No fue hasta después del paréntesis de la Segunda República y el Protectorado cuando los actos se revistieron del carácter que tienen en la actualidad para una gran parte de la población checa.

En aquel momento, en 1948, el Partido Comunista acababa de llegar al poder, y la celebración de ese año rompió con la manera en la que se celebraba tradicionalmente, y ya no cambió en casi 50 años, como explica el politólogo Jan Bureš.

“La festividad del primero de mayo durante el comunismo transcurría según un guión prestablecido. Esto significa que en todas las ciudades se realizaban desfiles en los que la asistencia era más o menos obligatoria, sobre todo para los niños. Se desfilaba por delante de una tribuna en la que estaban los representantes locales del régimen. La mayoría se tomaba la asistencia como una obligación, algo que había que hacer para no tener problemas con el régimen”.

Así pues, los actos se convirtieron en una demostración pública de afecto al régimen comunista, orquestada desde arriba a través de las escuelas, institutos, fábricas, oficinas y las organizaciones fieles al Partido Comunista como los pioneros.

Se determinaban las consignas a gritar, los lemas de las pancartas, el orden del desfile, todo. Los miembros del partido responsables de cada una de estas asociaciones o lugares de trabajo tenía que controlar si su gente participaba o no. Había que tener una muy buena excusa para evitar el evento.

De todos los desfiles que se realizaron durante el comunismo, el más importante fue sin duda el de 1968. Estaba en marcha la Primavera de Praga y el régimen había aligerado considerablemente la presión totalitaria de los años precedentes. De hecho el Estado se abstuvo de organizar la celebración.

Según cuenta Jan Moravec en su libro ‘Antiinstrucción’, la participación fue por primera vez voluntaria, y paradójicamente eso hizo que fuera la más masiva hasta entonces. La gente se organizó por su cuenta y el resultado fueron desfiles variopintos y alegres en los que se daba rienda suelta a una libertad de expresión que había sido reprimida durante demasiado tiempo.

Así, Moravec relata que en las pancartas se podían leer lemas ideológicos como “Pedimos la rehabilitación de Cristo”, “Hagan el amor y no la guerra” o “Hus fue alguien” hasta reivindicaciones populares, como “Menos escuelas, más campos de deportes”, “Condiciones igualitarias de trabajo para los panaderos” o “Me gustaría aumentar la población pero no tengo casa y en la calle no tengo tranquilidad para ello”.

Por supuesto, no faltaban las reivindicaciones de mayor libertad política y democratización del país, como rezaban pancartas con los lemas “Pedimos que se disuelva inmediatamente la policía política”, “Pedimos una junta extraordinaria del Partido Comunista” o “Deroguen la ley de censura”.

Pero lo que se gritaba era todavía más directo: “Queremos elecciones libres”, “No queremos una única candidatura” o “Que viva la libertad, que viva la democracia”.

Tan prometedor movimiento popular se aguó tras la invasión soviética. En 1969 las nuevas autoridades comunistas, más fieles a la ortodoxia soviética, prohibieron la celebración por miedo a que sirviera de canalización para una revuelta.

En 1970 se efectuó de nuevo a la antigua usanza, organizada por el aparato del Estado. En Praga el lugar de los desfiles pasó de ser la plaza de Venceslao a la planicie de Letná, de mayor tamaño.

El régimen siguió utilizando el primero de mayo como baño de masas hasta 1989, como explica Bureš.

“Recuerdo que el primero de mayo todo comenzaba con una emisión en directo en la televisión checoslovaca de las celebraciones de Moscú, en la Plaza Roja, y después se pasaba a las manifestaciones en Checoslovaquia y en otros países del mundo comunista. La televisión estaba todo el día transmitiendo imágenes de cómo se celebraba en otros países socialistas. Daba la sensación de ser algo demasiado mecánico, demasiado organizado”.

En 1989, tras la Revolución de Terciopelo, la consiguiente caída del Régimen y la llegada del sistema democrático, las celebraciones del primero de mayo tomaron su forma actual. La fiesta dejó de estar organizada por el Estado y se convirtió en un día de fiesta más.

Ahora, el significado original, de defensa de los derechos de los trabajadores, se encuentra prácticamente perdido y las manifestaciones que se celebran surgen de movimientos políticos extremistas.

De esta manera, los comunistas se manifiestan como forma de continuidad con el régimen totalitario, los neonazis lo hacen para no dejar que los comunistas monopolicen la celebración y los anarquistas salen a la calle como reacción ante los ultraderechistas.

Bureš lamenta este nuevo carácter del primero de mayo.

“En mi opinión es una lástima que la fiesta se haya transformado en un día de protestas. Es verdad que en sus inicios era así, en los años 90 del siglo XIX, pero desde la llegada de la democracia el uno de mayo es una especie de happening político para las fuerzas izquierdistas”.

La causa es una cuestión de visibilidad política, continúa Bureš.

“Me parece que es una ocasión mediática para estas pequeñas organizaciones, ya sean anarquistas o neonazis. Aunque nunca pondría a los dos en el mismo saco. Creo que los anarquistas son mucho más tolerantes y democráticos que cualquier corriente ultraderechista o ultranacionalista. Pero sí que es verdad que estas organizaciones no son vistas demasiado positivamente en la sociedad, no tienen casi ninguna influencia. Y este día, el uno de mayo, es uno de los pocos días en los que pueden llamar la atención”.

De esta forma, las connotaciones actuales del uno de mayo en la República Checa distan bastante de las que tienen en otros países occidentales o de las que tuvo en su origen el Día Internacional del Trabajador.

Estos manifestantes tienen su propia idea de qué valores se ensalzan en este día, como se puede ver en una encuesta realizada por la radiodifusión checa durante las manifestaciones del año pasado. Así expresaba un anarquista el sentido del uno de mayo.

“Es un día de nuestra historia, la de los anarquistas. Siempre ha sido un día en el que hemos intentado parar los pies a los neonazis y evitar que hagan sus marchas”.

Y así opinaba sobre el Día Internacional del Trabajador un militante de extrema derecha.

“Tendría que ser una celebración de todos los que trabajan duro, los que hacen posible que funcione este estado, para que se pueda financiar con su esfuerzo la ciencia, el ejército, la sanidad, y por eso la gente recuerda este día como celebración de la construcción de nuestra patria”.

El caso es que este doble significado, por un lado el heredado del comunismo del Día del Trabajador como un acontecimiento totalitario, y por otro el nuevo, de un día de protestas de agrupaciones extremistas, han hecho que la mayoría de los checos se distancie de las connotaciones políticas de esta festividad.

En lugar de recordar a los que durante años han muerto o sufrido para que los trabajadores disfruten de sus actuales derechos, en la República Checa o bien no se celebra de ninguna manera especial o bien se prefiere la versión romántica del primero de mayo.

Y es que en el país también se celebra este día el amor y la llegada de la primavera, con el tradicional beso del hombre a la mujer que ama debajo de un cerezo en flor, para que no se seque durante el próximo año.

Así pues, mientras los significados políticos van cambiando con el tiempo, el amor y la alegría que da ver el paisaje florido, por muy cursi que pueda sonar, parece que permanece imperturbable.

 

Repetición del 1/5/2010

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